La intrahistoria de la cruzada de Erdogan en Turquía contra el colectivo LGTBIAQ+

Su gobierno ha ido adoptando una postura cada vez más radical en favor de la familia tradicional y la criminalización de la comunidad queer

La parte sensata del mundo llora estos días. Lo hace porque, como venimos viendo en los últimos meses, gobiernos de países como Estados Unidos, Burkina Faso, Senegal o Ecuador están inclinándose hacia políticas antiqueer que limitan los derechos del colectivo de una manera u otra. Y ahora Turquía. Sí, en los últimos días, y dentro de la operación turca Mi familia está a salvo del gobierno de Recep Erdogan, más de 160 personas han sido detenidas y 81 permanecen bajo custodia policial por practicar el activismo en defensa de los derechos LGTBIAQ+ o simplemente por ser miembras del colectivo y comportarse según su identidad y orientación sexual. ¿Pero cómo hemos llegado hasta este punto?

La LGTBIAQ+fobia del gobierno de Erdogan viene de fábrica, pero fue a finales del año 2025, según cuenta la periodista Anna Montraveta, cuando la cosa se puso verdaderamente seria: “Se filtró en los medios de comunicación un borrador de la ley de reforma judicial en la que se incluían nuevos artículos que criminalizaban al colectivo y amenazaban sus derechos”. Entre otras cosas, estas modificaciones castigaban las muestras de afecto público no heteronormativas, las terapias de sustitución hormonal y el reconocimiento del género como derecho legal. Por suerte, la presión social hizo que aquella reforma quedara congelada. El activismo había tumbado al odio una vez más. Pero la lucha continuó.

Porque este mismo año el Gobierno de Erdogan proclamó el Año de la Familia, una iniciativa que incluía líneas de ayuda económicas a las parejas jóvenes heterosexuales, festivales orientados a la familia convencional y propaganda dedicada a promover el rol tradicional de la mujer dentro del hogar. Como dijo el propio presidente, para su partido y su gobierno “la familia es sagrada”. Y todo lo que se expande más allá de los márgenes de ese cánon rancio es una amenaza para su ideario político. Por eso, y entre otras cosas, el consejo regulador de la tele turca mantiene “una prohibición de incluir a miembros de la comunidad en las producciones que se emiten en Turquía”, cuenta una experta de cine turca.

Y toda esta violencia normativa ha derivado finalmente en violencia física. La operación Mi familia está a salvo se dedica estos días supuestamente a perseguir la obscenidad. ¿Traducción según Amnistía Internacional? Un término tapadera “para atacar activistas legítimas en defensa de los derechos LGTBIAQ+”. Además de las más de 160 detenciones, están produciéndose bloqueos de cuentas de organizaciones y activistas. Es un silenciamiento en toda regla. Un nuevo intento por acallar las voces de la diversidad. No será fácil: “En distintas ciudades turcas se han organizado manifestaciones contra la represión del colectivo, donde ha habido ataques con gases lacrimógenos hacia los protestantes”.

Mucho ánimo a la comunidad LGTBIAQ+ turca, que no dejará de luchar. La parte sensata del mundo está con vosotros.

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