Soy esa zorra que no deja que su ex rehaga su vida

No, en realidad no soy una zorra. Solo lo he puesto para llamar tu atención y que te leas mi artículo. La verdad es que no entiendo por qué todo el mundo se queja. Yo le he dejado las cosas claras, le he dicho que ya no quiero que sigamos juntos como pareja. Pero bueno, es mi amigo, así que cuando me pasa algo, pues le llamo, porque sé que querrá escucharlo y que no tengo mucha más gente que me quiera escuchar.

Cuando cuelgo el teléfono me siento reforzada. Me ha contado que sigue buscando otro trabajo, que este le absorbe y no tiene tiempo para nada. Que ha vuelto a quedar con sus amigos, que después de los reproches iniciales de "claro, ahora que ya no tienes novia, volvemos a ser interesantes", pues poco a poco las aguas vuelven a su cauce. Pero vamos, que no queda con otras ni nada, que con lo mucho que le conozco, ya me habría dado cuenta.

Así que después de pasar revista y darme cuenta de que si hiciera 'chas' volvería a aparecer a mi lado, regreso a mi (ya no tan) recién adquirida soltería e intento convencerme de que yo sola puedo, trato de recordar la desidia por la que lo habíamos dejado y me pongo a buscar a alguien que me vuelva a hacer sentir algo en el estómago para asegurarme de que sigo estando viva.

Pasan las semanas y a mi alrededor me dicen que deje de llamarle, que mientras yo le siga llamando no podrá pasar página. Yo me vuelvo a esconder tras la cantinela de que le dejé las cosas claras, pero se ve que importa más lo que yo haga que lo que yo diga. Así que me armo de valor y juro y perjuro que no le volveré a llamar. Pero me da like a una foto en Instagram y caigo como una miserable. Le llamo y quedamos para tomar un café después del trabajo.

Qué majo era y qué bien lo pasábamos cuando lo pasábamos bien. Cuando no discutíamos por quién tiene que sacar la basura o por qué ya nunca me dejas que te toque. El mundo de allá fuera es gris y la palabra soltería esconde entre sus letras a la soledad, esa que me hace mirarme en el espejo y ver mis miserias en lugar de las de los demás. Qué fácil era la vida cuando podías achacarle todos tus problemas a la persona que te acompañaba. "Es que me pones histérica", "es que no hay quien te entienda", "es que no eres capaz de hacer nada", "es que contigo siempre estoy de mal humor". Cuando estás en una relación, echar balones fuera se puede convertir en un deporte en sí mismo.

Nos tomamos ese café y detecto en sus ojos que todavía me sigue queriendo. Le devuelvo la sonrisa con la suficiente ambigüedad para que pueda interpretar que sigue habiendo un clavo ardiendo al que agarrarse, y me voy a casa con la satisfacción de que no me moriré sola, de que siempre tendré una cama caliente a la que volver si me doy cuenta de que esto de "encontrar a alguien que esté a mi altura" al final no me sale bien.

¿Egoísta yo? No, por qué lo dices. Él podría no cogerme el teléfono, ¿verdad? Ya es mayorcito como para ser dueño de sus sentimientos y decidir a quién le dedica su tiempo. Tal vez sí que tuvieras razón en que soy un poco zorra.

Voy a llamarle a ver si él también cree que lo soy.