El Dolor De Querer A Alguien De Quien Te Tienes Que Alejar

A veces conocemos a personas que nos cambian la vida. Muchas veces son amigos, otras veces personas de nuestro entorno; nuestra familia, profesores, compañeros de trabajo, de la universidad... Pero sin duda alguna, si hay alguien capaz de hacernos cambiar y desarrollarnos como seres humanos son aquellas personas a las que queremos, aquellas a quienes dejamos entrar en nuestra vida y a las que les entregamos el corazón, esas personas a las que llegamos a amar de verdad.

Hay muchas historias de amor con final feliz, esas en las que es probable que los implicados pasen el resto de sus vidas juntos, tengan familia, crezcan, cambien y envejezcan juntos e incluso dejen el mundo a la par o con poco tiempo de diferencia, porque como en los casos más extremos de amor, no puedan vivir el uno sin el otro. En estos casos, el cambio que experimentan las personas no se entiende sin su pareja, porque sin ellas, sus vidas no serían lo que son.

Sin embargo, los finales felices no son para todos. Hay veces que conoces a la persona correcta, al amor de tu vida, pero por más que te duela, tienes que dejarlo marchar, no porque quieras, sino porque es lo mejor para los dos. Y son esos momentos dolorosos los que sin duda hacen cambiar a una persona, porque le hacen aprender, a la fuerza.

Y es que no hay nada como experimentar el amor verdadero, aunque en ocasiones pueda llegar a resultar abrumador, sobre todo si es la primera vez. Pero cuando uno se enamora está más feliz, y aunque ciertamente suene a tópico, lo ve todo más fácil, da la sensación de que el sol brilla más, nada parece complicado, se siente más vivo que nunca y es más feliz de lo que jamás antes habría imaginado que pudiera llegar a ser.

Por eso, experimentar el desamor puede resultar tan doloroso. Porque cuanto más arriba se está, más estrepitosa resulta la caída. Pero de todo se aprende, y cuando se trata de experiencias en las que sufrimos, el aprendizaje suele resultar mucho más rápido. Excepto cuando se trata del dolor que supone perder a la persona a la que amas, porque eso es más que romper un corazón y aprender la lección.

Porque para curar un corazón roto se necesita tiempo. Tiempo para afrontar la situación, tiempo para afrontar el dolor, tiempo para pensar y reflexionar sobre la vida, sobre uno mismo y sobre el valor de las cosas. Las experiencias dolorosas te dan una nueva perspectiva para cuestionarte lo que de verdad importa, lo que supone una nueva oportunidad para construir una nueva persona.

El amor perdido te mostrará aquellas partes que has de trabajar y mejorar antes de que vuelvas a sentirte preparado para iniciar una nueva relación, para volver a comprometerte y enamorarte.

El problema es que cambiar tu manera de ser por alguien supone crear una realidad, en la que de alguna manera esa persona va a estar incrustada por siempre. El amor, la alegría y el dolor que esa persona te hizo sentir se acabará convirtiendo en un elemento permanente en tu vida, sin el que probablemente no serías la persona que eres hoy, por eso es normal que en ocasiones añores los buenos recuerdos, te vengan momentos a la mente. Porque esa relación te ha convertido en la versión mejorada que eres hoy. Por eso, jamás hemos de olvidar el pasado que nos aleccionó.

Pero no olvidar un amor perdido no significa que no podamos volver a enamorarnos. Todo lo contrario, siempre hay esperanzas de encontrar de nuevo el amor, y los nuevos amores siempre superarán a los viejos, haciendo que con el tiempo se conviertan tan solo en recuerdos a los que acudir con una sonrisa llena de nostalgia.

Por eso, nunca hay que tener miedo a enamorarse, porque no importa cómo acabe una relación, ya sea mal o bien, de todas las experiencias se aprende. Y una vez se cura un corazón roto, existen mil y una oportunidades nuevas de volver a encontrar un amor mejor.

Crédito de la imagen: LMC