Primero Les Trataron Como Dioses De La 'Raza Aria' Y Después Como Hijos Del Diablo

Entre las monstruosidades más grandes que el régimen nazi cometió está lo que la cúpula denominó programa Lebensborn. Este consistía en favorecer que nacieran bebés con las características de lo que se consideraba 'raza aria'. Según la teoría racial defendida por Hitler, esta raza no solo la forman los alemanes, sino que engloba a los austriacos, a los pueblos nórdicos, holandeses, a los flamencos belgas y parcialmente a los anglosajones, a quienes consideraba una especie de primos raciales.

La obsesión de Hitler con la raza es uno de los pilares de su degenerada ideología. Según el historiador americano Timothy Snyder, esta es la característica que más le diferencia de otros dictadores sanguinarios como el soviético Josef Stalin o el italiano Benito Mussolini. Hitler perseguía crear una guerra racial en la que, en último término, el pueblo germánico (ario) se expandiría y se convertiría en una potencia mundial que pudiera desafiar al Imperio Británico y a Estados Unidos.

Para lograr su objetivo, la jerarquía nazi estaba obsesionada con aumentar lo más rápido posible el número de individuos que ellos consideraban 'aptos' para poblar el planeta. Es decir, arios: rubios, altos y con ojos azules. A través de la Liga de Mujeres Alemanas, una organización femenina que apoyaba la subida al poder del nazismo primero y la dictadura de este después, desde 1935 se reclutaron en Alemania a mujeres con características 'arias' para que mantuvieran relaciones sexuales con oficiales de las SS, el cuerpo de élite nazi.

Los miembros de la SS ya eran de por sí seleccionados, en parte, de acuerdo a sus características físicas. Entre otras, debían medir más de 180 centímetros de altura. Así, cruzar a oficiales de las SS con mujeres previamente seleccionadas garantizaría la expansión y supervivencia de la raza.

El programa expropió clínicas de maternidad regentadas por judíos, considerados como enemigos de un mundo dominado por la raza aria, donde las mujeres eran llevadas para dar a luz. El 60% de las que participaron eran jóvenes solteras devotas del régimen nazi que querían ayudar a procrear lo que se consideraban niños perfectos. Tras nacer, los niños eran separados de su madre biológica y entregados a familias de oficiales de las SS. Se calcula que, en Alemania, 8.000 niños nacieron y se criarion bajo estas condiciones.

El programa se extendió a los países considerados arios, sobre todo en Noruega. Allí, el régimen fomentó el apareamiento forzoso entre mujeres noruegas y oficiales alemanes con el mismo fin de aumentar la raza aria. Otros 8.000 vinieron al mundo como resultados de estos cruces raciales. Tras el fin de la guerra, estos niños fueron estigmatizados como hijos del diablo. Muchos de ellos sufrieron acoso, violaciones y fueron internados en instituciones psiquiátricas o deportados.

Además de cruces selectivos, el régimen nazi identificaba y seleccionaba en el frente del Este a aquellos críos que consideraba aptos para la raza. Así, hasta 20.000 niños polacos, ucranianos o rusos fueron secuestrados y llevados a Alemania, donde se les obligaba a olvidar su pasado, su idioma nativo y a su familia. Se les asignaba una familia de las SS, un nombre alemán y se les exigía estar orgullosos de formar parte de la raza aria y contribuir al éxito de Alemania.

Centenares de médicos, enfermeras y voluntarios colaboraron en el programa. Durante los juicios de Núremberg, en los que los crímenes nazis fueron juzgados tras la guerra, se concluyó que miles de niños fueron raptados y que efectivamente existió un programa de cría de bebés arios. El líder del programa, Max Sollmann, y el doctor Gregor Ebner fueron sentenciados por crímenes contra la humanidad. La condena, sin embargo, no cambió la suerte de miles de niños a los que, superado el horror de la guerra, la sociedad consideró como portadores de la semilla del mal.