Quiero ser madre pero con mis óvulos no puedo

Existen situaciones en las que ser madre solo es posible gracias a los óvulos de otra mujer

Cuando me dijeron que existía una probabilidad alta de que mis hijos nacieran enfermos o muertos, debido a que la mitad de mis óvulos tienen una mutación genética, tuve que replantearme si querría o no ser madre. Era algo que jamás me habría imaginado que me pudiera pasar a mí y tampoco le había ocurrido a ninguna de las mujeres de mi entorno más cercano. Simplemente no entraba en mis planes de futuro. Desde que empezamos a adentrarnos en la sexualidad hemos intentado no ser sorprendidas por un embarazo repentino a través de diferentes fórmulas: preservativos, píldoras anticonceptivas, DIU… como si quedarse embarazada fuera sumamente sencillo. Pero quizás no lo es tanto como creíamos o incluso —como me sucede a mí— aunque lo sea, existe la posibilidad de que el final no sea el más deseado o el más positivo.

En mi caso concreto, debido a que solo el 50% de mis óvulos resultan potencialmente sanos, la opción que los médicos me ofrecen es la fecundación in vitro. Esto puede hacerse de dos maneras. La primera consiste en fecundar mis óvulos con el semen de mi pareja (o de un donante), seleccionar los embriones sanos y transferir uno de ellos para que se produzca el embarazo. La segunda, empezar directamente un proceso de recepción con óvulos de una donante. En este caso debe encontrarse una mujer que desee donar sus óvulos que tenga un parecido físico similar y un grupo sanguíneo compatible.

En el año 2016 la Sociedad Española de Fertilidad (SEF) publicó su Informe del Registro Nacional de Actividad en el cual se especificaba que, durante aquel año, se comenzaron más de 14.000 ciclos de donación de los cuales, aproximadamente, 12.000 concluyeron en embriones que se transfirieron a mujeres receptoras. Es decir, que 14.000 mujeres donaron sus óvulos y otras 12.000 tuvieron la posibilidad de quedarse embarazadas. En vista de los resultados —y la demanda— la reproducción asistida es un tema del cual se debería hablar. Y mucho. 

La posibilidad de ser madre

La Clínica Dexeus Mujer, en Barcelona, es pionera en Técnicas de Reproducción Asistida y tiene el programa de captación de donantes más riguroso a nivel nacional. No obstante, como comenta el Dr. Buenaventura Coroleu, Jefe del Servicio de Medicina de la Reproducción en Dexeus Mujer, las tasas de éxito en este ámbito dependerán de diferentes factores que habría que tener en cuenta como, por ejemplo, la edad de la receptora. “Por lo general es posible alcanzar un 60% de eficacia por ciclo realizado, pero si además se suman los embriones congelados —los cuales dan lugar a tres o cuatro ciclos más— el porcentaje de eficacia aumentaría hasta el 80-90%”, explica Coroleu. 

“Cuando una mujer nace ya tiene todos los óvulos que va a tener durante toda su vida. Todos están, diríamos, en pausa en los ovarios. A partir de la pubertad sucede que, cada mes, hay unos cuantos que empiezan a desarrollarse y al final, en cada ciclo, madura uno. Si este es fecundado, la mujer queda embarazada y sino, se produce la menstruación. Los otros óvulos que empezaron a desarrollarse y no maduraron degeneran, es decir, no se utilizan. Así pues, en cada menstruación se pierden 10 o 12 potenciales óvulos, depende de la reserva de cada mujer”, cuenta la bióloga del Servicio de Atención a la Donante de Dexeus Mujer, Marta Roca Feliu.

Precisamente, la experta apunta que serían “los óvulos que se perderían de forma natural en una menstruación, los que se aprovecharían en el momento de la donación". Es decir, "se hacen madurar a través de la medicación y se aprovechan". Justamente por eso la donación no afectaría a la reserva de óvulos de la mujer, la cual es una de las principales dudas de aquellas que van a donar.

