¿Cuáles son los errores de las parejas que acaban en ruptura?

Año nuevo, vida nueva, y... ¿pareja nueva? Dicen los expertos que tras periodos vacacionales como las navidades o el verano, aumenta el número de rupturas. Las principales razones por las que acabamos con alguien se repiten constantemente: celos, infidelidades, falta de comunicación, incompatibilidad social o cultural, planes y proyectos contradictorios (hijos, carreras, trabajos), pérdida del amor (muchas parejas empieza demasiado jóvenes), problemas económicos, problemas de sexo, etc.

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Pero, ser consciente de que estas fechas son un momento crítico para muchas parejas, no nos libra de la posibilidad de protagonizar el final trágico de una relación en cualquier momento. Así que, con la intención de analizar los motivos que llevan al fin de tantas historias de amor, hemos consultado a la psicólogas de parejas de cabecera, Elvira Nieto, para que nos explique precisamente esto: ¿por qué rompemos?

El origen de los conflictos

"No nacemos con una idea de lo que es una pareja ideal, ni de cómo tiene que funcionar para que podamos definir la relación como buena o mala. Son conceptos que vamos aprendiendo de nuestro entorno, desde las películas de Disney hasta de la relación de nuestros padres o hasta de la publicidad que nos rodea. Es decir, empezamos a aprender y a creernos ciertas 'normas' que nos enseñan el modelo de pareja perfecto", cuenta Nieto. Sin embargo, el problema de este aprendizaje por comparación es que, con el tiempo, termina siendo contraproducente.

Así lo cree la psicóloga al insistir en que "el primer error que cometemos es comparar estos modelos perfectos o idealizados con nuestra propia relación". Porque, como apunta Nieto, "es algo que solo nos llenará de sentimientos negativos como: ‘mi pareja no va bien’, ‘tenemos un problema’ o ‘esto tiene que cambiar si queremos llegar a algo’". Además, los problemas también pueden llegar al compararnos con otras parejas conocidas o, incluso, buscando referencias en libros de éxito de manera errónea.

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"Algunos podríamos leer parte de los diez hábitos sencillos para que las parejas sean felices del psiquiatra Mark Goulston como irse a la cama al mismo tiempo, caminar juntos de la mano o decir a menudo te quiero, y pensar que no somos felices con nuestra pareja. Pero nos equivocamos. Porque, más que llevar a nuestra relación hasta un terreno mucho más prometedor, el hecho de compararnos puede desencadenar muchos conflictos y sufrimiento en nuestras relaciones", resume Nieto que añade que, de este modo, "nuestra relación terminará distorsionándose hasta que no reconozcamos qué es lo que va bien y lo qué no".

En esencia, la psicóloga apunta a que el verdadero error en muchas relaciones de pareja es que muchas veces no somos conscientes de que esta idea de ‘pareja feliz’ la tomamos como una verdad absoluta y, precisamente por ello, sentimos y actuamos en consecuencia.

Tipos de relaciones y sus consecuencias

Pero, para entender cual debería ser nuestro referente sin recurrir a las ideas románticas ni los clichés, lo primero es concienciarse de que existen tres modelos básicos de relación:

  • Modelo distante: cada uno va a su aire.
  • Modelo intermedio: compartimos parte de nuestras vidas y la otra parte la reservamos para nosotros mismos.
  • Modelo sobreinvolucrado: lo hacemos TODO juntos.

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"El más problemático es este modelo sobreinvolucrado", asegura Elvira Nieto. "Pensar que lo tenemos que hacer todo juntos porque, otra cosa significaría que no nos queremos, puede dar lugar no solo a conflictos, sino también infidelidades en un caso más extremo. Porque, es probable que llegue un punto en que no nos apetezca hacer todo juntos, pero nos veamos obligados para agradar al otro", explica la experta.

Y, ¿a qué nos lleva esto? "A asociar a nuestra pareja con sensaciones negativas, empezaremos a evitar estar con esa persona y vemos más atractivas a otras", responde Nieto.

