El 41% de las librerías de Madrid tiene riesgo inmobiliario alto o muy alto
La crisis de la vivienda no es una crisis aislada: es una de las varias consecuencias de la crisis inmobiliaria que atraviesa nuestro país desde mucho tiempo atrás. Y sí, obvio que los ciudadanos, los sindicatos del alquiler y los medios de comunicación ponemos más atención a la vivienda que a otros inmuebles. Al fin y al cabo, es la base mínima de una vida digna. Lo más elemental. El hecho de tener un techo al que regresar. Pero eso no quita que haya otras crisis paralelas que merecen mucha atención. La de los locales comerciales es una de ellas. Y es que la especulación inmobiliaria también se está cebando con los pequeños empresarios y les está empujando hacia la desesperación. Como los del sector librero.
Y no es ninguna conjetura. Lo sabemos porque una encuesta reciente llevada a cabo por la Asociación de Librerías de Madrid a sus integrantes ha revelado datos descorazonadores. Para empezar, ocho de cada diez librerías que sobreviven en la capital no tienen espacio propio y funcionan gracias al alquiler. Esto significa que no tienen full estabilidad ni dependen enteramente de ellas mismas. Hay un casero que también influye de por medio. De hecho, la influencia es dura, porque la encuesta demuestra que solo el 14,3% de las librerías que ocupan espacios alquilados tiene garantizada su continuidad en el local actual. El resto funciona con una especie de espada de Damocles sobre la cabeza.
Eso no es todo. En general, tomando en consideración las librerías que poseen espacios propios y las librerías que alquilar espacios, el riesgo inmobiliario del 41% de las librerías madrileñas es alto o muy alto. Es decir, que tienen verdaderos motivos para estar preocupadas por lo que pueden hacer los dueños de los espacios que ocupan: una subida del precio del alquiler sería mortal para buena parte de estos comercios tan importantes en la ciudad. No solo desde el punto de vista comercial. También desde el punto de vista comunitario. Y es que estos espacios sirven de encuentro entre artistas y lectores y son escenario de todo tipo de iniciativas culturales muy enriquecedoras. Son agentes artísticos activos.
Por todo ello, y como apunta el periodista Guillermo Martínez, las librerías están pidiendo ayuda. Por un lado, al público, a quien animan a acudir a ellas en lugar de consumir en las grandes plataformas digitales que poco o nada aportan a las ciudades. Y, por otro lado, a la propia administración pública. ¿El qué? Pues medidas legislativas que orienten Madrid y sus comercios hacia los ciudadanos que la habitan y no hacia la especulación y la inversión extranjera. En palabras del presidente del Gremio de Librerías, Luis Miguel Tigeras, “cuando se cierra una librería, el barrio pierde un agente cultural que nos ayuda a aprender y a pensar de manera, no sé si diferente, pero sí crítica ante cualquier situación”