Somos Infinitamente Pequeños, Pero Pensamos En Grande

¿Alguna vez has reflexionado sobre lo pequeños que somos? Si solamente nos comparamos con el espacio territorial en el que convivimos con otros y hacemos una toma satelital, ni siquiera nos veremos. El mundo es tan enorme que la inmensidad de cualquier océano nos deja perplejos si pensamos en lo fácil que nos perderíamos en él. ¿Qué hay del universo? Ni siquiera se puede calcular.

Somos infinitamente pequeños en comparación con todo lo que nos rodea, y cualquier individuo acomplejado por su tamaño vería esta inmensidad como una gran amenaza. Cualquier reto, cualquier aventura, cualquier posibilidad de intentar algo que supere con creces su minúsculo volumen corporal lo haría rendirse inmediatamente mientras sostiene la bandera blanca del ¡Yo no puedo! Pero si somos tan pequeños, tan vulnerables… ¿Cómo podemos contrarrestar eso? Muy simple: nosotros pensamos en grande.

Y pensar en grande significa que intentamos descubrir aquello que no conocemos e inventar lo que nadie siquiera aún imagina. No nos quedamos de brazos cruzados ante lo nuevo, ante lo desconocido; marchamos hacia adelante con la frente en alto y con la mirada puesta en el objetivo, porque sabemos que de nada sirve sentarse a esperar. No nos refugiamos en la excusa de la fe cuando no entendemos algo, al contrario, sabemos que si no activamos nuestra voluntad terminaremos ignorando aquello que puede estar a centímetros de nuestra vista.

La inacción es la zona de confort de los mediocres, de esos que se conforman solo con lo que pueden ver a simple vista pero que temen mirar más allá. ¿Has pensado cómo sería la juventud sin correr riesgos? Sería como ir a la playa en un día lluvioso o como probar un cubalibre sin ron: aburrido y sin sabor. Pensar en grande es saber que es posible lograr aquello que te propongas porque tu voluntad no tiene límites y eso te da el coraje que necesitas.

Puede que en tamaño seamos tan pequeños como una mota de polvo, pero esa gran máquina que se protege tras las paredes de nuestro cráneo nos hace imaginar, desarrollar y crear cosas que ni siquiera existen. Y es con esta actitud con la que debemos ir de frente ante cualquier nuevo propósito.

¿Estás buscando trabajo? ¿Quieres empezar tu propio negocio? Tu voluntad es tu mejor aliada y tu pensamiento libre se convierte en esa autopista sin límite de velocidad, por la cual tus ideas pueden correr sin obstáculos. Ten en cuenta siempre que seguramente esa persona que tienes en frente se siente incluso más pequeño que tú, lo cual te da una ventaja inmensurable al momento de competir.

No te detengas, no te rindas, que ningún reto es tan grande como la inmensidad de tus pensamientos.

Crédito de la foto: Eric Magnuson