Un acto de sororidad

Violeta Rabasco es de Málaga, tiene 27 años y desde que tenía 18 años es donante habitual de sangre. Fue durante una donación cuando conoció a una joven que acababa de donar sus óvulos. “La chica me contó su experiencia y decidí que yo también quería hacerlo. Ya he donado dos veces. En ambas ocasiones me trataron estupendamente y estuve muy satisfecha por el trato. También emocionalmente, porque sabía que gracias a lo que hacía podía ayudar a otras mujeres a ser madres”, explica. La sensación fue parecida también para Alicia Muñoz. Esta joven cacereña de 22 años cuenta que para ella “fue especial” porque su donación “podía cambiar la vida de alguien al ver cumplido su objetivo de tener hijos”.

Las dudas que todas las donantes tienen al principio de este proceso pueden ser si tendrán algún malestar durante el tratamiento, si la donación afectará a su posibilidad de ser madres o cuánta será la compensación a recibir. Sin embargo, también se lo plantean como un acto de sororidad, un paso más en favor de otras mujeres y del feminismo en general. Para Violeta, el proceso de donación, además de haber sido una experiencia muy satisfactoria, fue también una manera de empoderarse y decidir sobre su cuerpo: “Si consideramos que el feminismo es lo que yo decido hacer con mi cuerpo sin que me impongan o presionen por hacer algo que no quiero hacer, entonces podríamos decir que es un proceso feminista. Aun así, nunca me he considerado más o menos feminista por hacerlo”, puntualiza la joven malagueña.

También Alicia ha vivido su experiencia como una oportunidad de hacer algo realmente positivo. Es por ello que cuando les preguntamos si recomendarían la donación de óvulos a otras mujeres ambas están 100% de acuerdo. “Lo recomiendo porque, en mi caso, no sentía que estaba vendiéndome o que se estaba materializando mi cuerpo, yo lo viví como una forma de ayudar a otras mujeres”, asegura Violeta. Por su parte, Alicia calma las dudas o los miedos de quienes todavía no tienen claro dar el paso: “Recomendaría donar óvulos porque no tiene riesgos para la salud ni relacionados con la fertilidad a largo plazo”.

Un tabú que debe desaparecer

Cuando les comunican que sus probabilidades de ser madres por sus propios medios son bastante bajas, la mayoría de las receptoras suelen reaccionar con una mezcla de sorpresa, tristeza y resignación. Es lo que se conoce como el ‘duelo genético’, es decir, el proceso por el que una mujer asimila el hecho de que no podrá ser madre sin una ayuda externa. Dependiendo de la mujer este duelo puede durar semanas e, incluso, meses. La bióloga Marta Roca explica que la imposibilidad de quedarse embarazada de algunas mujeres “es algo que sucede y que está incluido en la salud de la mujer pero no se suele hablar de ello, por eso hay mujeres que se sorprenden y se ven sobrepasadas”.

“Es necesario que se hable de esto en las consultas ginecológicas y que sea un tema que esté sobre la mesa. La carga genética, para las mujeres, puede ser más importante de lo que se suele expresar”, insiste la experta. Un problema añadido es que el entorno no sabe cómo enfrentarse a esto y por ello tiende a evitarlo o hacer como si no existiera, cuando es algo completamente normal y que puede ocurrirle a cualquier mujer. El hecho de tener que recurrir a un tratamiento artificial a veces se ve a ojos de los demás como un fracaso. Una concepción errónea que habría que superar. 

Más allá de las ideas previas que pensaba tener sobre la maternidad, el único momento en el que realmente comprendí la importancia de poder ser madre fue cuando el médico me hizo consciente de mi situación. De que quizá no podría tener hijos aunque quisiera. Aquel dichoso instante es el que te puede hacer cambiar de opinión sobre todas las certezas que tenías implantadas y el que te hace superar tus creencias para abrirte a tratamientos como el de la fecundación in vitro con óvulos de donante. Un método que únicamente es posible gracias a los óvulos de mujeres que hicieron lo posible para que otras vivan desde dentro esa experiencia que siempre desearon tener. Ser madres.