El hacker que bloqueó cinturones de castidad electrónicos a cambio de un rescate

El objeto que prometía mejorar una de las prácticas BDSM más comunes se ha acabado convirtiendo en una pesadilla digital

Tu pene es mío ahora”, dijo un hacker a través de mensaje a todas las víctimas de su pirateo. Se había aprovechado de un fallo de ciberseguridad de la empresa Qiui, que le permitió entrar a los cinturones de castidad CELLMATE y bloquearlo a distancia. Es decir, cambió todos los permisos y solo él podía liberar el pene de los castos usuarios. Y claro, no iba a hacerlo gratis. Pidió a cambio un rescate de 750 dólares en Bitcoins.

El cinturón de castidad es una práctica muy común en el mundo del BDSM. Amos y amas se los ponen a sus sumisos para que no puedan tocarse sin su permiso. Es algo simbólico en el que el dominante consigue el control total sobre el placer y sexualidad del dominado. Normalmente son analógicos, y funcionan con un candadito donde el amo se queda la llave y solo él decide cuando se quita. Sin embargo, el CELLMATE prometía mejorar el sistema: a través de una app, el dominante podía abrirlo a distancia, mucho más útil por si había una emergencia o el esclavo tenía que hacer limpieza del cinturón. Un sistema mucho más inteligente y cómodo, si no fuera por el hackeo, claro.

Entre los muchos afectados, uno de ellos fue Robert. Tenía puesto su cinturón y de golpe recibió el mensaje pidiéndole los 750 dólares, asegurándole que no podría usar su pene si no pagaba. Intentó abrirlo, llamó a su dominante y nada: “estaba cerrado y no podíamos acceder a él”, aseguró al portal Motherboard. Lo mismo le pasó a un tal RJ: “ya no era el dueño del cinturón, así que no tenía control total sobre él”. Lo que había empezado como juego de rol acabó convirtiéndose en una pesadilla.

Qibi

Por supuesto, algunos pagaron inmediatamente por miedo. Hay muchos esclavos que lo son a espaldas de su familia o trabajo y que se ponen estos dispositivos cuando están solos en casa y se lo quitan para ir a hacer vida normal. Ante el terror de que el ruido del cinturón al caminar o un bulto demasiado duro los delatase, cedieron a la presión. Otros esperaron a que la empresa pudiera volver a tomar control sobre los dispositivos y otros optaron por romperlo con un destornillador, como indicaba la web que se tenía que hacer en momentos de urgencia y fallo electrónico.

Este escándalo se suma a la larga lista de ataques digitales a nuestra privacidad, parecido a cuando Grindr filtró los estados serológicos (VIH) de sus usuarios por otro error. En definitiva, debemos tener cuidado a qué empresas y productos le regalamos según qué informaciones y poderes, porque no tenemos todas las garantías de que sus procesos de seguridad sean correctos, y estaremos exponiendo nuestra privacidad e integridad a manos de la suerte, arriesgándonos a que venga un hacker y consiga información que pueda arruinarnos la vida.