Rupturas: ¿Se Puede Dejar De Querer A Alguien?

Es una de las preguntas más comunes de nuestra generación; bueno, de casi cualquier ser humano en la faz de la Tierra desde hace miles de millones de años. Bien es cierto que antes no existía la Vogue, Sexo en Nueva York o los cupcakes, pero eso no significa que la gente no se hiciese preguntas "dramáticas".

No hay una respuesta absoluta sobre el amor, o sobre lo que sea esa cosa que hace que pienses más en ti que en otra persona. Pero sí hay jurisprudencia, es decir, hay historias que dan fe de que se puede salir del pozo. Así que si me permitís esta licencia, seré muy radical: sí, se puede dejar de querer a alguien.

Para que el juicio no sea demasiado subjetivo y podamos construir una sentencia firme sobre ello, aportaré unas cuantas pruebas. Señorías, comienza el litigio.

1. Cuando menos te lo esperas piensas en ti

Siempre hay un día clave que marca el cambio de rumbo. Ese momento coincide cuando decides liberar espacio de tu disco duro. Presionas el botón y restauras tu sistema operativo, pero justo antes limpias la mierda que no te permite hacerlo. Vas llenando la papelera de sus cosas y las cambias por las tuyas.


2. Empiezas a preguntarte cosas

No habías vuelto a filosofar desde que empezaste tu relación. Queda lejos aquella vez que leíste a Nietzsche y creíste empezar algo nuevo dentro de ti. Ahora vuelves a intentarlo y lees:

"Si lo intentas, a menudo estarás solo, y a veces asustado. Pero ningún precio es demasiado alto por el privilegio de ser uno mismo".


 3. Sueñas que eres una estrella del rock

Hacía meses, o años (lo que tú consideres que hayas invertido en tu pareja) que no se te iba la pinza contigo. Sí, como cuando tenías 8 años y creías que eras un ídolo de masas. Desde que lo has dejado vuelves a tener ganas de "subirte al escenario", quieres hablar con el espejo y sueñas en voz alta. Vuelves a petarlo.


4. Abandonas a Platón

Bueno, a su caverna. Te has tirado toda la relación viviendo una realidad ajena a ti. Has levantado unos muros llenos de sombras placenteras donde habitaba la rutina y la comodidad. Poco a poco vuelves a construir un jardín lleno de luz, un territorio dinámico donde no paras de buscar, de avanzar, de crecer, de encontrar tu mundo para mostrárselo a los demás. Compartes.


5. Te importa el mundo

Es una fase fundamental. Es el momento crucial, tiene que pasar en toda fase de olvido, porque si ya has abandonado la cueva y te has puesto las gafas para ver mejor, querrás interesarte por todo. La curiosidad vuelve a ti con las mismas ganas que hace años y necesitas descubrir para volver a ser feliz. Te importan.


6. Eres capaz de reemplazar tus recuerdos

Dejas de mirar al pasado para vivir. Sabes que eres todo lo que ha sucedido en tu vida, pero precisamente por eso no quieres desperdiciar ni un segundo más tirando de tu historia. Ahora solo quieres momentos nuevos, personas diferentes, sentimientos y aventuras que te hagan volar. Lo has conseguido.


Señorías, no tengo nada más que decir.