Mis Padres Tenían Sida, Pero No Los Cambiaría Por Nada

Tania Gongar es hija de expolitoxicómanos portadores del VIH que desarrollaron la enfermedad del sida. Detrás de esta primera frase tan dramática, al contrario de lo que podamos creer, existe una historia cargada de luz, respeto y un amor incondicional. Esta actriz y directora abofetea a nuestra sociedad -acostumbrada a señalar con el dedo, sin preguntar ni escuchar- con su cortometraje Al Margen, un guión que nació tras la muerte de su padre. Pero para llegar hasta aquí, aún nos queda conocer muchas partes del camino.

Desde los diez años, Tania vivió en centros de acogida, mientras su padres buscaban la salida del mundo de las drogas, miembros indeseados de su familia desde los 80. A pesar de que el matrimonio convivía con una adicción autodestructiva, a ella nunca le faltó cariño, valores positivos que poner en práctica, abrazos, y unos padres que, como cualquiera, añoraban verla crecer y desarrollarse como persona.

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Tania Gongar, directora de Al Margen, cortometraje donde cuenta la historia de su padre, que murió de sida.

El VIH llegó a su realidad casi como un cuento; “Mamá y papá tienen un bicho. Si se despierta, nos podemos poner muy malitos, pero si continúa dormido, no va a pasar nada”. Así fue como la madre de Tania les comunicó el mal con que cargaban. El 15 de diciembre de 1999 el "bicho" despertó, y un constipado fue suficiente para acabar con un cuerpo muy debilitado. Luis, su marido, recibió la noticia en la cárcel y lejos de sus hijos. No pudo despedirse del amor de su vida, con quien compartió el drama de la drogadicción, pero también una hija maravillosa.

Al Margen código nuevo

Antonio Piñero (amigo real del padre de Tania, y portador del virus VIH) y la actriz Eva Gamallo, protagonistas de Al Margen

“Mi padre estaba en la cárcel por un robo. Cuando salió, estaba destrozado por la pérdida, quiso alejarse de todos y le perdimos la pista; pero después de indagar y llamar a todos los hospitales, conseguí encontrarle. Teníamos que estar unidos", cuenta Tania para Código Nuevo.

El golpe fue duro, pero supo mantenerse alejado de las drogas, a lo que dijo “no” a fuerza de voluntad, sin ni siquiera recurrir a la metadona. Con 15 años, cuando su padre abandona la penitenciaria, Tania se hace cargo de él, visitándole en la calle, donde decide vivir por su propia voluntad. Sin embargo, un atropello le hizo darse cuenta de que debía buscar un lugar donde le cuidaran. De este modo, Luis llegó hasta el Centro de Acogida San Isidro, en Madrid, donde permaneció hasta que el sida pudo con él.

El padre de Tania vestía coraje y ganas de cambiar de vida. Pero también una boca desdentada, facciones marcadas por la enfermedad y un cuerpo muy delgado. Ese era el legado de una vida marcada por la droga y los excesos. Su freno era físico. Los trabajos se le escapaban por razones marcada para siempre en la rostro, y la lucidez que le acompañaba le presentaba una realidad donde pocos estaban dispuestos a preguntar antes de juzgar la apariencia que queda tras un pasado errado. “He ido al cine con mi padre y he tenido que soportar cómo me miraban raro por acompañar a alguien con sus rasgos, tan marcados por la droga. La gente no entendía quién podía ser yo para estar tan tranquila a su lado”, cuenta Tania.

Estrenado hace apenas un mes, Al margen quiere sensibilizar del estigma innecesario con el que cargan los enfermos de VIH como los padres de Tania. El corto está protagonizado por Antonio Piñón, "Pi", un antiguo compañero de Luis, con quien compartió una realidad muy dura que, aunque habían conseguido dejarla atrás, les iba a acompañar para siempre.

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Equipo y usuarios del Centro de Acogida San Isidro, donde se rodó y estrenó el cortometraje

Tania habla durante la entrevista de una infancia donde cinco dormían en una habitación en casa de sus abuelos, o explica una adolescencia en el centro de acogida haciendo malabares con las clases de interpretación y el cuidado de unos niños. Menciona cómo su pareja conoció a su padre en el parque en el que decidió vivir, o cómo ella se para a hablar con quienes viven en las calles, para escuchar sus historias. En ningún momento deja de transmitir ternura, calidez, perdón, o sensibilidad. “Si me dijeran que a cambio de tener a mis padres vivos, ellos serían diferentes, no los cambiaría por nada”. El sida despertó en su casa y le arrebató a sus padres, pero a cambio le ha concedido una historia y una fuerza vital que la llevará muy lejos.

Crédito fotografías: Tania Gongar