Por qué a la ultraderecha solo le interesa la Manada de Azuqueca para reforzar su discurso xenófobo

Una niña de 12 años fue violada por seis jóvenes en 2018, pero su caso no trascendió a los medios y las calles

Todos, sin excepción, conocemos el caso de la Manada. En los Sanfermines de 2016 un grupo de jóvenes violó a una joven y su caso se convirtió en muy mediático. De inmediato las mujeres salieron a la calle a denunciar la actuación de la justicia patriarcal y el hecho que fueran hombres trabajando en las fuerzas de seguridad los perpetradores de la violación. De hecho, todxs tenemos una opinión formada sobre este tema.

Sin embargo, el diario El Mundo ha destapado un nuevo caso de una violación en grupo: la Manada de Azuqueca. La víctima, una niña de 12 años, fue violada por al menos seis jóvenes de entre 15 y 20 años, en Azuqueca de Henares (Guadalajara). Estos sucesos pasaron hace un año, el 15 de marzo de 2018, y el proceso judicial (en el cual tres de los violadores, menores, están condenados y uno mayor en prisión) se mantuvo en silencio, fuera del foco mediático.

Según la investigación, que recoge todos los detalles escabrosos, “la sujetaron de manos y piernas y le taparon la boca, la desvistieron de cintura para abajo y comenzaron a violarla analmente uno a uno […] La joven chillaba, pero la Manada prolongó la violación, uno a uno, esta vez vaginalmente. Sus amigos, fuera, escuchaban los gritos de socorro e intentaron entrar. Pero siempre había uno de los agresores amenazándolos con un palo para disuadirles: ‘El que entra, no sale’, decía. La tortura duró 45 minutos, hasta que los agresores la dieron por acabada”.

En cuanto ha sido publicada la noticia, rápidamente se ha convertido en Trending Topic, con muchas personas preguntándose por qué no se había hecho viral antes esta noticia. Los más indignados con el silencio eran aquellos que esgrimían argumentos xenófobos y ultraderechistas. Por ejemplo, un usuario de Twitter aseguraba que esta noticia no había llegado al círculo mediático porque los asaltantes eran personas racializadas (de origen marroquí y nigeriano) y que “en los tiempos de lo políticamente correcto” no se podían denunciar estas cosas para no sonar racista.

Un argumento sin pies ni cabeza que se desmonta rápidamente leyendo la investigación de El Mundo. Si la noticia no se hizo viral fue porque “del suceso, muy comentado entre los escolares del instituto, no se informó de forma oficial nunca”. Aun así, la ultraderecha y sus comentaristas ya están usando esta nueva Manada para atacar a las feministas gritándoles que dónde estaban, acusándolas de callarse porque los agresores eran de origen africano, a pesar de que no sabían la existencia del caso porque la investigación no fue difundida de forma oficial.

Otra de las contradicciones de la ultraderecha en este caso es que, contrariamente a lo que hizo con la Manada original, ya no se presume la inocencia de los agresores ni se culpabiliza a la víctima (recordemos que a ella se le llamó de todo y se aseguró que iba provocando y que se recuperó muy rápido). Como señala un tuitero: “a la Manada de Azuqueca hay que tirarla por un monte, sí o sí. Pero para juzgar a la original teníamos que estudiar la carrera de derecho y haber ejercido 20 años como abogado porque el caso es la hostia de complejo y la tía seguramente una buscona”.

También es digno de mención el doble rasero con la justicia. Cuando las feministas gritaban “justicia patriarcal”, la ultraderecha la defendía a ultranza. Sin embargo, ahora que solo cuatro de los seis agresores han sido condenados, piden que se haga justicia a los violadores. Eso despierta una incógnita. ¿Acaso no era la justicia española un sistema perfecto? Sin duda, estos discursos piden una justicia mucho más agresiva dependiendo del origen del agresor.

En definitiva, escudándose en la denuncia de un caso que hasta ahora había sido silenciado por motivos que no responden a una agenda política, los xenófobos están usando una agresión sexual para defender sus consignas racistas y antifeministas, a pesar de que los colectivos de izquierda no tenían el conocimiento para haberlo denunciado antes.

Contraponiendo los discursos que rodean a ambas Manadas da la sensación que las víctimas de agresión sexual solo le importan a la ultraderecha si pueden servir para impulsar sus discursos. De lo contrario, las víctimas de la violencia sexual son unas busconas, los hombres agresores unas víctimas del acoso y la justicia un sistema ejemplar y nada patriarcal.