La Tierra No Es Del Hombre, El Hombre Es De La Tierra

Vivimos en un mundo artificial que nos ha producido un gran estrés. Nuestra vida se ha convertido en una persecución, pero realmente no sabemos qué perseguimos. Lo hacemos todo rápido porque las ciudades y el ritmo de la sociedad lo pide, y nosotros lo aceptamos sin más. El único resquicio de conexión que nos queda con la naturaleza son los parques rodeados de edificios. La oficina, el supermercado y las autopistas se han tragado nuestras raíces. Las han pisoteado haciéndonos olvidar lo que somos. El asfalto nos ha escondido La Tierra.

Gregory Colbert cree que hay un deseo compartido por todas las especies de participar en una conversación universal. Él ve la naturaleza como el más grande narrador de todos los tiempos y a sí mismo como aprendiz de esta. Sus obras son colaboraciones entre los seres humanos y otros animales que expresan las sensibilidades poéticas comunes de todas las especies. Ofrece una visión no jerárquica de la naturaleza, sino como si fuese una orquesta.

Sus fotografías nos devuelven la cordura de nuestra innegable e inevitable conexión con la madre Tierra. Y lo hacen con belleza, gracia, ligereza y fuerza al mismo tiempo. Al igual que las canciones de ballenas, estas imágenes son voces salvajes que llaman a la conciencia de la humanidad civilizada. Nos piden que no cortemos hasta el último contacto con la naturaleza. Que no nos sumerjamos en nuestra propia fabricación y perdamos para siempre las raíces de nuestro ser salvaje.

Colbert se cuela entre colmillos de elefante, patas de rinoceronte, se abraza a jaguares, e incluso nada junto a tiburones, tigres y ballenas. Pero merece la pena esquivar todos estos peligros, a cambio de evitar el más grande de todos: dejar de explorar, dejar de observar las maravillas del mundo que él subraya con su cámara.

La Tierra tiene voz, y quiere ser escuchada, solo tenemos que estar atentos, y dejar de pensar la Tierra, para pasar a sentirla.

Crédito de imágen: Gregory Colbert