Amigos con ansiedad, depresión y otros trastornos mentales: así podemos ayudarles

"Lo que tienes que hacer es salir y beber", "eso se pasa con un buen polvo" o "venga va, no seas rarito". Son las típicas frases que circulan entre los amig@s cada vez que uno de los colegas comienza a dar largas para salir de fiesta o desaparece del grupo de WhatsApp. Entre risas y con la mejor voluntad, intentamos animar con comentarios más o menos graciosos a esa persona que no está bien. Pero, en realidad, estamos provocándole mayor ansiedad y desesperación a alguien a quien mantener la interacción social se le está haciendo cada vez más cuesta arriba. Vamos que más que ayudar le estamos alejando y haciendo que se sienta todavía peor.

Lo cierto es que tener a un amig@ con un trastorno mental es algo de lo más común aunque muchos no se hayan dado cuenta. Según los últimos datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), solamente en España el 5,2% de la población, un total de 2.408.700 españoles, sufrieron depresión en el último año. Una cifra que se solapa con el 4,1% de españoles, en concreto 1.911.186 personas, que padecen trastornos de ansiedad. Dos afecciones cada vez más comunes de las que los jóvenes no estamos exentos, ya que el 75% de los trastornos psíquicos suelen aparecer antes de los 24 años.

Como muchas veces no es fácil saber qué decir o cómo actuar en estos casos, en Código Nuevo hemos contactado con la organización Obertament (‘Abiertamente’, en catalán) en la que se encargan de luchar contra el estigma y la discriminación que sufren las personas con problemas de salud mental a través de la divulgación de sus historias en primera persona. A continuación, cinco jóvenes que sufren o han sufrido algún tipo de trastorno te cuentan cómo puedes ayudar a esa persona que sabes que lo está pasando mal, pero no tienes ni idea de cómo comportarte, apoyarle o hacerle sentir que estás a su lado.

Georgina, estudiante de Sociología (20 años)

"Tan sencillo como preguntarme '¿qué necesitas?'. Y que no sea una pregunta de cortesía. Hubo un tiempo en qué dejé de salir de fiesta y cuando salía me iba a la mitad. Lo que necesitaba era que se preocupasen de si estaba bien y no que me reprocharan que ya no salía. Que te hagan saber que, si no te encuentras bien, no pasa nada. Se trata de empatía, ni más ni menos".   

Edgar, Integrador Social (31 años)

“Me ayudó muchísimo poder explicarles a mis amigos el cambio de mi realidad con la primera crisis. Sobre todo, que me vinieran a visitar en los ingresos, porque esos momentos rescataban al Edgar estudiante, el Edgar amigo, en un momento en el que el diagnóstico y la identidad de ‘enfermo mental’ había secuestrado y eclipsado los roles más valiosos para mí en aquel entonces”.

Niobe, activista (24 años)

"Aunque sean mis amigos, todavía siento que no puedo ser 100% sincera con ellos. He de ponerme la máscara de ‘todo está bien’. Si no lo hago vienen las interminables preguntas de siempre y el hacerme sentir que algo está mal en mí o que soy una exagerada. A veces lo mejor es que te den tiempo para abrirte del todo”.   

 Elisenda, periodista (25 años)

"Lo que sí le pediría a la gente que tenga una persona con problemas de salud mental en su entorno es que tenga empatía. Que por una temporada que alguien haya estado enfermo no piensen siempre que será parte de su identidad, de su carácter. Todos podemos tener problemas y todos podemos superarlos”.

Ferran, administrativo (26 años)

"Prefiero la sinceridad al quedar con gente, no ser tratado como un segundo plato. Recibiendo largas, falta de interés y excusas. Que me indiquen sus razones sin rodeos. Lo que me hace sentir bien al relacionarme con amigos es tener respuesta, sentir que soy uno más y planificar juntos las salidas. No tener que perseguir a nadie para hacer planes. Me ayuda mucho que entiendan que no siempre me apetecen ciertas actividades, que no se trata de una elección voluntaria para no estar con ellos. Que mi estado de ánimo me lleva a ello, nada más".