10 personas te cuentan las comidas que más echan de menos de cuando vivían en el extranjero

Cualquiera que haya pasado una buena temporada lejos del hogar sabe que ‘como en casa no se come en ningún lado’. Lo típico que te vas a currar a Londres, de Erasmus a Estocolmo o de mochileo infinito por el Sureste Asiático y te das cuenta de lo jodido que es no tener un Mercadona en la esquina o, al menos, un súper que se ajuste a tu bolsillo. Pero, más allá de las penurias —que suelen coincidir con el inicio de nuestro exilio— es muy probable que con el tiempo comenzases a pillarle el gustillo a según qué comidas y marcas que pasaron a consolidarse como parte fundamental de tu dieta guiri. Por eso, cuando te toca volver back to Spain, una de las cosas que más echas (o echarás) de menos es precisamente ese sabor diferente que en tu ciudad es imposible de alcanzar o de pagar. A continuación, varios expatriados/as y viajeros empedernidos nos cuentan las delicatessen que más echan de menos de los países que les acogieron.

Pablo, 32 años, Murcia

De Holanda me molaban mucho los Stroopwafels. Son unas galletas típicas de los Países Bajos hechas imitando al gofre y que se sirven con caramelo. Lo comía mucho por la mañana en el curro y era todo un placer que echo mucho de menos. Lo suyo es dejar reposar el stroopwafel sobre la taza de té/café caliente un ratito para que se derrita un poco el caramelo y la experiencia sea superior.

Beatriz, 24 años, San Sebastián

El Pret a Manger es una cadena de comida rápida y en Londres de encuentras uno en cada esquina pero no tiene nada que ver con los McDonalds de turno. El Pret fue el primer trabajo precario que tuve allí y la verdad es que me sorprendió la calidad de su comida. No es el típico sitio en el que trabajas y luego no quieres volver a pisar en la vida. Yo cada vez que vuelvo a Inglaterra me meto en un Pret con nostalgia y me como un bocadillo de Prosciutto —¡el mejor!— y un carrot cake. Hace poco abrieron en Francia y les está yendo bien, así que a ver si se deciden a abrir también en España. 

Laura, 29 años, Madrid

Lo mejor de Suecia es el knäckebröd o pan de centeno que según me contaron era el preferido por los vikingos en sus largas travesías oceánicas porque era liviano, muy nutritivo y aguantaba más tiempo sin crear moho. Es perfecto para combinarlo con verduras, queso y, sobre todo, aguacate. Pero lo mejor de todo es que hace poco que lo he encontrado en Mercadona y muero de felicidad.

Álvaro, 22 años, Barcelona

Cuando estuve en Tel Aviv (Israel), había un pan de Shabat que se llama ‘Jalá’ y que es una jodida maravilla. Me llevé al desierto dos barras para no morir de hambre. También el Hummus de ahí era la maravilla máxima, además como iba en plan low cost, lo comía todo con hummus porque vendían cantidades ingentes a muy buen precio. Amén.

Edu, 33 años, Valencia

Sin duda lo mejor que te puedes tomar en Río de Janeiro cuando el sol te abrase hasta las ideas es un açai bien helado. Esta fruta típica del Amazonas y de propiedades excitantes tiene un color como granate oscuro y se suele mezclar con hielo granizado, azúcar y guaraná. Una mezcla explosiva que te despierta, te refresca y te deja la piñata morada durante horas. Si vas a Rio y no lo pruebas es como no haber visitado Brasil. Además, le puedes echar banana, granola, gominolas… de todo.

Cris, 32 años, Valencia

Aunque se parezca en el nombre y en la forma, los Ravioles de Dauphiné no son los típicos raviolis italianos. Los ravioles están rellenos de queso y son del sureste de Francia y fue una de las cosas más maravillosas de mi Erasmus. Vienen envasados en paquetes en los que hay diferentes 'placas' que están unidas entre sí y cuando las pones en agua hirviendo se van separando. Hay que hervirlos muy poco, ponerles la salsa que te dé la gana y sentir cómo se te deshacen en la boca. ¡Ojalá los vendieran en España!

Helena, 24 años, Barcelona

No hay nada en el mundo como Reese's, unos chocolates en forma de cuenco con mantequilla de cacahuete dentro que despertaron todo la gula de mi ser el tiempo que viví Estados Unidos. Recuerdo como se me fundían en la boca cuando caía en la tentación, y que me cambiaba el día por completo. Suena a anuncio, pero va en serio: entraba en un trance muy heavy y lo veía todo de otro color. Una parte de mí está contenta de no tenerlos al alcance porque no eran precisamente sanos, pero ¡quién los pillara de vez en cuando!

David, 25 años, Menorca

Hecho mucho de menos una cadena de comida china llamada Panda Express. Viví en San Diego durante 6 meses y por el horario de la universidad tenía que quedarme cada día a comer ahí. Fue cuando descubrí y empecé a aficionarme a la cadena de comida rápida. La variedad de platos que tenían y el precio (7 dólares) hizo que, como mínimo, fuera dos veces por semana. La amabilidad del personal que servía los platos hizo que adorase aun más a Panda Express.

Leyre, 30 años, Pamplona

Parecerá una chorrada pero lo mejor de la comida en Noruega es su queso y los rebanadores que usan para cortarlo son de lo más práctica. Más allá del famosísimo queso Jarlsberg, que es el queso de referencia para ponerle al sándwich o la pasta, el que más me flipaba era el brunost o queso marrón. Es un queso 100% de cabra típico de los valles del este del país (Gudbrandsdal) con un sabor súper dulce como si le añadiesen miel o algo. Una locura.

Ana, 24 años, Cadaqués

No he vuelto a probar tofu como el de Laos. El puto tofu asiático. El de verdad. No sé cómo se lo montan, pero la textura es incomparable. Lo ponían en el curry combinado en perfecto equilibrio con los ingredientes y te volaba la cabeza. Me di cuenta de que el que comemos en Europa es una copia cutre o un intento de. Recuerdo estar con un cuenco de curry entre las manos, mirar a mi mejor amiga y saber que las dos íbamos a soltar un "BUAH. EL TOFU”.