Ni putas ni princesas: el curso que enseña que las mujeres son más que tetas y culos

Recuerdo que mi tía estaba preocupada cuando se quedó embarazada. Me acuerdo muy bien de la ansiedad que le generaba criar a una niña en un mundo de hombres. Había sufrido esa prepotencia de los hombres con respecto a las mujeres en su propia casa desde pequeña. El mejor pedazo de pescado siempre era para papá y mamá se ocupaba de cocinar, barrer y lavar aunque los dos echaban las mismas horas trabajando en el bar. Creo que algo parecido debió de sufrir Mer Flores cuando se quedó embarazada el año pasado. Ella, además, trabaja en un instituto y ha visto una y otra vez esas actitudes machistas y sexistas en niños de 15 y 16 años. Las cosas que a veces pasan en un colegio público a esa edad. Cuando manoseaban a la chica con los pechos más grandes y, como respuesta, ella soltaba un bofetón o una colleja. Todos aceptaban ese comportamiento como un juego, pero lo que ella sufría era machismo.

Cuando Mer Flores se quedó embarazada, también se planteó cómo criar a su hija sin prejuicios. Buceando en internet encontró el curso que imparten Irene García y Mónica Serrano desde hace dos años. Es un ciclo que se titula Ni putas, ni princesas: cómo criar hijas libres, que dura 12 semanas y que cuesta 800 euros. La idea se les ocurrió cuando iban a ser madres: a las dos les preocupaba la violencia contra la mujer. Irene es licenciada en Psicología y Mónica en Biología y durante su vida se enfrentaron muchas veces al machismo.

Mer decidió hacer el curso el año pasado cuando su hija tenía solo unos meses. Ahora, en broma, siempre cuenta que Ni Putas, Ni Princesas le ha jodido la vida. Lo dice porque después de hacerlo se dio cuenta de que el machismo está muy enquistado, que está en las películas, en las canciones y hasta en la manera de sentarte en el autobús. Lo mismo le pasó a Laia Simón, a Plar Martínez, a Mercedes Granda o a Begoña Lorenzo, algunas de las 50 mujeres que pasaron por el ciclo: a todas les entró un poco el pánico cuando fueron conscientes de todos los sitios a los que llegaba el sexismo.

Parece irrelevante, pero el diccionario es un libro escrito en orden alfabético en el que el masculino (niño) está antes que el femenino (niña) cuando la letra a ocupa la primera posición del abecedario y la o, la decimosexta. Es uno de los ejemplos que ponen en Ni Putas, Ni Princesas sobre el machismo que no se ve y que se debe explicar a un hijo. Son tantos que durante los ocho módulos temáticos que tiene el curso les da tiempo a discutir de música, de series o de películas a la vez que conversan sobre el canon de belleza, el papel de la mujer en la familia, los tipos de violencia, el sistema patriarcal o los arquetipos femeninos. Una canción de la que hablaron siempre en los seis cursos que ha habido hasta ahora es Every breath you take, la más conocida del grupo británico de rock The Police. El tema, que muchas personas entienden como un alegato de amor, es en realidad el relato de un acosador que persigue a su expareja, con estrofas como Oh, ¿no puedes ver / que tú me perteneces? / con cada paso que das o cada aliento que tomes, cada movimiento que hagas / cada atadura que rompas / cada paso que des / te estaré vigilando.

El sexismo que le preocupaba a Mer era este. Un machismo que también está en las series infantiles, con productos como Phineas y Ferb, uno de los dibujos animados más populares de estos últimos años en el que todos los personajes principales son hombres; en los juguetes, como en una de las últimas colecciones de Playmobil en la que no había una sola figura femenina; o en cosas más conocidas, como la distribución de las tareas domésticas, donde muchas veces son las abuelas o las madres quienes acostumbran mal a los pequeños.

Todo este contenido, esta muestra de que la sociedad encarama a los hombres y minusvalora a las mujeres, le está sirviendo a Mer para criar a su hija y para su trabajo como profesora en el instituto. Desde hace un año es la tutora de una clase de bachillerato y aprovecha para fomentar entre sus alumnos las actitudes de igualdad que aprendió en Ni Putas, Ni Princesas. Justo lo que hubiese querido mi tía para su niña.