Todo lo que deberías saber antes de ponerte un piercing en el pene

Que su regio nombre no te engañe, un 'Principe Alberto' es un piercing en la punta de la polla. El origen del piercing más común que cuelga de los genitales masculinos del personal se debe a la inventiva de Beau Brummell, más conocido como “el bello Brummell”. Resulta que este modisto londinense era algo así como el John Galiano de la época Victoriana (s.XIX) y marcaba tendencia entre la corte de la reina Victoria llegando a inventar el actual traje de chaqueta y corbata.

Según cuenta la leyenda, un buen día al bueno de Brummell se le ocurrió una curiosa idea para asegurar que el enorme pene del por entonces príncipe consorte, Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha, no se balancease cuando montase a caballo y, de paso, no provocara el pánico entre las féminas cada vez que tuviese una erección con pantalones ajustados. La solución pasaba por un piercing en forma de aro que asegurase su real herramienta anclada y que pasó a llamarse ‘Príncipe Alberto’.

Desde entonces, y pasando por su auge en la década de los 70´s cuando un tal Jim Ward lo popularizó en el underground gay de Los Ángeles, se ha convertido en un clásico del mundo de las perforaciones. Un elemento de distinción del que muchos dicen que otorga a su portador una vida sexual digna de los más altos empotradores de prestigio. Pero, ¿realmente se puede afirmar que un Príncipe Alberto te eleva un peldaño en la escalera fucker?¿Es peligroso usarlo?¿Vale la pena correr el riesgo? Lee todo esto antes de lanzarte a la aventura.

Con higiene y precaución todo es posible

Para salir de dudas, hemos querido preguntar a un piercer profesional y una andróloga para extraer nuestras propias conclusiones. “No es un piercing problemático, de hecho hay muchos otros piercings en el cuerpo que pueden dar más problemas que un Príncipe Alberto. Los piercings de oreja, por ejemplo, pueden tener granulomas, infecciones, etc. porque están muy expuestos”, dispara primero Alejandro Pedrosa, piercer en el estudio L´Embruix de Barcelona y que sabe lo suyo de agujerear glandes (o clítoris) ajenos.

Eso sí, Alejandro recuerda que, evidentemente, los problemas existen y no son pocos: “los riesgos van desde una infección a un desgarro del glande pero haciéndolo todo bien es muy poco probable que estas cosas sucedan”. Menos convencida de lo fácilmente evitables que son los inconvenientes de colocarte un trozo de metal (o plástico) en el pene se muestra la andróloga en la Fundació Puigvert de Barcelona, Maria Fernanda Peraza.

“El hecho de crear una cavidad nueva siempre predispone a que esta pueda servir de depósito de microorganismos y más si no existe una buena higiene. Además, el peligro de desgarro es real porque, a diferencia de un piercing en la nariz, el pene sí esta sufriendo una fricción intensa durante el acto sexual. También están las infecciones graves, hemorragias y la necrosis a consecuencia de una mala curación o de un desgarro. Si el paciente no se trata puede hasta llegar a gangrenarse”, apunta la experta.

En este sentido, la opinión de Alejandro es que, si bien lo que apunta la doctora es totalmente cierto, precisamente las personas que optan por un Príncipe Alberto suelen ser las más experimentadas con este tipo de cosas. “Hay que tener en cuenta que a la hora de hacerse un piercing en los genitales la gente lo tiene mucho más controlado, le da más cosita y lo cuida mucho más”, explica aunque reconoce que de todo hay y que algunos pasan de estar un mes o dos sin meter a su amiguito en una oquedad ajena.

“Hay el que una semana después de ponerse un Príncipe Alberto ya está teniendo relaciones sexuales lo que aumenta los riesgos de infecciones, desgarros o el contagio de cualquier tipo de enfermedad”, dice Alejandro que insiste en que la curación y el mantenimiento son clave a la hora de adornar tus partes nobles. Pero, un detalle que apunta la doctora Peraza es que, precisamente, el hecho de estar colocado en tus áreas más privadas hace que “los que sufren por complicaciones vienen muy tarde porque les da vergüenza”.

La delgada línea entre el placer y el dolor

Vale, a estas alturas ya sabemos dos cosas: el Príncipe Alberto es seguro si se toman precauciones (higiene, curación correcta, etc.) y que, si las incumples, se te puede llegar a caer a pedazos literalmente. OK. Pero… ¿Y a nivel sexual?¿Es cierto que mejora el sexo?¿Me valdría la pena taladrarme la punta del pene para sorprender a mi churri estas Navidades? Pues en esto este piercing también se convierte en un arma de doble filo en la que el dolor y el placer establecen una dialéctica bastante hardcore.

“Es evidente que al generar mayor presión, a veces punzante, e incluso dolor, se puede percibir esto como un aumento de placer. Esta percepción es muy subjetiva y no tiene porqué ser igual para todo el mundo, también hay personas a las que incluso les agrada aplicarse corrientes eléctricas en el clítoris pero como especialista no te lo voy a recomendar. Piensa que puedes afectar al tejido nervioso que es muy importante en esta parte del cuerpo”, apunta la andróloga.

Por su parte, Alejandro no duda de que en la mayoría de los casos el piercing es un gran potenciador en el sexo. “El motivo principal para el Principe Alberto es el sexual. Si tu pones un aro que sobresalga 5 mm es todo ese tamaño o grosor que gana el pene. Además, la punta es de metal no de carne, por lo que la relación es mucho más intensa con alguien que tenga un Principe Alberto que con alguien que no lo tenga”, asegura el piercer que, además, apunta a que “a nivel psicológico también da mayor seguridad”.

De hecho, el experto afirma con total rotundidad que ninguno de los penes que han sido adornados por su joyería (algunos de más de 25 centímetros según su ojo experto) ha desistido de portar un Príncipe Alberto por problemas en la cama: “No me he encontrado a nadie que se lo haya quitado por problemas sexuales, sino porque simplemente se han cansado de llevarlo o porque su pareja sexual se lo ha pedido porque le dolía o le molestaba. Con una joyería normal no puede desgarrar una vagina”.

Piénsatelo, tu pene te lo agradecerá

Si bien la doctora Peraza entiende que las lesiones son excepciones y comparte que se pueden evitar con un mínimo de sentido común, los aspectos psicológicos por detrás de estas modificaciones más drásticas del cuerpo no acaban de parecerle razonables. “En los piercings, escarificaciones y en menor medida los tatuajes hay una voluntad de autolesionarse o de infringir la autoimagen. No es grave y estáticamente puede ser hasta atractivo, pero a partir de cierto nivel es para mirárselo”, concluye.

Al final, y después de hablar con la gente que sabe glandes adornados, queda claro que ponerse el Príncipe Alberto no es para tanto si tienes un poquito de cuidado y no esperas convertirte en un sucedáneo de Nacho Vidal. ¿Que puede mejorar el sexo? Sí, pero si eres muy sensible y/o tu pareja también, lo suyo sería que te lo pienses muy bien antes de tomar la decisión. Eso sí, como me dice Alejandro, siempre, siempre y siempre acude a un profesional cualificado. Tu pene lo vale, en serio.