Cirugía Estética: ¿Es Justo Tachar De Superficiales A Quienes Pasan Por El Quirófano?

Cuando en una conversación de repente alguien empieza a criticar a otra persona por haberse operado, tengo que hacer de tripas corazón y buscar la paz interior que no sé si tengo para no lanzarle ningún objeto contundente a la cara. La gente en general no tiene demasiado problema en verbalizar juicios infundados sobre otros, pero cuando la otra persona ha pasado por el bisturí la tendencia de pasarse por el arco del triunfo cualquier recato y que todo el mundo opine lo que le venga en gana suele adquirir dimensiones de epidemia.

Vamos a partir de la base de que, aunque sea casi imposible no haber pecado nunca de ello, criticar la apariencia física de alguien está mal. Está muy mal. Pero es aun peor cuando, además de criticar su aspecto, la gente juzga sin conocer y decide que, con sus increíbles poderes de deducción, puede adivinar el tipo de carácter y personalidad que hay tras esa apariencia.

Determinar que alguien es superficial o frívolo por haber modificado su cuerpo en un quirófano es igual de injusto que decirlo de alguien que decide redibujarse a sí mismo con tinta bajo su piel. Y ninguno de nosotros somos nadie para establecer un línea imaginaria entre el bien y el mal y decidir quién estaba lo suficientemente acomplejado y deprimido como para que consideremos moralmente válida su intervención y no la de otros.

En esta sociedad de las alfombras rojas y los despellejamientos públicos en platós y Cuores, la cirugía estética se banaliza a unos niveles que me perturban bastante. Y no solo cuando hablamos de los pacientes. Me da la sensación de que los propios cirujanos cargan también con un estigma increíble. La gente suele presuponer que los médicos son buenas personas que deciden entrar en esta profesión porque les gusta ayudar a la gente, y que para ello sacrifican muchísimos años de su vida estudiando la carrera y el MIR. Excepto cuando se trata de cirujanos plásticos, que son un puñado de gente sin principios que solo se mueve por la codicia.

A ver, que de todo hay en la viña del señor, y médicos y cirujanos sin escrúpulos los hay en todos los ámbitos, no solo en esta. También cabe recordar que cuando hablamos de este tipo de especialidad, la gente parece olvidar la segunda palabra que la compone: reparadora. Los grandes progresos en este campo no se los debemos a señores que inyectan botox en Beverly Hills, sino a genios como Harold Gillies que, durante la Segunda Guerra Mundial, revolucionó la cirugía y dio una segunda vida a innumerables soldados que habían quedado completamente desfigurados en batalla.

Paciente de Harold Gillies que perdió la nariz durante la IIGM. En la foto final podemos verlo años después sin apenas secuelas perceptibles.

Si hay algo que debemos criticar no es a las personas que deciden operarse, sino a la sociedad que les hace sentir esa necesidad. No deberíamos murmurar sobre la chica que se ha aumentado el pecho, deberíamos gritar alto y claro contra los cánones y la industria que le hicieron sentir que su cuerpo no era suficientemente bueno.

Crédito de la imagen: Mia Hayan.