¿Qué Haríamos Las Mujeres Si Pudiésemos Ser Tíos Por Un Día?

Café en mano, y una pregunta por delante: ¿qué haríamos nosotras si pudiésemos ser tíos 24 horas? Tras muchas cavilaciones llegamos a una conclusión: ser mujer es maravilloso. No nos cambiamos ni por todo el oro de Atlanta. Aunque nos sirvió para arrancarnos unas cuantas carcajadas, y es que imaginarte en sus pieles abre un gran abanico de posibilidades:

Ser un chulo playa

Amanezco y me miro al espejo. Besito en mi bíceps y me vuelvo a mirar. Ponerme las gafas de sol de turno, que toca posturear. El gallito del corral en cualquier situación. Analizando cada chica que pase por delante desde mi barra del bar, ligando en el gimnasio mientras me lanzo miradas furtivas a mí mismo en el espejo. ¡Mira qué tríceps, qué guapo soy, por favor!


Pensar con el cerebro inferior

Está entre las piernas, pero es quien manda. Y yo cumplo órdenes, como buen soldado. Y oye, guapa, lo siento, pero es que yo soy así.


¡MEAR DE PIE!

A simple golpe de bragueta. Pum y meada. Sin colas en el baño. Iría por ahí libre, meando y dibujando cosas con el chorro, creando arte con mi nuevo pincel. Aquí te pillo, aquí te orino.


Rascarme los huevos

Sí señores, en mitad de la calle. En clase. En la cola del supermercado. ¿Te pica? Pues te rascas. ¿Disimular? ¿Para qué? Que una buena rascada a tiempo quita mucha tontería.


Ponerme traje

Barney Stinson tiene toda la razón: “Ponte traje”. Cómodo y elegante, y sentir como se caen las bragas, ni el terremoto de Albacete consigue que tiemblen tanto las piernas.


Ser un Golfo

Así, a cielo abierto, sin tapujos. Boquita que veo en la discoteca, pues ahí que me lanzo; ya luego pregunto nombre y número, si eso. Ser un latin lover está de moda, y alardear de ello más aún, así que me autodenominaré Espíritu libre y no Ególatra inaguantable, que queda más fucker.


Hacer cosas por amor/sexo sin que te tachen de loco

Voy a descubrir la dirección de tu casa para darte un regalo, y seré un galán. Escribiré tu nombre en la arena y te mandaré una foto; y por último adivinaré tu autor favorito para regalarte un libro, ¡eh, valiente conquistador! ¿Seré un psicópata? No, un Don Juan en toda regla.


Y por supuesto:

Tocarme la cola

Experimentar mucho con mi nuevo miembro viril. El cual, recordemos, tiene nombres mil. Y casi tantos usos como nombres: acartonaría calzoncillos, llevaría las duchajas a su máximo exponente, y sí, también me la mediría en todos sus estados. Y obviamente, como imprescindible, haría el baile del bombero y la manguera. Y es que al final, no somos tan distintos.


Lo sé, milienales, volviendo a la realidad, las mujeres no podemos hacer muchas de estas cosas por diferencias fisiológicas evidentes, pero muchas otras dependen de todos nosotros, de cómo cambiamos con pequeños gestos la conciencia social para la igualdad real entre hombres y mujeres. Queda mucho por hacer. Desde aquí te llamo a que pongas tu pequeño granito de arena. Porque no somos enemigos, somos un equipo.

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