Cómo Deshacerte De La Culpabilidad Cuando La Cabrona Te Acompaña A Todas Partes 

La culpabilidad es eso que probablemente sientas cuando te propusiste ir al gimnasio y no lo has hecho, cuando decidiste dejar de fumar y no lo conseguiste, cuando engañaste a tu pareja que tan poco lo merecía o cuando le fallaste a tu padre en algo muy grave. Es eso que te machaca, te aplasta y no te deja levantar cabeza. El sentimiento de culpa es uno de los más nocivos que existen. Pero, como todas las demás emociones, también es necesaria, o más bien en su variante positiva, que es el hecho de hacerte responsable de tus actos.

La culpabilidad es como tomarse un veneno que te deja sin fuerzas y sin ganas de vivir. Cuanto más tiempo pasas con ella, sintiéndote mal, reprochándote no haber hecho las cosas de otra manera, más agotado te vas a encontrar. Es un veneno muy abundante en nuestra sociedad y tiene un efecto de desgaste mucho mayor de lo que nos podemos imaginar.

Sin embargo, cuando asumes la responsabilidad de algo que has hecho 'mal' en lugar de enfocar tus pensamientos y tu energía en machacarte, te planteas si puedes cambiar algo, si tienes que pedir perdón o cómo encontrar una solución creativa. La diferencia es que en una te dices a ti mismo: "he cometido un error" y en la otra "soy una mierda".

Si por ejemplo, yo había decidido comer menos chocolate, terminar un trabajo o estudiar para un examen y no lo hago, cuando empiece a culpabilizarme me estaré quitando más aún las ganas y las fuerzas para hacerlo. Es como si fueras en bici y quisieras llegar rápido a un sitio pero apretando constantemente el freno. Evidentemente te costará mucho más llegar, estarás agotado y no habrás disfrutado en absoluto del camino. Porque precisamente la culpabilidad nos quita la capacidad de disfrutar de las cosas.

No quiere decir que no haya un momento en el que puedas tener emociones de rabia, tristeza o incluso que sientas desesperación por lo que ha ocurrido, pero es vital no quedarse estancado en ellas. Después de un tiempo debes dejarlas marchar y pasar página para no amargarte la vida.

Seguramente estés pensando que es muy fácil de decir pero que cómo se pone en práctica. En primer lugar, necesitas aprender a identificar cuándo te metes en ese estado. Sentirás una opresión en el pecho, los pensamientos negativos sobre ti mismo, los demás y la vida en general serán una constante y es posible que recuerdes momentos pasados en los que también te invade esa sensación de haber hecho las cosas mal. Y entonces cuando tus proyecciones de futuro empiezan a ser bastante dramáticas.

Un ejercicio muy útil es que cada vez que te pilles en modo 'automachaque', hagas algo bonito por ti, un gesto, un pequeño regalo siguiendo lo de “quiéreme cuando menos me lo merezca porque será cuando más lo necesite” pero aplicado a ti.

Lo que consigues dándote amor cuando piensas que no lo mereces es, en primer lugar, estar más a gusto contigo mismo y, en segundo lugar, no perder fuerzas sino todo lo contrario, sentirte fuerte, poder aceptarte y quererte tal como eres en este momento. Pero es que además esa fuerza también te permitirá hacer cambios en tu vida o en tu propia forma de ser para que te deshagas de aquello que te hacía sentir tan sumamente culpable.

Crédito de la imagen: Marisa Chafetz