Café con prostitutas y cómo la tecnología está cambiando nuestras relaciones sexuales

Ya ni siquiera hace falta echarle demasiada imaginación al sexo. La evolución tecnológica ha entrado de lleno en el mundo del porno y la prostitución y está quebrando nuestras relaciones, pulverizando muchas de sus limitaciones y abriendo puertas a universos que antes parecían solo de ciencia ficción: ¿Qué le depara esto al futuro del porno, de la prostitución o, incluso, de las relaciones de pareja? ¿Qué juguetes tienen en mente en este sector y qué opinan los expertos sobre ellos? Vayamos paso a paso.

Una mamada y un café con leche

Hace unos días supimos que ya hay gente que está en proceso de abrir locales donde, por unos 60 euros, podremos pedir un café y una mamada, eligiendo en un iPad cuál será esa chica que nos ofrecerá sus servicios sexuales. Bradley Charvet es el pionero y propietario del Fellatio Cafe, en Ginebra, que debería abrir sus puertas a finales de año. La idea ha tenido tanto éxito que, en Londres, ya estarían interesados en importar el concepto. De hecho, la previsión es que, en diciembre de este año, se abra uno de esos cafés en el barrio de Paddington.

Sin embargo, estas novedades tecnológicas también han puesto en alerta a las prostitutas. Hace unos meses, Matt McMullen, CEO de RealDoll, una de las compañías de muñecas sexuales más importantes del mundo, aseguraba en Reddit que están “construyendo un sistema de inteligencia artificial que puede conectarse a una muñeca robot o ser experimentado en un entorno de realidad virtual”. Y, hace una semana, se sabía que es muy posible que pronto llegue al mercado un robot sexual a imagen y semejanza de Lara Croft: en definitiva, una prostituta robot con la apariencia de uno de los mayores iconos sexuales del mundo de los videojuegos, que se podrá ir moldeando para que aprenda tus preferencias  y te dé todo el placer que pidas.

En un principio, algunos de estos avances pueden resultar positivos: el acceso a ellas es más fácil a través de Internet y de aplicaciones, por ejemplo. Además, podría parecer que iniciativas como la del café y la mamada podrían contribuir a eliminar el estigma que ensombrece esta profesión. Pero lo que el sector de la prostitución teme de verdad es que llegue el día en que acaben siendo sustituidas completamente por robots, algo que cada vez parece estar más cerca.

Pero no todo es porno y prostitución: los avances de la tecnología también pueden favorecer las relaciones a distancia. Las gafas de realidad virtual –que ya están en el mercado- aún tienen que perfeccionarse, pero la idea es que puedan crear imágenes holográficas –en color y 3D- que te hagan sentir que tienes al lado a alguien que, en realidad, está a miles de kilómetros de distancia. Además, empresas como Durex también han querido pillar la cresta de la ola y han inventado cosas como la ropa interior vibratoria, controlando la intensidad y la zona a través de una aplicación móvil.


El orgasmo de las máquinas

En HoloGirlsVR.com te aseguran que “sus cámaras especiales de realidad virtual para porno te acercan tanto a las chicas que casi las puedes saborear”. Es decir, el espectador pasa a meterse dentro del vídeo, a convertirse en actor protagonista y a sentir que es él quien está disfrutando a fondo con las actrices.

Detrás de esta web está Anna Lee, a través de su compañía HoloFilm Productions, de Vancouver, Canadá. En 2015, se dio cuenta de que el mundo del porno era una mina de oro que ofrecía una posibilidad aún por explotar: la realidad virtual. Así que se metió de lleno en esta tecnología inexplorada. “Ahora puedes estar con tu estrella porno preferida, sentado en una habitación junto a ella. Te mira, te habla...”, explica Lee.

