Aunque no hablemos cada semana, siempre serás un pilar importante en mi vida

Me auto-receto dosis moderadas de tu amistad como antídoto contra las mierdas vitales. A veces pasan semanas desde nuestro último mensaje o quedada, pero ponemos el contador y las rayadas a cero en cuanto nos vemos. Lo nuestro fue amistad a primera vista, o quizás te odié al principio y ahora solo quiero comerte con salsa barbacoa. La cuestión es que si pudiera te elegiría una y mil veces como personaje de mi tragicómica existencia. ¿Lo mejor? Que no nos hace falta decírnoslo, nos lo demostramos de las formas más rarunas, y estar en contacto no es ni siquiera una de ellas.

Por lo que hemos vivido

Hemos co-producido unas 3.402 risas tontas, 467 malas ideas y 2.840 tardes infinitas. O quizás solo coincidimos en el espacio-tiempo lo suficiente para sumarme a la lista de gente que te adora. Contigo he compartido momentos clave que, sin saberlo, me han hecho quien soy. Nos llenamos la vida exagerando anécdotas entre cerveza o café, y hubo un tiempo en el que llevábamos a rajatabla un diario mental de la vida ajena, "esto no me lo habías contado", "¿pero cómo no sabía yo esto?".

Ahora solo nos ponemos al día de lo que nos viene a la cabeza, o quizás prefiramos reflexiones infinitas sobre el sentido mismo de la vida, para hacer acto seguido disertaciones sobre lo insignificante y cotidiano. Sea como sea, acabaremos riendo. El silencio tampoco nos asusta. Y al despedirnos, nos prometemos cincuenta veces que nos veremos más, nos llamaremos más, siendo conscientes de que no va a ser así. Pero no importa.

Por lo que no nos hace falta vivir

Si no estás ahí cada día es porque no paramos, o porque vives lejos, y sí, a veces se nos olvida que existen los teléfonos. Puede que tampoco seamos muy de Skype. Nos gusta más vernos la cara cuando nos la podemos tocar. Nos impulsa el torbellino de nuestras vidas, que ya no se limitan al instituto y a la aventura de crecer. Pero te imagino brillando allá donde estés, y disfruto compartiéndote con el mundo. Hubiese sido absurdo querer quedarme con toda tu magia, y además me flipa que otra gente se de cuenta de lo que yo veo en ti.

Y luego juntaremos a nuestros nuevos amigos y conocidos y nos bañaremos en surrealismo social. Bebería de tu esencia a diario, pero por suerte tu inyección de alegría me dura semanas. Y de hecho, aunque no nos veamos, acabo hablando contigo en mi cabeza cuando algo me recuerda a ti, ya sea porque me imagino contándote lo que me está pasando, o porque imagino tu cara mientras me pasa. Nuestras vidas forman parte de un mismo tejido, mal cosido y medio grapado, pero resistente a las tormentas, a las mudanzas, a los Erasmus, a los nuevos grupos de amigos, a los colegas del curro de una o a la pareja del otro.

Por lo que nos queda por vivir

Me gustaría poder secar yo todas tus lágrimas, y ser la primera persona a la que llamas para darle una noticia. Cuando lo haces, no me cuesta ni medio segundo mandar a la mierda todos mis planes. Pero si muchas veces tienes a alguien más cerca o en quien piensas primero, eso es bueno, significa que eres luz, y luz recibes. Que fluyan como un tsunami los imprevistos y las interrupciones de nuestras historias, vivámoslo todo y a todos. Sé que seguiremos en pie y nos tenderemos la mano si algún día no queda nada a nuestro alrededor. Alzo el vaso por ti, persona mágica, porque tu existencia me llena los pulmones y el pensamiento, aunque no nos necesitemos para vivir. Porque 'para siempre' no significa 'cada día'.