Así llegué a ser el modelo con el que practican las mujeres en un taller de mamadas y pajas

Naccho Aurelio dejó la obra para cumplir su sueño: ganarse la vida con el sexo e inspirar al mundo a que lo disfrute

En una sala hay un hombre desnudo y empalmado. Siete mujeres le miran fijamente el pene mientras otra le masturba con diferentes técnicas. Cuando acaba, pregunta: "¿quién será la primera en probar?". Y esto, que podría ser la escena de una película porno o la fantasía de cualquier heterosexual, es en realidad lo que sucede en el taller 'Los secretos del placer masculino' de Sexacademy en Barcelona un caluroso sábado de julio. Los detalles sobre lo que aprendimos en esa clase de masturbación y felación los explicamos en otro artículo pero ahora nos fijaremos en el dueño de ese pene que sirve de modelo. Quién es, qué hace con su vida y cómo ha llegado hasta aquí. ¿Será un machirulo de estos que luego le va a contar a sus amigotes lo guay que es? Quedo con él otro día para tomar algo y averiguarlo.

C. P.

Su nombre artístico es Naccho Aurelio —sí, con dos c para diferenciarse de Nacho Vidal— y el día del taller acababa de grabar su primera escena porno que me enseña orgulloso en el móvil después de pedir dos limonadas con menta. Me cuenta que cuando le llegó el vídeo se puso a gritar y a saltar de alegría en su casa de un barrio obrero de Sabadell porque significaba ver cumplido su sueño. A sus 34 años ya no es ningún 'niño polla' con toda la veintena por delante para triunfar en una industria como esta y, teniendo en cuenta que hace menos de seis meses todavía trabajaba de albañil —su oficio desde los 17 años— pues sí, tiene cosas que celebrar. Pero, ¿cómo empezó todo esto?

Un taller que le cambió

"Hace tres años con mi novia de entonces nos apuntamos a un taller de squirt y punto G con Anahí Canela que significó un punto y a parte en mi vida", recuerda Naccho sobre la misma formadora que daba la clase en la que yo le conocí y de la que se hizo colega. Sin embargo, en ese momento no se le pasaba por la cabeza que un día le pondría punto y final a su trabajo en la obra para empezar a escribir una nueva página. "Siempre he sido una persona muy sexual, pero estaba reprimido, me daba miedo que me considerasen un guarro. Un día estaba en mi balcón reflexionando sobre qué hacer con mi vida y me dije: quiero ganarme la vida con el sexo".

 

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Así que en febrero de este año dejó la empresa en la que estaba y empezó a llamar a todas las puertas de la industria del sexo tirando de contactos y mandando mails con fotos a productoras de las que no tuvo mucha respuesta. Como había que seguir pagando facturas, decidió anunciarse también como prostituto y, aunque se considera heterosexual, ha tenido tanto clientas como clientes. "Sinceramente prefiero ser chapero que delincuente como algunos de mi barrio", se justifica Naccho y se echa las manos a la cabeza cuando recuerda algunas de las personas que han contratado sus servicios: "Hay muchos hombres que tienen dobles vidas, están casados y con hijos y tienen su homosexualidad totalmente reprimida". Dice que siempre que se encuentra con un caso así, les intenta hacer entrar en razón y que se lo cuenten a sus parejas, pero no hay manera.

Esta absoluta falta de comunicación también se la ha encontrado en parejas heterosexuales. "He visto el novio de alguna clienta y le digo: 'pero si este tío está más bueno que yo, ¿cuál es el problema?' y me dicen que ya no les tocan, que hace mucho que no follan", relata Naccho y claro, ahí está él para darles placer con todo lo que aprendió sobre eyaculación femenina. "Yo disfruto viendo disfrutar a la persona que está conmigo", sentencia este aspirante a formador sexual. Le encantaría hacer talleres como al que fue él o sobre el que escribimos, pero mientras tanto ya va intentando 'educar' a la gente que tiene a su alrededor, especialmente a los hombres

N. C.

"No es que yo sea muy bueno en la cama, es que los demás tíos son muy malos, no les importa nada el placer de su pareja, solo meterla e imitar lo que han visto en el porno", se indigna Naccho, por eso a él le gustaría hacer un porno diferente, más cuidado, "más feminista" y está pensando incluso montar una productora con algunas personas más que conoce. Una de las motivaciones detrás de tanta ambición es su hija de 10 años, a la que ama con locura aunque todavía no le ha contado exactamente a qué se está dedicando. "Pero a mi madre y a mi hermana sí, ¿eh? Antes de hacer mi primera chapa fui a hablar con ellas", se justifica y dice que tener relaciones homosexuales no le supone mayor problema.

"Solo soy activo, no hago nada más. Me pongo en la cabeza la película del último polvo que eché con una tía y hago mi trabajo", cuenta sin ninguna duda sobre su orientación sexual ni sobre su masculinidad: "mira, llevo una cartera de unicornios", me dice sacándola del bolsillo "y no tengo absolutamente ningún problema". Este es solo un pequeño ejemplo de que se acepta tal y como es sin intentar entrar en los cánones de macho alfa, llora cuando le hace falta desahogarse y tiene en cuenta los sentimiento de las personas que le rodean. Además, reconoce que el hecho de asumir sus impulsos sexuales y vivirlos plenamente, también le permite estar en su sitio y no sacarlos cuando no toca.

"En el taller en el que estuviste tú, me hubiese parecido una falta de respeto estar ahí empalmado delante de las mujeres que estaban aprendiendo", describe Naccho y efectivamente puedo confirmar que en ningún momento hizo ningún comentario que pudiera incomodar en un ambiente tan vulnerable en el que asumes que no sabes sobre algo tan tabú como la sexualidad

Nuestras limonadas con menta ya se están acabando y Naccho no puede quedarse mucho más porque en un rato tiene que estar en el sex shop Snow Dreams de Barcelona para prepararse para un espectáculo de sexo en directo con dos chicas. Como todo, se lo toma de forma muy seria y profesional: "El otro día nos pillamos una habitación de hotel para 'practicar' y ver si había feeling. Es importante para dar un buen espectáculo y que no sea lo de siempre". Una visión que se aleja de la oscura sombra estereotipada que hay sobre las personas que trabajan en la industria del sexo. De lo poco que le he podido conocer, Naccho parece un tío con la cabeza sobre los hombros, con ganas de trabajar, de cumplir sus sueños y de ser feliz, como todo hijo de vecino. Queda despejada la duda de que hubiese ido a pavonearse con sus colegas por estar desnudo delante de siete tías. Ojalá cundiera el ejemplo.