Carta Abierta A La Persona Que No Me Dio El Amor Que Me Merecía

Apreciada,

Te recuerdo.

Confieso que a veces no fui perfecto, podría haber dicho basta mucho antes, podría haberte parado los pies. Son tantas las discusiones que podría haber evitado, tantos gritos, tantos remordimientos. Pero no quise hacerlo, aposté por ti, mostré mis cartas y, all in, que hemos venido a jugar.

Y perdí. Perdí en este juego del amor y me convertí en un caballero desalmado que iba sin escudo ni espada, siempre poniendo por delante nuestra relación frente a mi orgullo interior. Te creía real, me veía perfecto a tu lado, supimos sacar siempre las mejores de nuestras sonrisas sin haberlo entrenado. La palabra imposible no existía contigo, éramos capaces de todo, los problemas eran menores si nos teníamos el uno al otro. Aprendimos mucho, tú a sentirte querida y yo a entregarme en el amor.

Sé que saqué lo mejor de ti, que todos los esfuerzos no fueron en vano, esas conversaciones que acababan en carcajadas, esos viajes inolvidables y esos momentos íntimos ya forman parte de nosotros. Todo esto nos ha hecho seguir andando, a ratos solos y a ratos acompañados, por este camino que llamamos vida, sin echar la vista atrás. Como decía Antonio Machado: "Caminante no hay camino, se hace camino al andar".

De tanto andar nos salieron alas, sobrevolamos el mundo y tuvimos dudas de si la luna era realmente nuestro hogar. Contigo pude dar todo lo que quería, eras la musa del poeta, la inspiración del pintor, la melodía del guitarrista y los versos del cantautor.

No aprendiste a valorar lo que yo te daba, seguí tu equivocación y competí con mi yo del día anterior, intentando satisfacer tus deseos anteponiéndolos a los míos, luchando por algo que ya no tenía sentido. Quizás fue eso lo que falló, te acostumbré tan bien que no había margen de error, cuando el error quizás fuiste tú.

No creo que me equivocara, cada uno hace las cosas como le salen de dentro, y dentro de mí estaba marcado en rojo hacerte feliz. Sé que lo hice, pero tuviste miedo a perderme, y tal vez por eso preferiste perderte. No te guardo rencor, deseo que todo te vaya genial y que por primera vez puedas ser tú misma, sin dejarte influenciar ni afligir por las adversidades o la cobardía.

Nunca desearé algo malo para ti, siempre seguiré dispuesto a ofrecerte mi mano, mi sonrisa o lo que necesites para tu bienestar. No te recuerdo como un fracaso, porque fracaso significa suceso funesto, y tú me has hecho mejor persona.

He aprendido que el amor no es demostrarlo todo por una persona; el amor es levantarte satisfecho contigo mismo, mirar el día que tienes por delante y saber que vas a hacerlo tuyo, sea con quien sea y de la manera que uno mismo quiera.

Así que gracias. Gracias por haberme hecho aprender que quien se quiere a uno mismo está preparado para querer a los demás, que si actúas como sientes, todo cobra sentido; que puede florecer en otoño; que podemos parar el tiempo y disminuir el espacio; gracias por inspirarme en la poesía, en la pintura y en las canciones y, por encima de todo, gracias por descubrirme que la palabra amor debe ir siempre asociada a valor.

El valor que no tuviste, el valor añadido que dábamos juntos, sin impuestos pero con grandes inversiones en forma de diversiones.

Te recuerdo. Y sí, a veces me da por pensar en ti, pero no por nostalgia, ni tristeza, ni rencor, sino para recordar por qué es mejor que ya no estés aquí.

Crédito de la imagen: Tumblr