Así fue mi colapso emocional después de abrazar a la líder espiritual hindú Amma en Barcelona

La líder espiritual hindú lleva décadas haciendo tours por el mundo en los que abraza a los miles de personas que se acercan a ella

– "¿Te vas ya o te quedas a dar una vuelta por aquí?", me pregunta una de las responsables de prensa cuando bajo desconcertada las escaleras del escenario en el que me acaba de abrazar Amma.

– "¿Cómo?", le pregunto para ganar tiempo mientras intento entender qué me está pasando.

– "A lo mejor te quieres sentar un rato", dice Victoria, la voluntaria que me ha dado una vuelta por el recinto donde se están celebrando los tres días de encuentro con esta líder espiritual hindú.

– "Sí, creo que sí", respondo más lento de lo normal. Me agarra del brazo y, aún descalza, me lleva a un asiento vacío entre el público y se despide. Yo cierro los ojos y rompo a llorar

C. P.

Pero esto se produce sobre la una de la tarde. Empecemos por el principio, las 7:30 de la mañana saliendo de casa de camino a Granollers —a 40 km de Barcelona— para escribir esta crónica en primera persona sobre cómo es abrazar a Amma. O nos podemos incluso remontar a hace unos 12 años cuando ya estuve en otro de sus eventos gratuitos en los que se dedica a abrazar a miles de personas que han hecho cola durante horas. Pero esa vez me quedé con las ganas de llegar a ella porque al día siguiente tenía un examen y me tuve que marchar. Así que no me iba a perder esta nueva oportunidad de experimentar qué tiene esta mujer para que más de 37 millones de personas en el mundo, según su web, hayan buscado sus abrazos. Lo que no esperaba es el imperio de obra social y ayuda humanitaria que he encontrado.

La llegada al recinto

Llego al Palacio de Deportes de Granollers poco después de la apertura de puertas a las 8.45 y hay dos filas. "¿Es la primera vez en la vida que te va a abrazar?", me pregunta uno de los voluntarios y me dice que me ponga a la derecha. Ahí me dan un papelito con una letra y un número y bajo las gradas hacia la pista en la que hay instalado un escenario con un sillón muy ceremonioso, en el centro hay varios centenares de sillas y al fondo y alrededor, un sinfín de puestecitos que todavía no alcanzo a ver de qué son. Encuentro un sitio entre las primeras filas y, aunque veo un cartel enorme de 'Prensa', dejo para más tarde lo de acreditarme porque me apetece investigar por mi cuenta.

Archivo

Mata Amritanandamayi Devi es el nombre completo de la mundialmente conocida como Amma (madre) y que hace unas semanas cumplió 65 años. Esta mujer india de origen extremadamente humilde según sus biografías, empezó a dar abrazos en su pequeño pueblo del estado de Kerala cuando estaba prohibido que las mujeres tocaran a cualquier desconocido. Hoy es una líder espiritual que se dedica a predicar el amor y a practicarlo con sus abrazos pero también con una cantidad ingente de proyectos a través de la red de organizaciones humanitarias Embracing the World

Quienes habían pasado por sus brazos me habían dicho que era "increíble", "una sensación única", "un subidón de energía que te dura semanas" o que "cada persona lo siente de una manera diferente", por eso cuando se hacen las 10 y anuncian que Amma está a punto de entrar en la sala siento que me empiezan sudan las manos. La ritualidad que hay a su alrededor es espectacular: desde la mujer que lleva una hora colocando los pliegues del sillón en el que se va a sentar, pasando por el grupo de personas que ensayan, con visible nerviosismo, cómo le colocarán una corona de flores antes de sentarse a dar la meditación inicial.

Entra sonriente y descalza en su shari –vestido típico de la India– blanco impoluto que dejará de estarlo cuando yo llegue a sus brazos. Después de la meditación pienso que ya me puedo acercar al stand de prensa para que me den algún papelito y me dejen hacer fotos –algo totalmente prohibido para el resto de asistentes– pero ahí es donde conozco a Victoria que será mi guía y no me abandonará ni un momento el resto de mi estancia hasta que no me deje en una silla aturdida y a punto de llorar.

Quienes son los seguidores de Amma

Mientras los asistentes con letras A y B ya empiezan a hacer cola, la voluntaria valenciana, que es seguidora de Amma desde hace años, me lleva a enseñarme los puestecitos que antes me habían generado tanta curiosidad y a explicarme la envergadura de lo que se ha construido alrededor de la figura de Amma. Me cuenta que en las giras mundiales que hace cada año la acompañan más de 300 personas. Desde las que coordinan en el escenario el buen fluir de los abrazos, los técnicos audiovisuales, vendedores de libros, fotografías, arte, bisutería, cosmética —cuyos beneficios van a obras de caridad— y también cocineros que, en la inmensa cafetería del recinto, preparan platos típicos indios y también sirven cafés y tés como el que me acaba de traer Victoria. Yo estoy teniendo una interesantísima conversación con Amparo Saavedra, educadora social del Centro Penitenciario Quatre Camins y con dos de sus internos que están entusiasmados por abrazar a Amma. 

