La nueva moda de tener una primera cita pero en silencio

Los momentos de silencio pueden ser muy incómodos. Sobre todo cuando se dan con una persona que casi no conoces. Pero no tendría por qué ser así, el silencio también se puede disfrutar y compartir, hasta puede abrirnos a otras dimensiones sensoriales y aportarnos muchos beneficios mentales. Es lo que cuenta In Pursuit of Silence, un documental que se acaba de estrenar en el Reino Unido y que explora nuestra relación con el silencio y el impacto del ruido en nuestras vidas. Pero la reivindicación va mucho más allá de esta película. Empezó en algunos cafés y bares de Seattle, llegó después a Nueva York y de ahí voló hasta el Reino Unido, donde ya se está extendiendo. Se organizan comidas silenciosas, fiestas silenciosas y hasta citas silenciosas.

Es una nueva moda con un punto radical, porque nos invita a disfrutar del silencio con extraños y en situaciones cotidianas, algo que normalmente solo hacemos con la gente más cercana, con la que tenemos más confianza, o cuando estamos solos, en la naturaleza, en momentos de meditación...

Compartir el silencio

En Dundee, en Escocia, se organizan fiestas silenciosas donde la gente va al bar con su libro y comparte horas de lectura con desconocidos. Pasado un tiempo, cierran los libros y empiezan las conversaciones y las copas.

Como describe Mariel Symeonidou, una de las organizadoras de este tipo de eventos en Dundee, "es un poco surrealista [...] Sin embargo, hay algo especial en compartir el silencio con otros. Te ofrece una especie de vía de escape". Es una manera de romper con esas reglas sociales no escritas, que nos han acostumbrado a cubrir los silencios con cualquier tipo de conversación para sentirnos más a gusto.

Porque también hay que saber disfrutar con tan sólo la presencia física de otras personas y conseguir conectar más allá de las convenciones sociales.

En Londres, se organizan hasta speed-dating silenciosas. Como ellos mismos dicen, "los ojos son la ventana del alma. Es mucho más fácil conectar con alguien después de dos minutos de mirarse fijamente, de hecho es electrizante". Se hacen juegos de flirteo no verbales y luego un tiempo de mirarse fijamente en silencio. Después ya empiezan las conversaciones y la fiesta.

Hasta ha surgido un proyecto artístico llamado "cenas silenciosas", que se entiende como un tipo de performance donde los invitados son vistos como esculturas humanas porque no hablan entre ellos, no interactúan con la tecnología y están así durante por lo menos dos horas. La idea es "destacar la globalización, el cambio en la naturaleza de la comunicación y el espacio entre la gente", como explican en la web del proyecto. Es algo que inició el artista Honi Ryan en Berlín pero que se ha extendido por todo el mundo, desde Australia hasta el Líbano. En Barcelona, por ejemplo, se celebró una de estas cenas en el Instituto Goethe, en 2014, y contó con 23 participantes.

Quizás ha llegado el momento de romper con algunas estructuras sociales y dejarse llevar por movimientos como este, para poder disfrutar del silencio no sólo en retiros espirituales o en lugares idílicos. No sólo encerrados en nuestra habitación, sino acompañados y a gusto con los desconocidos sin necesidad de estar siempre llenando el vacío con palabras.