‘El Chileno’, el primer narco de la historia trapicheaba con cocaína y alucinógenos hace 1.000 años

Un grupo de arqueólogos acaba de encontrar en Bolivia una bolsa con muestras de las drogas que consumían los indígenas de la región un milenio atrás

Expropiada por un delito contra la salud pública. Un equipo de arqueólogos acaba de encontrar en la provincia boliviana de Sur Lípez los restos de una bolsa, utensilios (espátulas de hueso, cuencos para inhalar, tubos para aspirar) y cuatro sustancias muy particulares: cocaína (procesada), benzoilecgonina, el alucinógeno bufotenina y los dos principales ingredientes de la ayahuasca. La bolsa de cuero fue hallada en la cueva de "el Chileno", un personaje que hasta parece haber desaparecido de su tumba, que fue profanada, y al excavarse años después no se encontraron sus restos, sino su pequeño y particular laboratorio de drogas. La historia lo tiene todo para convertirse en el prefacio de Narcos: estupefacientes, enemigos y misterio, pero no sale de Netflix, sino de la revista PNAS, y la replica El País. Va en serio.

Las drogas existen desde que hay plantas. Y como tal, se consumen. Ya sea por motivos rituales o por sobrellevar los pesares de vivir a más de 4.000 metros por encima del nivel del mar, los indígenas de los Andes bien lo sabían y no dudaban a echar mano de sus propiedades. La cueva del Chileno llevaba ocupada 4.000 años y sus excelentes condiciones para conservar materia orgánica la convierten en lo que parece la casa del primer gurú de los psicotrópicos. Los análisis científicos de los restos afirman que allí se conservan los conocimientos para hacer ayahuasca, la bebida que todavía hoy consumen muchas comunidades de manera ritual. 

La cueva de 'el Chileno', por José M. Capriles / Research Gate.

"Entre las sustancias detectadas en el yacimiento se encuentran sus dos principales ingredientes, la harmina, que se suele obtener de la enredadera Banesteriopsis caapi, y el arbusto Psychotria viridis, que contiene el alucinógeno DMT", explica El País. Además, en la bolsa de "el Chileno" había restos de cocaína, benzoilecgonina, "lo que sugiere que habría habido hojas de coca", y bufotenina, que también es un alucinógeno extraído de las semillas de un árbol de la zona y que se consumen por inhalación. Ninguna de las plantas es nativa del altiplano donde fueron halladas, por lo que los investigadores, liderados por José M. Capriles, de la Universidad Estatal de Pensilvania, deducen que fueron transportadas a lo largo de kilómetros desde zonas tropicales. Capriles explica, además, que las drogas podían estar incluídas en el intenso tráfico de mercancías que había en esa época.

En los países andinos, es habitual el consumo de hojas de la planta de la coca, que se mascan para combatir, entre otros, el "mal de altura", o la pérdida de presión por vivir a miles de kilómetros sobre el nivel del mar. Las autoridades de esos países, como Bolivia, Perú o Colombia, la diferencian de la cocaína, que tiene efectos psicoactivos porque está procesada, como la que se encontró en la cueva de "el Chileno". La historia nos fascina porque demuestra los mecanismos sofisticados que existían ya hace miles de años para tratar las plantas y convertirlas en sustancias para alterar el estado de conciencia humano.

Está claro que las drogas no tienen solo la función lúdica que, generalmente, les damos en la actualidad. Pero la introspección, la mística o la simple curiosidad llevan con los humanos mucho más tiempo del que pensamos. Cada vez es más evidente que la marihuana tiene efectos positivos y la ciencia avanza para averiguar cómo otras sustancias pueden utilizarse en tratamientos médicos. La prohibición no acaba con el consumo y un debate abierto sobre las sustancias es más interesante que taparlas bajo un velo y simular que no existen.