Polémica en Estados Unidos por los prostíbulos de muñecas sexuales

Una empresa canadiense pretende abrir el primer burdel de sexbots de Norteamérica ante la resistencia de diversos sectores sociales

Los robots sexuales hiperrealistas son una realidad que está generando un complejo debate moral. Ya el año pasado, la apertura del primer burdel de estos juguetes eróticos en Barcelona, Lumidolls, hasta donde nos desplazamos para probar una de sus muñecas, ya despertó muchísimas críticas en nuestro país. Ahora le toca el turno a la ciudad norteamericana de Houston. Según cuenta The Guardian, una empresa canadiense de muñecas sexuales con inteligencia artificial incorporada llamada Kinky S. Dolls pretende abrir un burdel sexbot en la ciudad estadounidense, pero algunos sectores sociales están batallando para impedirlo.

Empezando por el alcalde, Sylvester Turner, que expresó su oposición la pasada semana durante una rueda de prensa alegando que "no es el tipo de negocio que quiero para la ciudad", razón por la cual ha encargado a los departamentos legales y sanitarios de la ciudad que examinen la propuesta. La idea está clara: tumbar el proyecto de Kinky S. Dolls. Y no está solo. La empresa canadiense también tiene en contra a un grupo cristiano contrario al tráfico sexual y la pornografía. La construcción del burdel, de momento y a falta del permiso de obra, está paralizada, según cuenta un portavoz de alcaldía al medio británico.

Pero la resistencia es todavía más amplia. Elijah Rising, una oenegé local antitráfico sexual, inició y logró una petición de firmas en Change.org para "mantener los burdeles robotizados fuera de Houston". Según uno de sus integrantes, David Gamboa, las razones son varias. Por un lado, que "los robots se parecen mucho a la pornografía en el sentido de que cuando los hombres interactúan con ellos les separa de cualquier tipo de relación humana". Y por otro, el temor a que incentive el tráfico sexual con mujeres de verdad: "Esto va a animar a los hombres a reproducir esa tendencia de salir y comprar a una mujer".

No obstante, no existe normativa alguna que prohiba estos prostíbulos. A pesar de todas las oposiciones, Kinky S. Dolls parece decidida a convertirse en la primera empresa norteamericana que ofrece servicios de alquiler de muñecas para adultos. "Estados Unidos es un mercado más grande y más saludable", ha declarado en el Washington Examiner el propietario de la compañía, Tyval Gavriel. Tiene competidoras: una compañía californiana ha creado ya una muñeca sexual hiperralista capaz de citar a Shakespeare. Tecnología y sexo confluyen en armonía. Pero el ingrediente moral continúa despertando muchas divisiones.