Hitchcock era un misógino y un sádico que torturaba a las actrices

Se cumplen 40 años de la muerte del afamado director británico que, sin embargo, era extremadamente cruel con las mujeres

La escena del apuntalamiento en la ducha de Psicosis es una de esas que es imposible quitarse de la cabeza. El ruido de la cortinilla abriéndose, el grito de pánico, la música y el sonido del cuchillo penetrando en la carne son tan difíciles de olvidar como el nombre de su responsable: Alfred Hitchcock. Conocido popularmente como “el rey del suspense”, el cineasta británico falleció hace exactamente 40 años en su mansión de Bel Air sin haber logrado alzarse con un solo Oscar pero con la certeza de haber revolucionado para siempre el mundo del cine. Sin embargo, casi medio siglo después de su muerte resulta evidente que su genialidad estaba estrechamente ligada a su lado más oscuro: el de un sádico, misógino y reprimido director que torturó a las protagonistas de sus fantasías convertidas en película de suspense.

En un artículo de El Mundo, se recogen todas esas perversiones que Hitchcock practicó ante el aplauso de sus admiradores y que ahora nos producirían el mayor de los ascos empezando, por ejemplo, con las declaraciones sobre las mujeres que realizó al crítico y director francés François Truffaut y que quedaron reflejadas en su libro El cine según Hitchcock: “Creo que las mujeres más interesantes, sexualmente hablando, son las británicas. El sexo no debe ostentarse. Una mujer inglesa, con su aspecto de institutriz, es capaz de montar en un taxi con usted y, ante su sorpresa, desabrocharle la bragueta”. Lo cierto es que Hitchcock, quien según el biógrafo Peter Ackroyd fue un homosexual reprimido por la férrea educación católica que recibió en la infancia, siempre tuvo una relación obsesiva con las mujeres. 

De hecho, aunque estuvo casado durante 50 años con la montadora Alma Reville, una mujer bajita y pelirroja muy alejada del estereotipo de las actrices fetiche y perfectamente normativas que utilzaba en sus películas, se especula que únicamente mantuvieron sexo una noche para concebir a su hija Patricia Hitchcock ya que, probablemente, Alma era lesbiana y el matrimonio de ambos una tapadera para encajar en la société de la época. Es por ello, porque ya se había encargado de tener una imagen de padre de familia felizmente casado, que el director nunca disimuló durante los rodajes su obsesión y disfrute haciendo sufrir a grandes actrices como Grace Kelly. 

En la película Crimen Perfecto (1954), Hitchcock solía acercarse a la actriz para provocarla con comentarios sexuales a sus oídos antes de una escena. No contento con ello, dedicó cinco días de rodaje repitiendo hasta la saciedad la escena en la que un hombre la atacaba provocándole finalmente golpes y magulladuras. Una tortura sadomasoquista disfrazada de cine. Es más, su obsesión con Grace Kelly habría sido tan enfermiza que nunca le perdonó que abandonara su carrera en Hollywood para convertirse en princesa de Mónaco y que, en realidad, la famosa escena de la ducha de Psicosis (1960) con la actriz Janet Leight estaría representando una venganza simbólica hacia la Kelly. Freud se quedaba corto.

Pero el colmo llegó con la actriz Tippi Hedren que protagonizó sus películas Los pájaros (1963) y Marnie, La Ladrona (1964). Actuando como un depredador, el acoso sobre la actriz era constante y sus celos enfermizos hizo que les fuera prohibido a los demás actores, en especial a Ron Taylor y el galán Sean Connery, cualquier contacto físico con la actriz. Además, la actriz fue atormentada con cuervos durante el rodaje de Pájaros, obligándola a interactuar con ellos a pesar de los riesgos. Finalmente, explotó y abandonó los estudios de grabación al grito de “¡puto cerdo gordo!”. Fue entonces cuando Hitchcock se aseguró de arruinar su carrera y evitar que ningún productor le ofreciera trabajo en más de tres años. 

Sin embargo, y a pesar de la mala prensa que le dedicó, ella siempre dejó claro que le valió la pena librarse de su acosador: “Mi misión ha sido demostrar que, aunque puede que Hitchcock arruinara mi carrera, nunca permití que arruinara mi vida”. Por desgracia, la capacidad para infundir pánico en sus películas tenía un origen mucho más oscuro que el que la historia se ha encargado de contar. Hitchcock hizo grandes películas, pero también hizo un poco más miserable la vida de las personas, sobre todo de las mujeres, que tuvieron la desgracia sufrirlo. Aunque su legado cinematográfico es un tesoro, el personal merece ser expuesto y denunciado para que nadie vuelva a aprovecharse del arte para dar rienda suelta a sus perversiones. 

CN