Será Bonito Lo Que Quede Por Llegar...¡Felices Veintidiez!

Recuerdo que, durante algún momento de mi vida, mi cumpleaños molaba. Había regalos, mi madre me cocinaba mis platos preferidos, mis amigos de la escuela me hacían dibujos, y sobre todo, se comía tarta sin remordimientos.

Ahora ya no

Desde hace algún tiempo, cumplir años nos parece algo entre melancólico y deprimente. Otro, y otro, y otro año que se ha pasado en un abrir y cerrar de ojos. Y yo solo logro convulsionar el pie en busca de tierra, para parar esta barraca. En el espejo, la arruga del rictus parece haberse instalado ahí para quedarse. Dentro de poco, algún niño perdido tendrá que estirarme la cara para encontrarme debajo.

¡Eres tú, Peter!


El tiempo vuela y no es una frase hecha

¿Por qué cumplir años se convierte en una tortura en aceleración? 18........19......20.....21...22...23..24..25.26.272829 y veintidiez. Sí, porque eso sí que da vértigo decirlo. Los ventidiez.

Yo, con diez años, cuando intentaba discernir mi futuro, me imaginaba que a los ventidiez sería súper mayor, tendría un trabajo fijo, una casa, un marido, tres hijos y dos perros. Sin embargo, ahora me veo y, ni casa, ni niños, ni marido, ni perros, y no hablemos de lo del trabajo fijo, que me duele el costillar de tanto reír. ¡El tiempo ha pasado a toda pastilla y no me ha dado tiempo a hacer todo lo que tenía que haber hecho! ¿Qué ha pasado?


Perdí el tiempo viviendo

Los tiempos cambian, aunque no más que yo. Y mientras el mundo giraba yo decidí estudiar, aprender idiomas, viajar por el mundo, conocer personas nuevas, hacer amigos y aprender quiénes son los buenos. Probé sabores extraños, leí libros, vi películas y escuché discos. Salté de un empleo a otro, sin buscar EL trabajo, sino buscándome a mí misma. Tuve novios, ligues, y algunas historias que jamás debieron ocurrir. Subí montañas, salté a lagos, crucé ciudades y me perdí en ellas, pero siempre me terminé encontrando.

Visto así, mis veintidiez son una miseria comparada con todo lo vivido. Mis veintidiez parecen un milagro apretado lleno de magia y vivencias, y lo único que puedo pensar es en qué más tiene la vida reservado para mí en los próximos veintiveinteveintitreinta y más allá. Y de pronto, la ilusión que sentía de niña al llegar mi cumpleaños regresa a mí, cuando finalmente recuerdo que la edad no es un número, sino una actitud.

¡Así que felices veintidiez, y a comer tarta baja en remordimientos!