Los drag kings se disfrazan de macho para reírse de tu masculinidad

Penes de tela, pechos ocultos con esparadrapo y barbas pintadas. Este es el uniforme de los drag kings, 'performers' que parodian la masculinidad más rancia para enseñarte lo absurda que es tu idea del género

Sobre un escenario, un grupo de cinco strippers van quitándose la ropa. Primero sus camisetas, luego juegan con sus braguetas hasta bajarse los pantalones al completo y quedarse en ropa interior. Tras un sinuoso baile, todos se ponen las manos en los calzoncillos que, a la vez, se deslizan piernas hacia abajo. Se quedan desnudos, con el pene a la vista. Pero lo que tienen entre las piernas no es más que un fardo de tela con forma de genitales. Son drag kings.

Es el espectáculo que la boy-band Queer That (un nombre parodia de Take That) está ofreciendo en el escenario del Salón Erótico de Barcelona. Cuando acaban el espectáculo, los asistentes, confusos, se les acercan y les preguntan si son hombres o mujeres. No responden la pregunta y, según me explican unas semanas después cuando me reúno con ellxs (o elloas, como prefieren usar el plural génerico durante la entrevista), es “parte de la magia del drag king, jugar y subvertir el género”.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Demostrando lo absurdos que son los "machos"

Me reciben en casa de Romeo, uno de los cinco miembros de Queer That. Están también Ken y  Enra Viado, aunque ninguno de ellos todavía ha entrado en el personaje. “En cuanto me quito el pecho, me pongo el pene y me visto, me transformo en Ken, ya ni actúo, simplemente me sale solo”, explica Elena, la persona tras el personaje.

“Cuando empecé haciendo drag king me empoderé muchísimo”, añade, mientras prepara el equipo para pasarse a Ken. “Fue coger todo lo que siempre me habían llamado —‘marimacho’—, y por lo que me excluían, porque no era un objeto de deseo al no entrar en los roles ni de mujer ni de hombre, y dinamitarlo. Darle la vuelta a aquello por lo que siempre te han marginado y usarlo a tu favor. Fue como darle un abrazo a mi yo de niña”.

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Empieza Romeo transformando sus pechos, tapándose los pezones y poniéndose los genitales de tela. Le sigue  Enra Viado que, a diferencia de Ken y Romeo que están interpretados por dos mujeres cis, quien se esconde tras el personaje es un hombre cis. Cabría esperar que su transformación fuera más fácil, pero igualmente pasa por el mismo proceso que lxs demás: se tapa los pectorales con esparadrapo, se oculta el pene y se pone uno de tela. “Es para crear la ilusión”, asegura. Al fin y al cabo, está haciendo drag y hay algunas normas estéticas que debe seguir.

El drag king, por lo tanto, no es disfrazarse de hombre, es más profundo: “es coger todos los roles de la masculinidad que tenemos interiorizados y exagerarlos, sacarlos a relucir para que la sociedad vea lo absurdos que son”, explica Ken. Algo que comparte con su homólogo "femenino", las drag queens, que como dijo RuPaul, una de las más famosas: "yo no me visto de mujer, ¿acaso ves mujeres con tacones de 15 centímetros, pelucas igual de altas y vestidos apretados? No me visto de mujer, ¡me visto de drag queen!". Es por eso que  Enra Viado puede participar del drag king, porque le sirve para parodiar todos esos roles que, como hombre, se vio forzado a cumplir de pequeño, llenándolo de frustración porque no lo lograba. “Es una forma de reflexionar sobre mi propia masculinidad, en la que nunca he encajado”, concluye.

¿Qué es drag king y qué es drag queen?

 Enra Viado también es drag queen, que se le hace más fácil psicológicamente. “Empecé a hacerlo para abrazar mi feminidad, pero me di cuenta de que me siento más incómodo performando la masculinidad, ya que la veo más distante de mí. Por eso, me reté a hacer drag king”, detalla mientras Ken, Romeo y él se dan los últimos toques de maquillaje: pecas de adolescente, bigotes y pelos prepúberes que encajan a la perfección con sus personajes, miembros de boy band adolescente.

