No Es Importante Que Existan Unicornios

No es importante que existan unicornios. En el fondo nos da igual. Porque no es que nos gusten. De hecho, la mayoría ni siquiera ha visto uno. Lo que en realidad nos gusta es creer en ellos, quiénes somos cuando creemos en ellos.

¿Cuando alguien encuentra a la persona de su vida como pareja, uno tiene que sentir lo mismo que el otro? ¿Es correspondido? No necesariamente. Igual que no necesariamente lo que de entrada creemos que es amor, lo es, o lo que a veces creemos que nos hará bien, resulta que finalmente no nos hace nada. La persona de nuestra vida no siempre es correspondida, porque no siempre queremos que lo sea. La que escogemos como nuestra persona perfecta varía mucho según el momento en el que nos encontremos.

Unas veces, puede que lo único que busquemos sea curar viejas heridas y escojamos a alguien que nos cuide y saque lo mejor de nosotros. Otras, todo lo contrario; buscamos hacernos heridas más grandes, para dejar así de fijarnos en las que traemos de serie. En cambio, si lo que queremos es un respiro, cuando de ocultarse se trata, nada mejor que esconderse a la sombra de alguien con defectos más grandes que los nuestros. Aunque si lo que realmente deseamos es escapar y dejar atrás todo lo que no fuimos capaces de arreglar, alguien ligero de equipaje es justo lo que estamos buscando.

Sin embargo, la mayoría de las veces, la que elegimos como persona de nuestra vida es aquella a la que admiramos. Esa cuyas virtudes creemos que compensan todos nuestros defectos; esa que reúne todo lo que echamos en falta; esa a la que escogemos sin importar si ella nos escoge a nosotros.

Ahora bien, cuando ya has pasado por todas estas fases, por todas las etapas por las que un humano puede pasar e incluso has contribuido a la causa de la autorrealización personal encontrando otras nuevas, ¿qué? ¿Qué pasa cuando no tienes un motivo para buscar a la persona de tu vida porque ya los has gastado todos? Entonces, la encuentras. Porque aunque unas elecciones duran más que otras, todas nos sirven de algo. Nos sirven para entender que la persona perfecta no tiene que ver ni con mitades, ni con almas gemelas, sino con algo mucho más simple: ser nosotros mismos. Y que el verdadero amor, el que todo el mundo busca, del que hablan las canciones, es simplemente aquel que nos hace importantes. Tan importantes como unicornios.

Crédito de la imagen: Chad Moore