¿Por qué solo veo hombres con criptomonedas, pero no veo mujeres?

El machismo se ha trasladado a las monedas digitales y las ha convertido en un símbolo de masculinidad (frágil) 

Históricamente, todo lo relacionado con la economía se ha asociado siempre a los hombres a causa del deje patriarcal y sexista de la sociedad. Ahora bien, con la aparición de las criptomonedas parecía que en Internet se abría un espacio más democrático y con la oportunidad de limar esta desigualdad. Pero, independientemente del ámbito, sea físico o digital, las desigualdades tienen la capacidad de trasladarse y reproducirse. Así está ocurriendo en el mundo de las criptomonedas. ¿No te has preguntado por qué se habla de "criptobros" y no de "criptosisters"? 

Un espacio dominado por hombres

El contenido sobre criptomonedas es infinito: Twitter, TikTok, foros de Reddit, espacios donde solo hace falta echar un ojo para darnos cuenta que la gran mayoría de esos espacios están dominados por hombres jóvenes (y que tienden a querer tener la razón absoluta). Lo mismo pasa si nos fijamos en los asistentes a los eventos relacionados con las criptomonedas. En Estados Unidos, según el Pew Research Center, el 43% de los hombres de entre 18 y 29 años han invertido, comerciado o usado criptomonedas. Se trata del perfil más común frente el 19% de mujeres en la misma franja de edad.

Esta masculinización del ambiente viene en parte dada también porque invertir en criptomonedas ha dejado de ser una operación económica para ser un entretenimiento y una identidad. Este contexto es en el que se ha generado la subcultura de los "criptobro", que, como define irónicamente Urban Dictionary, es “una persona con una compresión débil de las aplicaciones de criptomonedas, pero que ha formado opiniones muy sólidas sobre cuáles son las mejores”. 

Qué hay detrás de los "criptobros"

Un ejemplo de lo que sería un criptobro de manual es el youtuber español Wolverine (Víctor Domínguez). En su canal podemos encontrar vídeos con frases como: “Señores, ¡aquí se invierte con cojones”!, “Aquí se holdea y se holdea con cojones”, “En el mercado de las criptos se entra ya lloraíto de casa”. Esta persona que habla así, cuenta con la friolera de 434 mil subscriptores en YouTube. 

Esta insistencia por “meterle cojones” tiene un tufillo a vestidor de futbol donde todos intentan demostrar que son los más machos. Arriesgarse en las criptos e invertir “con cojones” se han convertido en nuevos símbolos de masculinidad. Son los mecanismos para reafirmar lo que es ser un hombre (hola, masculinidad frágil, again). 

Si invertir en criptos es cosa de machos, por esta lógica, pues no lo pueden hacer las mujeres. Y es así como ligado a este pensamiento también hay una cultura de menosprecio hacia las mujeres en general, y hacia las que se dedican a las criptomonedas, en particular. Se pueden oír algunos discursos que rozan los incel, como por ejemplo este Tiktoker (@rtauler) en el que se recomienda a las chicas que, si quieren ligar con un chico al que le gustan las criptomonedas, lo mejor que pueden hacer es callar y no dar su opinión, a pesar de que ellas puedan saber más del tema que él. 

El ambiente de las criptomonedas lo único que ha hecho es reproducir las dinámicas machistas de los círculos de inversión, que aún siguen muy masculinizados. A pesar de estar hablando de una moneda puramente digital y del siglo XXI, nos encontramos con un ambiente y una mentalidad que es propia del paleolítico.