Un experto nos explica el ‘road rage’ o por qué algunos se vuelven locos al volante

Hace apenas una semana, un chaval de 18 años se bajó de su coche en una avenida de Torrejón de Ardoz y de un puñetazo acabó con la vida de un anciano de 81 años. Fue la última víctima reconocida de la road rage o ‘rabia al volante’, un fenómeno que llena canales enteros de Youtube y que, solamente en Estados Unidos, ha producido 136 muertos por disparos en los últimos tres años. De hecho, en países como Rusia las peleas entre conductores son tan comunes que es habitual llevar una dashcam en el coche como medida de precaución de cara a un eventual juicio.

Aunque los casos de muertes violentas asociadas a la rabia al volante son muy escasos en nuestro país, resulta innegable que muchas personas se transforman completamente al sentarse a los mandos de su coche. Rabia, ira, ansiedad, agobio, todas esas sensaciones parecen magnificarse hasta el punto de que, en algunos casos, se cruza la delgada línea que separa un simple enfado al volante a la agresión o la muerte.

Abrir la puerta y salir del coche en un estado de rabia, hace que todo pueda ser muy explosivo y descontrolado”, explica el director de Gabinete de Psicología, Fernando Azor. En su opinión, detrás de las reacciones de rabia “suelen hallarse ideas rígidas sobre cómo deberían ser las cosas, sobre cómo deberían conducir las otras personas, sobre lo mal distribuido que está el tráfico, sobre la cara dura de algunos o sobre la lentitud de otros”.

Según el especialista, a estas ideas demasiado rígidas se suma la creencia de que “el otro tiene la intención o el deseo de fastidiar” y que “es necesario darle a la gente su merecido para que no vuelva a hacerlo”.  Si a este cóctel de ideas preconcebidas se le suma la ansiedad, fruto del estrés diario y la propia conducción, la reacción resultante puede llegar a ser violenta. Una especie de globo de aire que se va hinchando y acaba por explotar en las narices de cualquiera que cometa una imprudencia.

“Se suele producir un proceso que, dependiendo de cada persona, puede alcanzar su punto álgido en unos segundos o tras unas horas. En él se generan pensamientos activadores que llenan de razones poderosas al violento para cargar contra otro”, señala Azor que, sin embargo, insiste en aclarar que la ansiedad no es la causa principal de la agresión sino que actúa como una potenciadora.

La explicación del especialista se complementa con los resultados del estudio Aggressive Driving: A Consumption Experience llevado a cabo por la Temple University Fox School of Business (de Estados Unidos) con 298 estudiantes. En el mismo se constató que las personas que tienen un carácter compulsivo y que tienden a percibir su coche como un reflejo de su personalidad tienen más posibilidades de comportarse de manera agresiva al volante. 

Por tanto, el fenómeno de la road rage no puede aplicarse a una única causa o personalidad sino que se debe a una la acumulación de factores y a la intensidad que alcancen los mismos. Así que, si sabemos que determinadas circunstancias y actitudes podrían llevarnos al grado de iniciar una agresión o responder violentamente a otro conductor, lo suyo sería estar preparados para no dejarnos llevar por la ira.

“Para hacer frente a la ira en el coche es necesario ajustar expectativas sobre lo que nos vamos a encontrar mientras conducimos, potenciar la empatía o suavizar la presión de los horarios excesivamente apretados”, recomienda Azor. Por último, el psicólogo insiste en que cambiar nuestra forma de reaccionar es la clave para no caer en el círculo vicioso de la ira: “lo único que obtendremos arrojando nuestra rabia es más rabia”.