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Sus alter ego drag cumplen todos los estereotipos de género de las boy band, desde el machista presumido hasta el sensible ligón, pasando por el gay reprimido que solo sale del armario cuando finiquita su contrato como ídolo adolescente. “Creemos que parodiar lo pop es buena forma de hacer llegar la teoría de género”, explica.

Es una de las muchas herramientas para usar como altavoz del mensaje. Nico Elkser, uno de los drag kings más reconocidos actualmente en nuestro país, utiliza el teatro, su profesión, más que los espectáculos de música. Él, hombre trans, tuvo una experiencia diferente con el drag, ya que le sirvió para hacer la transición. “Pude entender cómo me sentía cómodo conmigo mismo y quién quería ser”. Fue una forma de explorar su masculinidad y trabajar el género.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Su estética cambia mucho respecto a la de Queer That. Su aspecto nada tiene que ver con esa aura adolescente del grupo, sino que se maquilla barbas enteras, una mandíbula muy cuadrada, abdominales fuertes y marcados, bíceps de culturista y hasta bello púbico que asoma por su cintura. Un trabajo que puede llevarle horas. “Como ves, es un mito muy extendido que el drag king tiene menos trabajo que las drag queens, que se maquillan muchísimo. Nosotros también lo hacemos”, añade.

Drag kings, olvidados incluso dentro del colectivo

Tanto Nico como Queer That coinciden en algo clave, que el drag king tiene muy poco reconocimiento, incluso dentro del colectivo. “La mayoría de espectáculos los he hecho en sectores feministas”, asegura Nico, ya que en este ambiente hay más espacios en los que debatir y hablar sobre cómo se performa el género y cómo reconciliarse con la masculinidad.

Sin embargo, cada vez más están apareciendo espacios LGTBI en los que se reconoce su arte. “Por ejemplo, el concurso drag de Futuroa, que hace poco ganó un drag king”, explica Ken. Su visibilidad y presencia está aumentando, en parte gracias a iniciativas como Colectivo Drag King, una plataforma online lanzada por Sara Rodríguez para aglutinar en un mismo perfil a todos los drag king españoles y darles visibilidad y facilitar la comunicación entre ellos.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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"Hay muchos referentes internacionales, pero a penas hay información sobre el drag king en España", afirma Sara. Uno de sus proyectos es cambiar la entrada en la Wikipedia, que califica de "una mala traducción del inglés" con muchos errores (empieza el artículo asegurando que los drag kings son mujeres) y que no incluye nada sobre los colectivos españoles (a duras penas la entrada ocupa cuatro líneas en las que se habla de sus orígenes en Reino Unido y no se menciona ni la tradición transformista española ni ningún nombre histórico, que aunque invisibilizados, los hay). 

La plataforma de Sara, por lo tanto, está intentando ampliar la información disponible y, sobre todo, traducirla al español, "algo muy necesario, porque realmente no hay nada en nuestro idioma, cuando empezamos con Queer That, todos los vídeos para aprender a ocultar los pechos, por ejemplo, estaban en inglés", asegura Romeo. Al contrario que las drag queens, cuyo reconocimiento social y artístico (quizá gracias a la popularización de shows como RuPaul’s Drag Race o Pose) está más extendida en nuestro país y hay muchísima más información básica.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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A medida que el drag king se hace más popular a nivel internacional —gracias a estrellas como Landon Cider, el drag king que ganó la tercera temporada de Dragula, el reality de drag más sangriento, escatológico y macabro de la tele—, los nombres de los drag king patrios también empiezan a sonar más. Más allá de Nico Elkser o Queer That, está el colectivo Dalia negra, con nombres de drag kings entre sus filas como Marcus Massalami, que juega con el género para reflexionar sobre lo no-binario y lo absurda que es nuestra concepción de nuestro propio género