El Que Tuvo Morro Y Se Lo Pisó

¿Cuántas veces has escuchado eso de “échale morro”? “Echarle morro”, ¿es bueno? ¿Es malo? Cuando me dicen que le “eche morro” al asunto –al que sea–, me veo en la disyuntiva de pensar que soy tonta de remate por no entenderlo, o bien por no tenerlo y limitarme a pensar en esa parte de la cabeza de algunos animales, entre la nariz y la boca. Sí, dentro de los animales también englobaríamos al ser humano. Aquí, seres vivos todos.

Tener morro es colarse en la cola de la carnicería del súper sin tener número. Tener morro, para aquellos que aún estudian y se molestan en tener unos apuntes dignos de ser expuestos en las mejores galerías de arte, es que venga otro y los desgaste con fotocopias. Ese, mientras tú hincabas los codos, estaba en el bar, jugando a las cartas y bebiendo cerveza. Tener morro es quedarte sentado en el sofá, sin hacer nada, esperando a que el trabajo llame a tu puerta. Tener morro es que el Gobierno se ría de nosotros y nos robe. La mentira es tener morro.

¿Qué es si no el morro más allá del descaro y la desfachatez de saltarse las leyes no escritas de la convivencia?

El otro morro, “el bueno”, es enfrentarse a los problemas, el de superarse, el de ser capaz de que lo que te digan los demás haga de ti la mejor versión de ti mismo, pero jamás, la que ellos esperan. Tener morro es luchar contra un cáncer. Tener morro es vivir en otro país, abandonando tus raíces, por amor. Tener morro es defender la verdad. Tener morro es decirle a esa chica que te gusta. Tener morro es ser valiente. Tener morro es no avergonzarse de que ese mor(R)o se convierta en mor(B)o; un morro pícaro y saludable. Un atrevimiento demoledor que te hace reír.

El atrevimiento necesario para que en ocasiones despertemos de nuestra burbuja y sepamos que hay ciertas cosas en las que sí es necesario “echarle morro”; en las que conllevan salud, en las que nos hacen felices, en las que hacen felices a los demás. Lo siento, pero no en las que dañan o pisotean personas y pasan por alto principios morales.

Aunque continuamente recibas lecciones de “cómo echarle morro”: cómo trapichear, cómo pisotear a los demás, cómo llegar más alto... ¿de qué te va a servir? Nadie quiere a su lado a una persona irrespetuosa.

Échale morro (del otro) a tus sentimientos y písatelo si hace falta.

Crédito de la imagen: Jared Tyler