La Delgada Línea Entre Ser Independiente Y Vivir Pasando De Tu Pareja

El otro día quedé con una amiga que se encuentra en plena cúspide dramática. Lo acaba de dejar con su novio (fin del mundo, qué voy a hacer con mi vida, bla bla bla...). No se puede decir que no fuera una muerte anunciada, pero aun así, la quedada para explicar los detalles de la separación era obligatoria.

- "¿Cuál ha sido el detonante?", le pregunté yo (en realidad fue más bien "Tía, ¿que ha pasado?").

-  "Que no tenía claro si quería irse conmigo de viaje, teniendo dos meses de vacaciones".

Eso no era un pecado, pero el tema era que él ya había dado muestras de cierta 'independencia extrema': había organizado sus vacaciones de Semana Santa sin contar en absoluto con ella, jamás llegó a presentarle a sus dos mejores amigos, se enteraba de la mayoría de sus cosas la última... Ya no pudo aguantar más.

¿Cuándo llega el punto en el que la independencia se convierte en pasotismo? El límite lo decide cada uno, pero cuando la dejadez llega a determinados extremos, mejor que te plantees si tienes un novio/a o si se ha convertido en un compañero fijo de cama, cenitas y poco más. Una pareja debería ser alguien con quien compartes tus ideas y viceversa, con el que haces proyectos conjuntos y representáis un apoyo mutuo. Si te tienes que enterar por la prensa de cómo le va la vida, algo va mal. O tenéis una concepción diferente de la relación o claramente estáis en puntos distintos.

Que no te sientas obligado a contestar un Whatsapp al minuto es una cosa (de hecho, una cosa muy sana), que estés cuatro días sin dar señales de vida es otra. Puedes ser despistado, pero que se te olvide decirle a tu pareja que te marchas de fin de semana es, como mínimo, para mosquearse. Que cualquier colega se entere de sus novedades siempre antes que tú, preocupante. La línea que separa ser alguien muy libre e independiente a alguien que no incluye a su novio/a en su vida es muy delgada.

Si las dos partes están de acuerdo en este tipo de relación sumamente abierta, y no me refiero en este caso a la parte sexual, estupendo. Lo malo llega cuando una de las dos partes quiere sentir que representa un pilar importante en la vida del otro y no es así. Cuando una de las dos partes sufre, es cuando llega el momento de pensar de verdad: ¿Hasta dónde puedo llegar?

Si estás en la otra mitad, aquella que vive su existencia al margen de su pareja, también te toca pensar. Si no tienes ganas de contarle a tu novio/a cómo ha ido el día, si tienes días libres y no te planteas en ningún momento disfrutarlos con tu 'media naranja', si no muestras interés en que tus amigos la conozcan y la quieran, ¿qué haces con esa persona?

Como decía Aristóteles, en el equilibrio está la virtud. Así que, por favor, ni locxs obsesivos-compulsivos que monten el pollo padre porque noche sales con tus colegas, ni desconocidxs que afirman ser tus novixs y luego resulta que sabes más de la vida del panadero que de la de tu supuesta pareja.