Pero, ¿por qué hay temas que nos molestan?

Hay ciertos temas que, cuando nuestra pareja los “toca”, reaccionamos de forma negativa, impulsiva y, en ocasiones, agresiva. Estos temas sensibles tienen directamente que ver con nuestras experiencias pasadas. Por ejemplo, si a una persona le han sido infiel, es probable que ciertos comportamientos de su actual pareja disparen todas las alarmas (algo tan sencillo como, por ejemplo, no contestar a un mensaje de Whatsapp). Sin embargo, su pareja, estará perdida en esa reacción, no sabe a qué se debe y probablemente le irrite. Y comienza así un conflicto.

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"También ocurre que no sabemos manejar las diferencias. Las mismas que existen desde el principio pero que pasamos por alto o, incluso, pueden resultarnos atractivas. El problema es que. con el paso del tiempo, no es que estas diferencias se hagan más grandes, sino que directamente nos empiezan a irritar y comenzamos a creer que los problemas que se dan en nuestra pareja se deben a esas diferencias (que siempre existieron, recordemos)", añade Nieto.

Se crea pues un círculo vicioso y las parejas se quedan atrapadas en ese bucle: tenemos discusiones porque somos diferentes y por tanto incompatibles, así que tenemos que romper.

¿Cuáles son los errores que cometemos?

  1. Intentar conseguir lo que uno quiere de forma indirecta.

Por ejemplo, tras una discusión me quedo en silencio varias horas para hacer ver a mi pareja que estoy mal y conseguir que me haga caso. Puede que las primeras veces se consiga pero con el tiempo, perderá efecto y cada vez tendrás que permanecer más tiempo en silencio o hacer otras cosas para conseguir el mismo resultado. Lo cual, produce cada vez más tensión en la pareja.

  1. Descalificaciones.

Por ejemplo, decir durante una discusión: “tienes un problema”, “estás loca/o”, “con lo divertido/a que eras, ahora eres un soso/a”. Las descalificaciones aumentan la irritación y también tensan más la relación.

  1. Extremarse en la propia opinión.

Con el objetivo de hacer entender y arrastrar a la pareja a nuestro punto de vista. Por ejemplo: en una pareja uno de los miembros le gusta irse con sus amigos  y, al otro, le gusta estar tranquilo en casa. Si los dos puntos anteriores se mantienen a lo largo del tiempo, lo que sucederá es que uno de ellos comience a salir más con sus amigos  (y el otro pensará que es un egoísta y que no le hace caso) y, en cambio el otro, se quedará más en casa (y su pareja pensará que es un aburrido/a).

Extremarse en la propia opinión hace que estemos atrapados y no encontremos salida a nuestros conflictos. "Este tipo de reacciones y de formas de pensar son normales puesto que es complicado huir de la sociedad que nos rodea pero, si comienzan a darse con regularidad y se mantienen a lo largo del tiempo, dan lugar a numerosas discusiones que acaban con la ruptura de la pareja", asegura Nieto.

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Intentar cambiar al otro es una trampa

Pero antes de que comiences a pensar que tus relaciones están destinadas al fracaso, es importante entender que esta forma de pensar es aprendida y, por tanto, puede ‘desaprenderse’. Podemos y debemos buscar otras formas más adecuadas, que cuiden la calidad de nuestra relación de pareja. En este sentido, en países como Estados Unidos las terapias de pareja suponen un tratamiento de primera elección para tratar las infidelidades, los divorcios o diversos problemas.

En España, aunque con el tiempo se ha convertido en algo más solicitado, las terapias de pareja se siguen viendo como algo prescindible o la última opción para reflotar una relación. Sin embargo, la psicóloga recomienda pasar por la experiencia de la terapia a parejas sin problemas aparentes. "También se puede aprender a entender mejor al otro en sus comportamientos, pensamientos y emociones, a comunicarse mejor, de una forma más eficaz, a potenciar los puntos fuertes que les unen y por supuesto a evitar conflictos en el futuro", concluye Elvira Nieto.