Es una forma, también, de revitalizar un sector que parecía haberse estancado. Según IBIS World, una compañía de investigación de mercados, entre 2011 y 2015, la industria del porno estadounidense crecía a una media anual de solo el 1,5%, “ahogada por la creciente piratería, el auge de webs de contenido pornográfico gratuito y la facilidad de producir vídeos amateur”. La realidad virtual, en cambio, requiere una inversión y unos medios que –de momento- no están al alcance de todo el mundo ni son tan fáciles de piratear, por lo que se plantea como una posible solución al problema, por lo menos, a corto plazo.

Pero no se ha quedado ahí la cosa: Los científicos han ido un paso más allá y ya han creado también un traje de realidad virtual para que la experiencia sexual se sienta en todas –sí, todas- las partes del cuerpo. ¿Que dónde está el punto? Pues, básicamente, en poder correrte tocándole los pechos a una mujer virtual de anime mientras te estimulas las zonas erógenas con impulsos eléctricos -a la intensidad que tú elijas-, mediante un masturbador que simula una vagina. Todo muy práctico.


El lado oscuro

Pero esta revolución también asusta. Sobre todo porque nos convierte en mercancía, más de lo que ya lo somos. Lo explica así la sexóloga, exprostituta y escritora Valérie Tasso: "Tenemos una gran oferta de alternativas y el ser humano, hoy en día, ya no se ve como tal, sino como una herramienta más. Si mi pareja no me va, "adiós muy buenas" y elijo otra en Tinder. Ya no existen esas ganas de luchar como antes. Teníamos la capacidad de resistir, algo que no significa que tengamos que aguantarlo todo, claro. Pero, con este mundo absolutamente mercantilizado, lo que ha pasado es que es más fácil tirar la toalla y acudir, a la mínima, al gran mercado de seres humanos”, comenta la autora de varios libros, como Diario de una ninfómana. 

Es decir, la tecnología es un arma de doble filo. Por un lado, "es muy potente porque nos permite controlar mucho nuestras vidas y satisfacer nuestros deseos sexuales", apunta Francesc Núñez, sociólogo y director del máster de Humanidades de la UOC, "algo a lo que podemos recurrir incluso para mantener nuestro equilibrio emocional". Pero por otro, "en este proceso se pierden cosas, como la acción humana: hacer cosas con los otros, cosas que te hacen sentir vivo. La compañía de otras personas te recarga las pilas, te llena de energía emocional", añade. Pero ahora, lo que intentamos a toda costa es "evitar el sufrimiento, por eso pretendemos diseñar las relaciones humanas a nuestra medida, sin la imprevisibilidad del otro".

No quiere decir que las nuevas tecnologías e Internet sean el demonio. Como dice Tasso, "a mí el porno me gusta, pero lo que condeno es que no haya suficiente educación sexual y que la gente, que no tiene el sentido crítico suficiente, pueda entender el modelo del porno como un modelo a seguir", algo que se intensificaría con la nueva forma de experimentarlo que ofrece la realidad virtual, por ejemplo. Hemos "instrumentalizado las relaciones sexuales y las hemos puesto al servicio de unos deseos que pasan principalmente por la imaginación y por la guionización que el cine y los medios nos han hecho creer que es una relación erótica. Se pierde el flujo de energía emocional y queda la mecánica al servicio de la satisfacción de la imaginación, de nuestras fantasías eróticas", reflexiona Núñez.

Con respecto a la prostitución, Tasso opina que "Eso no va a ayudar para rehabilitar la imagen que la sociedad tiene de la trabajadora sexual. Lo que hace falta son cabezas pensantes, porque se ha democratizado la opinión, pero no el conocimiento".

Por todo ello, lo que se tendría que conseguir no es frenar estos avances de la tecnología, sino acompañarlos de una buena educación sexual. Pero ese es un cambio mucho más radical y, seguramente, con menos beneficios económicos a corto plazo. Algo que, desgraciadamente, parece que está quedando relegado a un segundo plano. Como también se están olvidando, en parte, de incluir la satisfacción de los placeres sexuales femeninos, pues es un mundo que sigue estando excesivamente orientado a las fantasías masculinas.

Crédito de la imagen: Sandy Kim, Ibai Acevedo