El terrible síndrome que convierte el orgasmo de algunos hombres en una pesadilla

Justo en el momento de correrse, Manuel Soto (nombre ficticio) sintió como si un cangrejo se metiera en su cabeza y le estrujara poco a poco el cerebro. El regusto por la explosiva llegada al clímax se vio ensombrecido por ese dolor punzante. No entendía nada. La chica que estaba a horcajadas no supo identificar su reacción. ¿Qué era esa cara de asco? Estaba confundido, le comentó que le había entrado un dolor muy fuerte de cabeza, pero ninguno de los dos le dio mayor importancia. Hasta que volvió a suceder. Otro orgasmo amargo. Esa misma noche, polvo bis, y en el preciso instante del último y gozoso empujón, el cangrejo regresó para apretar su cerebro.

El pobre Manuel continuó así un tiempo. Las malditas punzadas no doblegaron su imperiosa necesidad de eyacular. El dolor hacía acto de presencia hasta en sus momentos de onanismo. De repente, un día desapareció tal y como había llegado. El cangrejo se esfumó para atormentar a otro pobre semental. ¿Fue Manuel víctima del síndrome de enfermedad post orgásmica (POIS en inglés)?

La prestigiosa revista Journal of Sexual Medicine fue la primera en publicar un estudio sobre esta afección documentada por el investigador de la Universidad de Utrech (Holanda) Marcel Waldinger. El doctor comenzó a estudiar esta misteriosa enfermedad cuando en 2002 se detectó en varios hombres síntomas propios de una gripe justo después de eyacular: fiebre, malestar, picor de ojos y de nariz. Así lo explicaba Víctor, de 25 años, en este reportaje de El Mundo: "Estaba con los exámenes de selectividad y me gustaba una chica. El primer año de vivir con el síndrome POIS fue muy duro, fui de médico en médico, pero es difícil explicar qué es exactamente lo que te ocurre y por vergüenza muchas veces también te callas".

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¿Por qué se produce? ¿Qué es lo que lo causa? ¿Cuál es el tratamiento? Los médicos e investigadores aún no han dado con la tecla adecuada. El propio Waldinger aventuró la alergia al semen propio como posible causa de esta afección. De hecho, trató a varios hombres en un estudio clínico y los síntomas se redujeron en un 88% de los pacientes. El tratamiento en este caso se basó en una terapia de hiposensibilización; es decir, una exposición gradual al propio semen. Según recoge esta web de enfermedades raras, también se pueden calmar los efectos con benzodiacepinas y antiestamínicos.

Como los expertos andan un poco perdidos existen todo tipo de conjeturas. Según este artículo de Men's Health, David Resnick, director del área de alergias en Nueva York del Columbia-Presbyterian Hospital, asegura que desarrollar una reacción alérgica contra el semen de uno mismo es casi imposible. Por ello, algunos profesionales achacan esta afección, que afecta a menos del 1% de la población mundial, al plano psicológico.

No quiero imaginar la tragedia de que uno de los momentos de mayor satisfacción humana se mezcle con la horrible sensación gripal. Al menos, las penas compartidas son menos penas. Si necesitar hablar de tu drama, aquí está este grupo de Facebook y este foro sobre el tema.

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