La ciencia ha encontrado una forma de acabar con tus traumas

Su nombre lo habrás escuchado más de una vez en una película sobre veteranos de Vietnam: estrés postraumático. Se define como un miedo irracional provocado, a largo plazo, por las vivencias experimentadas en situaciones extremas como violaciones, accidentes o conflictos serios. Genera en quien lo padece un estrés incontrolable que le limita en su vida diaria y que provoca, por ejemplo, que jamás vuelva a caminar tranquilo por la calle o que nunca pueda volver a conducir. Y se plasma también en pesadillas, flashbacks, explosiones de ira y sentimientos de culpa o tristeza.

Todo un desafío para la psicología y la ciencia, que se afanan por encontrar su origen para poder atajarlo de raíz, acudiendo al germen del trauma por las vías de la mente y la neurología. En este sentido, expertos del National Institute of Mental Health (NIMH) de Estados Unidos aseguran haber descubierto los circuitos cerebrales que provocan el miedo a largo plazo. Y confirman que, con estos hallazgos, podrán combatir con mayor facilidad este tipo de trastornos. 

El doctor Gregory Quirk, uno de los principales responsables del estudio, explica que sus investigaciones han descubierto que el recuerdo de un miedo antiguo se representa a través de vías cerebrales diferentes a las que la mente utiliza para recordar acontecimientos recientes y que, por tanto, modificando esos circuitos se podría alterar o controlar el advenimiento de ese recuerdo. "Mientras que los recuerdos son siempre constantes a través del tiempo, las vías nerviosas que los sustentan van cambiando con el paso de los meses", explica en el comentario de su estudio.  Así, descubriendo nuevos caminos para esos viejos episodios, podría modificar la visión de estrés postraumático, que se manifiesta meses o años después de haber sucedido el hecho.

De esta forma, se acabaría con este tipo de miedo irracional. Se reprogramaría para desaparecer o, en todo caso, para que nunca se manifestase. Porque el miedo es algo lógico, normal y sano, pero el que no tiene ninguna base práctica no hace más que alterar la vida de quien lo padece. "Si tienes una mala experiencia, la memoria la guarda porque no sabe si vas a tener que utilizar ese recuerdo en el futuro para evitar el peligro", repasa Quirk a lo que añade que algo diferente es "haber tenido una mala experiencia en la calle y no volver a pisarla, o haber sufrido un accidente y jamás volver a subir a un coche". Esos miedos, más que ayudar, suponen un serio desorden mental. 

Davi Ozolin

Sus investigaciones utilizaron animales para analizar los procesos cerebrales. Sometieron a unas ratas a unos sonidos vinculados a un leve golpe, tratando de que asociasen ese tono con la pequeña conmoción. Así, observaron que su conducta se mantuvo sin grandes cambios con el paso del tiempo, pero descubrieron también que la vía del recuerdo se desvió aumentando su poder de permanencia. Las ratas habían desarrollado un estrés postraumático que se hacía patente tiempo después, como si el golpe acabase de ocurrir, y generando en ellas un miedo mucho mayor que el experimentado minutos después de haber iniciado el experimento.

Los esfuerzos se centran ahora en trabajar sobre esas vías de recuerdo. En restar la fortaleza a esa memoria del miedo, que amenaza con surgir en cualquier momento, alterando las rutinas de quien la padezca. Una forma de derribar el germen de un trauma, de superarlo en su momento y de evitar que siga causando estragos meses o incluso años de haberlo sufrido. Un avance científico que promete con acabar con el peor de los sentimientos que el ser humano puede experimentar: el miedo irracional, el que bloquea, el que anula, el que te impide seguir adelante.