Por Qué Obama No Hace Una Paradita En Guantánamo Ya Que Está En Cuba

Ahora parece que todo es perfecto, el vergonzoso muro económico entre Cuba y Estados Unidos se está derrumbando y el presidente Obama se ha ido de visita con Michelle, las niñas y hasta la suegra, para demostrarle al mundo su victoria diplomática. Pero en la misma isla, a unos pocos kilómetros se encuentra también una de sus mayores vergüenzas. Un atentado contra los derechos humanos llevado a cabo por un Estado, que es la cárcel de la base estadounidense de Guantánamo.

Esa a la que los presos van sin cargos y en la que se quedan sin juicios, y que Obama había prometido cerrar en la campaña electoral de su primera legislatura allá por el 2008, pero que todavía sigue abierta cuando está a punto de acabarse su segundo y último mandato en la Casa Blanca.

La base militar de Guantánamo se abrió tras la derrota en la guerra hispano-estadounidense de principios del siglo XX y se empezó a usar como piso franco de la venganza de Bush contra todo “individuo, nación y organización” que, según su parecer, estuvieran relacionados con el atentado del 11S.

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Con la visita de Obama a Cuba se rompen casi 90 años de ausencia de un presidente estadounidense en la isla. Aun con el régimen revolucionario de Castro en pie, Obama pretende abrir un filón para “rescatar” de la tiranía a los cubanos y que, convirtiéndose en parte habitual de sus vidas, decidan democratizarse poco a poco. “El punto de vista de Estados Unidos es crear puentes culturales, económicos, políticos entre ambas sociedades. Y por estos puentes cruzará la enorme influencia del sistema estadounidense”, dice Peter Kornbluh, coautor de Diplomacia encubierta con Cuba, el relato de las negociaciones secretas entre Washington y La Habana, según diario El País.

Se trata de inculcar la democracia a través de las relaciones con el resto del mundo y, en concreto, con los Estados Unidos. Obama está haciendo usando la estrategia “presión de grupo” con ese amigo margi que no quiere fumar contigo en el descanso.

Pues mientras hablamos de la “importancia histórica” de la visita de Obama a La Habana (un presidente estadounidense no pisaba la isla desde hace 88 años), nadie está pendiente de las barbaridades que se perpetúan en el Centro de detención de Guantánamo desde hace años. Sólo los presos políticos que todavía residen allí y que siguen en huelga de hambre desde hace más de un mes. Los 56 hombres (de los 86 que tienen la aprobación de la Administración para ser transferidos a sus países de origen) que decidieron coger al toro por los cuernos y hacer algo para salir de allí vivos.