Fui a la ruta de conciertos en azoteas al atardecer para huir del agobio de la ciudad

La cantante Carmen Boza nos conquistó con un espectáculo íntimo y muy casual mientras el atardecer caía sobre Barcelona

Parecía imposible encontrar un lugar en toda Barcelona donde pudiera dejar de sudar. Agosto había llegado a su punto álgido y el calor ya se estaba haciendo insoportable. Hasta que llegué allí. Entré al hotel y el aire acondicionado me calmó hasta que me metí al ascensor, pulsé el botón con el número 10 y salí a la azotea. Había sombra y una brisa que en seguida me metió en el mood que necesitaba. Me relajé, pedí un mixer con Coca-Cola Signature Mixer Herbal Notes, con notas de lúpulo, semilla de eneldo y hierba de limón, y me senté en una mesa al fondo del concierto.

Éramos un centenar de personas y estábamos esperando a que Carmen Boza empezara su concierto de la ruta de conciertos Live the Roof, que hasta finales de septiembre ofrece espectáculos en petit comité en terrazas de las principales ciudades del país. Estaba atardeciendo y de fondo teníamos unas vistas prodigiosas sobre la ciudad, que a esa hora es fantástica. "Creo que mientras toque no se irá la luz, porque siempre que me pongo a tocar se pone todo oscuro", dijo cuando llevaba dos canciones, contenta de estar allí. Y así fue: hora y media arropada por la luz del atardecer, compartiendo reflexiones personales, agudas y graciosas que alternaba con la intensidad de sus canciones.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

@holamellamoboza demostrando lo que es tener talento ❤️ #carmenboza #folk #rooftop #cocacola #live #concert

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Carmen dice que hay mucha oscuridad en su interior y que por eso su música es como para escucharla desde la cama, con la manta subida hasta los ojos y reflexionando sobre ti misma. Pero al mismo tiempo, durante el concierto era como si te hubiera leído su diario personal, aunque con improvisación, con sal y pimienta, porque es una mujer irónica, capaz de hacer humor sobre sí misma y de aprender de sus errores de juventud. Y, sobre todo, es una artista que canta con ganas de dejar huella. "Canto y parezco una persona un poco más seria de lo que soy cuando hablo. Espero que alguna de las cosas que he dicho, sobre todo las que he dicho cantando haya calado en vuestras cabecitas y le deis una vuelta. Es lo mejor cuando alguien va a un concierto y le cambia un poco el chip", admitió.

Y tanto que fue así, porque los de Carmen son nuestros problemas también: la ansiedad, el mal de amores, el amor eterno (hasta aprovechó la ocasión para dedicar una canción a todos los enamorados y en especial a una pareja de amigas suyas que se van a casar en septiembre), la culpa, lo que deberías y no deberías hacer, amarnos en tiempo de Whatsapp. Mientras pasa el concierto te da la sensación de que tanta cercanía es real y que podrías irte con ella a cualquiera de los conciertos de terraceo que le quedan al verano, porque podríais hablar de mil historias y el tiempo pasaría a toda velocidad. Canta por necesidad, para digerir todo eso que tiene dentro. "Igual que los niños pequeños, todavía seguimos necesitando cantar las cosas para que no se nos olviden", explicaba.

Su forma de hablar te da frases de esas que quisieras apuntar y guardar para la posteridad. Como esta: "el tren solo pasa una vez y a ver si te va a pillar mirando Whatsapp o si lo coges y resulta que el tren no va donde tú quieres o no te apetece ir donde va el tren, dicho de otra manera. Y entonces me imaginaba saltando de ese tren a toda velocidad como en las películas western rodando por el lado de la vida pensando 'me tengo que fugar de este destino'. Es importante que si saltas de ese tren, te agarres fuerte de la mano".

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

#CarmenBoza ❤️ @livetheroof

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Algunos la miraban estupefactos y otros asentían mientras se bebían su mixer con uno de los cuatro Signature, pero todos la visualizamos cayendo de ese tren con su mono color ocre, pero no nos dejaba quedarnos retenidos en un pensamiento durante mucho tiempo porque ella avanzaba hacia otra canción y hacia otra reflexión, como esta otra: "¿qué puede pasar peor que joderle la vida a alguien que te importa? Que alguien levante la mano y así nos reímos toda la clase. Que esa persona te perdone. Entonces ya no te queda resquicio para escapar. No estéis tan en silencio, que parece que hablo en serio [risas]. Esta canción cuenta cómo si te sientes mal, lo mejor es que te azoten. Si juntas seis tapas de yogur y mandas una respuesta te puedes ganar un viaje al Caribe [risas]".

Y así, entre risas y verdades, se fue pasando la tarde. El último tramo del concierto fue para ella, una conexión entre la guitarra, la luz y su voz. Unas canciones de carrerilla, como en éxtasis. Estábamos a gusto y relajados en aquella tarde barcelonesa, mixer en mano, mientras el sol caía y dibujábamos en el aire un suave baile de cabezas bajo el ritmo marcado de Carmen. Se despidió con la noticia de que vuelve en octubre a Barcelona, así que por suerte fue solo un hasta luego.

La última lección que me llevo es, creo, la más importante para nuestra generación, ¿por qué será que nos gusta hacer esperar a quien nos gusta? Así contestaba ella a una de las preguntas del millón: "He pensado en la manera que tenemos de relacionarnos, ese concepto muy americanizado que se llama ghosting. Antes no se podía, porque o te escondías y no salías a la calle para que esa persona no te encontrara o cambiabas de ciudad. Pero ahora es factible dejar de contestar y ya está [risas]. Me da un poco de ansiedad porque yo soy muy de darlo todo, ¿por qué voy a esperar dos días para contestar un Whatsapp? Hay muchos peces en el mar, pero ya sabemos que todos los que hay tienen mucho plástico dentro... así que si alguno te gusta, ¿por qué no indagas un poquito? La canción se llama Dámelo y el estribillo dice 'dámelo todo si me quieres de verdad'".

Y tenía razón: seguía sin anochecer.