V.

"Llevo meses esperando este día", me dice E.J. (cuyo nombre completo la educadora prefiere que no cite) que al parecer también hace años que acude a los talleres de meditación y reiki que imparte Amparo los fines de semana en prisión. J.S. también dice que desde que ha descubierto ambas prácticas le ayudan a tranquilizarse y a "desconectar de la hostilidad que hay en la cárcel". Tanto ellos como sus 7-8 compañeros, también apoyarán sus cabezas en el regazo de Amma como haré yo en breves, pero todavía me queda conocer la universidad y el grupo internacional de jóvenes que se ha fundado en su nombre.

De la Amrita University me dan una carpeta con información de todas las titulaciones que tienen y un libro de tapa dura con los proyectos de investigación. Pero me llaman la atención dos chicas jóvenes en el stand de al lado. Irene Santos y Mónica Pérez me explican que forman parte de AYUDH (acrónimo de 'Amma's Youth for Unity, Diversity and Humanity') en el que se reúnen periódicamente con jóvenes de otros países de Europa inspirados también en los ideales de Amma: la solidaridad, la ecología, los derechos de la mujer o la igualdad social.

C. P.

Finalmente llega el abrazo

"Vamos que te falta el darshan", me dice Victoria, que es como llaman al famoso abrazo de Amma. A estas alturas, con la cabeza como un bombo por la inmensidad de lo que se mueve alrededor de esta mujer, tengo más ganas que nunca de acercarme a ella, pero voy con mi escepticismo de periodista bien alto preparada para decir 'bah, ¿y todo esto para esto?'. Pero mientras nos acercamos al escenario y me quito los zapatos todavía me queda una pequeña batalla y es conseguir que me hagan una foto mientras me abraza. A Victoria le parece casi una ofensa ("no conozco a nadie que tenga una foto abrazando a Amma") y me toca insistir hasta que estamos a pocos metros de ella para que en el último momento nos acaben dando permiso. 

Así que cuando me llega el turno estoy más bien tensa por el tema de la foto y me recibe con la misma enorme sonrisa con la que ha entrado por la puerta por la mañana. Aunque su shari está amarillo de los varios cientos de personas que han pasado antes que yo, me coge con fuerza y me aprieta contra su pecho. Me recita unas palabras en su su lengua —el malayalam del sur de la India— que no entiendo y cuando nos separamos me mira a los ojos y me pone en la mano una manzana, un rosario, un caramelo y un pétalo de rosa con los que me marcho desconcertada habiendo olvidado por completo la foto.

C. P.

Bajo las escaleras descalza y Victoria se da cuenta de que necesito unos minutos que se acaban convirtiendo en media hora. Me siento como una niña indefensa totalmente sobrepasada por las circunstancias. No puedo decir que sienta tristeza pero tampoco un amor inconmensurable. Es simplemente algo más grande que yo, que no entiendo ni consigo abarcar. Noto una importante 'actividad' —no es dolor, más bien calor— en la zona de la cabeza (coronilla y frente) y en el plexo solar (tres chacras importantes, para quien esté metido en estos temas). Viéndome llorando con la manzana y el rosario en la mano, la mujer sentada a mi lado me da un abrazo y me dice "disfrútalo" antes de ponerse en la cola para recibir su abrazo. A mí todavía me cuesta un rato bajar el sofoco y me quedo ensimismada sin muchas ganas de hablar ni de seguir reporteando, como había sido mi intención inicial.

Recojo mis cosas y me doy una última vuelta por el recinto antes de emprender la vuelta a casa. Son casi las dos de la tarde y tengo algo de hambre así que me animo a comerme la manzana bendecida por Amma. Me sabe igual que muchas otras manzanas que he comido en mi vida pero me llena el estómago mientras reflexiono sobre lo que me acaba de pasar. Ahora entiendo un poco más la cantidad de personas que siguen a esta mujer, pero no sé si venerarla e idolatrarla es lo más indicado. Ella te dice que busques dentro de ti lo que ves en ella: ¿será verdad que todos tenemos esa inmensidad? Sea como sea, yo me alegro de haber venido hasta aquí y siento que he tenido el privilegio de acercarme a una persona única en el mundo y como pocas en la historia. Y encima tengo una foto con ella.

Victoria