Adolescentes A Principios De Los 2000: La Juventud Peor Vestida De La Historia (2ª parte)

Los que pensabais que el artículo de la semana pasada ya era suficiente horror, os equivocabais. Si algo nos enseñó la moda de principios de los 2000 es que siempre hay margen para que las cosas vayan a peor. Por eso seguimos analizando, para vergüenza (y con razón) de muchos, aquella maravillosa época.

Maquillaje: nociones muy limitadas pero usado en cantidades industriales

Que las cosas se nos olvidan muy pronto y parece que aquí toda la vida hemos usado MAC y un set de 50 brochas para maquearnos la cara, por los cojones. Hasta hace no tanto lo del counturing y maquillarse las cejas era solo cosa de dragqueens. Durante el primer lustro del milenio, el tema del maquillaje funcionaba así:

1. Pote al gusto: Estaba la que no llevaba y estaba la que llevaba medio kilo, eso sí, la que se lo ponía tenía siempre una tendencia a amarronarse que todavía muchas no han superado.

2. Maquillarse a tope los ojos y casi nada los labios: los labios solo se los pintaban algunas atrevidas de la vida que veían chachi pistachi perfilarlos de negro y pintarlos de... no sé, ¿lo llamamos color perla? Un tono como nacarado y jodido, no soy capaz de definirlo mejor. Las demás usábamos solo brillo de labios, que lo había en dos modelos: roll-on aceitoso o con pincel y extrapegajoso. Los ojos eran los grandes protagonistas de todo este berenjenal: raya blanca o raya negra (o las dos), cuanta más mejor. Y con las sombras nada de tonterías de "darle profundidad a la mirada" ni mierdas por el estilo, íbamos a lo loco y sin frenos. Ponerte la sombra de ojos a juego con la ropa molaba: que ibas de rosa fucsia, pues fucsia, no problem;¿amarillo canario? A fuego, sin dolor. Y todo esto aplicado a dedo o con aquellas miserables "brochas" de esponjilla que te venían en la sombra del chino.


Calzoncillos debajo del bañador y bañadores extralargos

Supongo que a los chavales entonces les molaba bastante eso de mantener la huevada con un 100% de humedad durante el mayor periodo de tiempo posible, para demostrar su atrevimiento y hombría. Ahora me saltarán 40 tíos diciendo que es para que no les rozaran los cojones, claro, porque llevarlos bien mojados a ver si te crecen champiñones o algo es mucha mejor opción. No os lo voy a tener en cuenta, todos nos pondríamos de mal humor con hongos genitales.

El niño tampoco lo entiende.

Esto sí que es una de las cosas que ya entonces me dejaba muy tocada: bañadores MUY largos. Algunos rozando lo tobillero. No he encontrado ninguna foto de alguien llevando unos así, supongo que es de estas cosas que han querido borrar de la memoria colectiva. Pero no podréis hacerlo, sabemos lo que pasó.


Uso (y abuso) irresponsable del tejido vaquero

En cualquier tipo de prenda de vestir y accesorio. Creo que no hace falta que me alargue en esto.


Esta os la he dejado caer en la imagen anterior...

¿La habéis visto? Es una maravillosa cadenita-cinturón, ¡una chachipulsera para la cadera! Más de una década después seguimos sin saber qué era eso. Pero molaba. Se te daba la vuelta al andar y el 90% del tiempo iba colocada de puta pena. Pero aun así, molaba. Y si brillaba, pues más.


El triunfo de las peluqueras con malas intenciones destrozando la vida de jóvenes incautos

En aquellos locos años de experimentación, puede que por culpa del efecto 2000 o algo por el estilo, el tema de las "mechitas rubias" en los chavales se fue bastante de las manos. En general hubo un auge del uso desalmado de la decoloración y los productos de fijación.

Poca broma, que hasta el jamelgo de Matthew McConaughey cayó en esta trampa del rubio pollo.

No podemos dejar de recordar a la estrella dorada de los cortes de pelo de esta época: EL PELO A LO CENICERO.

Se sospecha que la elección de un corte de pelo tan horrible podía tener la intención de desviar deliberadamente la atención de ciertos defectos del sujeto, en este caso, un notable estrabismo.

Para un look más informal podías teñirte solo la parte de arriba, dejarlo al natural, sin gomina ni nada, y subirte a una cabina de telefónica. Muy casual.

Algunos quisieron mantener sus calandracas traseras de chico malo pero con un punto exótico. El mullet de siempre pero made in Sevilla. Casi parece un leopardo con problemas de identidad.

Para los chavales que querían molar pero no les gustaba llamar demasiado la atención, el mainstream del pelo dosmilero fue sin duda el pelopincho que Bart Simpson había puesto de moda en los 90. El rollito se consigue con un exceso de gomina a lo Mario Conde pero peinado en dirección contraria, sencillo y para toda la familia.

Para los chicos con pelo rizado el rollo noodles de sobre fue la única opción de tratar de encajar en esta cruel moda de los tempranos 2000.


Pendientes de aro

Se aplicaba la misma lógica que a los pantalones de campana: cuanto más anchos y más coloridos, mejor. En esta época lucir tripín molaba cacho, y todas querían tener un vientre plano y fabuloso como Britney, así que los aros tenían una doble función: como accesorios y como hula hoops de entrenamiento.

Chicas entrenando con sus pendientes de aro para tener un figurín digno de la Spears.


Gafas de sol: solo dos opciones y ninguna buena

Con las gafas de sol había dos alternativas:

Las gafas de sol que no tapaban del sol pero te permitían ir un poco más arreglado, en una amplia diversidad de degradados, formas y colores hasta para los más horteras.

Las gafas con las que siempre parecía que estabas a punto de ir a esquiar (o volviendo de un after, según tu grado de moreno).

O un mix de ambas, porque si lo deseas muy fuerte puedes tener lo peor de ambos mundos.


El que esté libre de pecado que suba un álbum a Facebook para demostrarlo.

Crédito de la imagen: Kayla