El Gobierno propone una reforma constitucional para prohibir las manifestaciones fascistas

Según el ministro Ángel Víctor Torres, la exhibición de simbología fascista choca absolutamente con lo que es la defensa de la democracia

Hay cosas que nunca verás en otros países de Europa como Alemania, Italia o Portugal: manifestaciones públicas en las que la gente ondea banderas fascistas o vinculadas a algún régimen dictatorial. Y tiene todo el sentido del mundo. Al fin y al cabo, esos sistemas reprimieron brutalmente a sus sociedades y tienen a sus espaldas una cantidad de asesinatos terrible. Su prohibición está justificada simplemente por sentido común. Y ni hablar de por respeto a las familias de las personas que fueron víctimas de su brutalismo. Pero en España sí es legal. Aquí, como vimos la semana pasada con la manifestación falangista, las banderas predemocráticas recorren nuestras calles.

Y esto es algo que el Gobierno quiere cambiar. En concreto, ha declarado el ministro de Política Territorial y Memoria Democrática, Ángel Víctor Torres, que haya grupos fascistas que exhiban públicamente “mensajes de reminiscencia del fascismo choca absolutamente con lo que es la defensa de la democracia”. Porque es la apología de la barbarie. Es la legitimación de un sistema político basado en el autoritarismo y en la discriminación. O empezamos a ponernos serios, y cortamos de raíz estas manifestaciones antidemocráticas, o estaremos permitiendo que se alimente un demonio que no queremos que vuelva a la superficie. Ya sabemos lo que ocurrió hace 100 años.

¿Que por qué se permite en España? Pues porque la Constitución recoge la libertad de expresión y a ella se aferran estas gentes falangistas y franquistas para convertir las calles en un espectáculo bochornoso. Sí, esa mismísima libertad para expresarse que robarían a todos los demás si lograran imponer sus ideas fascistas. Una verdadera paradoja. Una ironía cruel. En este sentido, para poder incluir leyes que prohíban la exhibición de este tipo de símbolos es necesario revisar y actualizar nuestras Constitución, algo que no es fácil puesto que la modificación de esta se encuentra muy blindada. Es algo en lo que deberían ponerse de acuerdo muchos partidos políticos.

Pero no tiene pinta de que la derecha vaya a contribuir a esto. Bajo el lema de que cada uno puede decir lo que quiere, y de un discurso ambiguo en el que se niegan a condenar abiertamente el franquismo, tanto el Partido Popular como Vox harán lo posible para que este cambio constitucional no se produzca. Esa es la realidad. Mientras tanto, se edulcora la dictadura que sufrimos aquí durante casi 40 años y se seduce con discursos falacesa una juventud muy desorientada y frustrada por la falta de futuro prometedor. Es el momento del didactismo. De hablar y explicar. De evidenciar que todo es tolerable menos la intolerancia hacia los demás. Ese es el escudo.

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