La hipersexualización de las niñas las está obligando crecer demasiado rápido

La película 'Mignonnes', disponible en Netflix, reflexiona sobre cómo las menores, desde pequeñas, reciben inputs de que para triunfar deben ser un objeto de deseo sexual

Mi compañero de piso trabaja en revistas infantiles. Se encarga de escribir los típicos artículos que leíamos de pequeños sobre las series y los famosos que veíamos por la tele y que teníamos endiosados, forrando nuestras carpetas y paredes con sus recortes. Hoy en día, la mayoría de estos famosos ya no son los protagonistas de una serie de Disney Channel o de Antena 3, como sucedía cuando era un niño, sino que la mayoría son youtubers o influencers, gente que siguen en las redes.

Durante la cuarentena pasamos mucho tiempo juntos (como si tuviéramos alternativa), y prácticamente cada día me enseñaba el material con el que trabajaba: cantantes adolescentes, tiktokers menores de edad, bailarinas en la ESO, etcétera. Lo que más me sorprendió de todo fue que muchas veces tenían que devolver las fotografías a los managers o recortarlas y poner solo su cara porque la ropa, estética y posturas que presentaban eran muy sexuales, impropias, no solo para una revista infantil, sino para una niña que está repartiendo públicamente este material.

Como me comentó mi compañero cuando se lo hice ver: “es porque sus managers intentan venderlas siguiendo el estilo de las influencers más adultas. Para triunfar en las redes tienes que seguir una estética muy marcada, y por eso mismo, acaban hipersexualizadas. Me he encontrado con fotos de adolescentes de doce años, a las cuales todavía no se les han desarrollado los pechos, con posturas típicas de revista de moda para marcar más sus atributos, por ejemplo”.

Esta hipersexualización es el pretexto de la película Guapis (Mignonnes, en fracés, idioma original de la producción). Está protagonizada por una niña francesa de 11 años, hija de inmigrantes senegaleses (hecho que comparte con Maïmouna Doucouré, la directora, que ha volcado algunos aspectos biográficos en el filme), que vive atrapada entre la estricta moral musulmana de su familia que ve la cultura occidental con malos ojos, y el mundo del espéctaculo y las celebrities, que ella ve como liberador, y al cual la acerca una compañera de clase, que tiene un grupo de baile.

Para triunfar en Internet, las niñas empiezan a imitar todo lo que ven en redes sociales, el cine y la televisión, lo cual incluye la hipersexualización femenina. Es decir, expuestas a cientos de vídeos de mujeres que, para triunfar en el mundo de la moda y el baile, tienen que adoptar una conducta erótica y muy sexual, las niñas acaban imitándolas, hipersexualizándose a cambio de la dopamina de los likes y la atención digital.

“Es una película visceral e incómoda de ver. Quiere hacer que reflexionemos sobre qué imágenes proyectamos en las niñas, ya que estas afectan a cómo se perciben a sí mismas”, explica Alissa Wilkinson, reportera del portal estadounidense Vox. La película, al fin y al cabo, defiende el “dejemos a las niñas que sean niñas”, pero con un óptica femenina incisiva, señalando a culpables, no desde la crítica naif de “los niños no deberían tener móvil”, como si eso fuese a evitar las influencias nocivas de una sociedad machista. La hipersexualización, al fin y al cabo, empieza cuando tienen contacto con el mundo real. Por eso, el cambio debe ser social y generalizado, dejando de construir la figura femenina (sea niña o adulta) como un objeto de deseo. No sirve alejar las niñas de Internet, porque, ni es factible, ni se las debe castigar por una actitud que perpetuamos los adultos, la respuesta está en aplicar el filtro feminista a la sociedad.

Sin embargo, como añade Alissa, la película tiene un fallo: para denunciar la hipersexualización de las niñas, acaba hipersexualizando a sus actrices para representar el papel. Y, de hecho, esto ha provocado una ola de hate hacia Netflix (aunque no son creadores sino simples distribuidores), acusándolos de pedófilos. Las críticas fueron Trending Topic mundial en varios países desde antes de su estreno en su catálogo, y hasta se creó una campaña de boicot (algunos miembros del partido republicano de EE. UU. pidieron abrir una comisión para investigar si viola alguna ley contra la pornografía infantil) para que retirasen la película. Incluso la barra de dislikes en el trailer subido a YouTube da terror: 1.9 millones de no me gusta frente a los 49.000 que sí, además de casi 200.000 comentarios llenos de odio.

Independientemente de todo este escándalo y aunque la propia película caiga en el error de perpetuar lo que ella misma denuncia, Mignonnes, que se estrenó en el festival Sundace en febrero y recibió buenas críticas, es rápido de ver, pero también duro. Te hará pensar en muchas de las actitudes que tenemos interiorizadas y el contenido que consumimos y al que exponemos los niños.