Dejemos de fingir que nos gusta hacer el 69

Innovar en la cama es genial pero con esta postura tampoco disfrutamos tanto y todxs sabemos que no es tan cómoda como la pintan

Estamos enlazados en la cama besándonos con pasión. Cuando entran las manos en juego nos tocamos la cara, el pelo, el cuello. Sus manos van desde mi cuello, pasan por los pechos, siguen por mi barriga y mete la mano bajo mis bragas. Él lo nota, sabe que estoy preparada para este momento sexualmente salvaje. Empieza la fantasía en nuestras mentes. Sabemos cómo follar convencionalmente pero a veces nos lanzamos al abismo de la locura sexual en la que buscamos innovar y probar posturas y juegos que hagan que salgamos de lo siempre.

La intimidad nos permite hacer turismo por nuestros cuerpos. Tomamos la iniciativa y el ritmo se fusiona, él encima, yo debajo, yo encima, él debajo. Estamos viajando por el maravilloso universo de los preliminares donde las manos, la saliva (o los lubricantes) entran en juego. En un momento inesperado me guía a que me siente sobre su cara y, sin saber por qué, me doy la vuelta. En segundos estamos haciendo el famoso 69, el número del sexo, la postura por antonomasia, la reina de las poses, el toma y daca, el dame y toma y así disfrutamos a la vez, ¿pero por qué?

No tengo nada en contra de esta postura, no tengo nada en contra de ninguna de ellas pero vamos a ser sincerxs: no está tan guay como parece. Mientras seguimos intentando que esta postura sexual esté a la altura de nuestro calentón, su rodilla me golpea un poco la cara, no me importa pero sí me desconcentro, en pocos segundos vuelvo a estar cachonda pero ahora es mi pierna la que, sin querer, le da en la parte de arriba de la cabeza. Otra vez. Seguimos intentándolo pero en todo este periplo yo tampoco sé con exactitud en qué debo concentrarme: si enfoco mi atención en llegar al orgasmo ya no puedo chupársela bien y si enfoco mi atención en chupársela bien, no voy a poderme correr. Basta.

Nadie se excita

La realidad es que la excitación puede mantenerse pero ninguno de los dos, en la postura del 69, alcanzaremos el orgasmo. Es cierto que llegar al clímax no debe ser nuestro objetivo principal pero es que tampoco es que esta postura nos haga volvernos locos. El sexo oral es genial, sobre todo lo es cuando se hace de forma convencional (somos más tradicionales de lo pensamos, es lo que hay). Si quieres innovar en este arte de comer los genitales siéntante encima de su cara o ponte de rodillas mientras él (o ella) está sentadx o de pie.

Todo esto se puede innovar aún más cambiando el espacio: vete a la cocina o al salón. Es más, ¿sabes cuántas partes del cuerpo son erógenas? Quizás te enfocas en los genitales y la magia está en otro lado. La cuestión es que el 69 es la definición de lo incomodidad, tanto si estás arriba como si estás abajo. Además, ¿lo has visto desde fuera? Si pusierais una cámara a grabar veríais que hay cero sensualidad en la forma que toman los cuerpos cuando están en esta postura.

Cuando decimos, así como si nada, que nadie se excita es porque se trata de una acción sexual que multitarea y, cuando se trata de sexo, este concepto es contraproducente. Para que se entienda mejor: el sexo necesita concentración, al menos al principio, no hay que estar pensando en qué tienes que hacer al día siguiente ni qué has hecho durante la mañana, el cuerpo necesita tiempo para poder conectarse al de la otra persona y también al momento, por ello esta postura puede no ser del todo positiva para empezar y para buscar ese punto de la excitación en el que ya da totalmente igual qué esté sucediendo y lo único que deseas es sentir, sobre todo, sentir placer. La atención durante el 69 es una atención a medias. Muchas preguntas pueden pasar por tu mente en ese instante, entre ellas seguramente: ¿le estará gustando así? Si estás acostumbradx a practicar sexo oral en la postura convencional, el 69 puede no ser la ideal para seguir probando.

Si varías, irá mejor

Aunque todxs podemos estar de acuerdo en que el 69, digamos, ‘hace gracia’, la realidad es que no es la postura favorita de nadie. Si se trata de innovar es perfecta y también puedes utilizarla a modo de juego, para salirse de las reglas establecidas, para proponer, para tomar la iniciativa. Creo que no conozco a nadie que me haya dicho alguna vez que esta postura es su favorita ni tampoco conozco a nadie que la practique de manera rutinaria. Obviamente no todo termina aquí, porque esta postura siempre puede variar un poco de la que conocemos para poder llegar al placer.

En primer lugar la postura, es decir, la colocación que tienen los cuerpos en ella es bastante positiva, el problema está en querer que las dos personas practiquen sexo oral a la vez. Lo que propongo es lo siguiente: mantengan esta postura pero vayan por partes. Si estás arriba apoya tus genitales sobre (por ejemplo) su pecho y practícale sexo oral, mientras tú lo haces, la otra persona puede acariciarte las piernas, acompañar tu movimiento, darte besos por las piernas… Así esa persona disfrutará y tú podrás concentrarte en practicar sexo oral. Después podéis cambiar de sitio o simplemente puedes incorporarte y sentarte sobre su cara y disfrutar. Realmente el mayor inconveniente en esta postura es que si lo hacéis a la vez, el placer estará a medias: ni te excitarás a tope ni podrás hacer que la otra persona disfrute bien.

No se trata de venir aquí a decir qué tenéis que hacer y qué no, se trata de hablar de una realidad que puede estar silenciada. Tenemos la postura del 69 sobre un pedestal y tampoco mola tanto. Eso sí, si se trata de variar, de jugar y de probar posturas diferentes, bienvenidas sean todas las posturas e incluso el kamasutra entero. Hay muchas otras posturas que están enfocadas hacia el placer sexual y que seguramente aún no conoces ni tampoco has probado. Si tu objetivo es innovar en la cama, olvídate del 69. Es un consejo.