Carta Abierta A Los Que No Entienden Que El Fútbol Es Mucho Más Que "Solo Fútbol"

Si eres de los que cuando ves a alguien enfadarse, disgustarse o llorar por el fútbol dices eso de "es solo fútbol", es importante que prestes atención. Porque estamos cansados de escuchar la maldita frase y necesitamos que entiendas por qué.

Sé que para ti es difícil comprenderlo, pero el fútbol no es solo fútbol. Son sensaciones, es amor, es felicidad. Es un sentimiento que un día apareció en nuestro interior y no podemos ni queremos controlar.

El fútbol nos hace sentir cosas que no cambiaríamos por nada. Son los nervios de las horas previas a un partido importante; el cosquilleo cuando entras al estadio y ves el césped; el orgullo al cantar el himno de tu equipo y el subidón cuando la grada anima; es la conexión con las personas que comparten tus colores, abrazar a un desconocido y sentir que sois hermanos; la incertidumbre cuando parece que se para el tiempo en las ocasiones de gol; el éxtasis del tanto, con el posterior rugido del público; el lamento del fallo; la tensión de un encuentro igualado; los minutos finales de infarto, de no querer mirar pero al mismo tiempo no poder apartar la vista; las largas e intensas tardes de domingo con la radio; la alegría de la victoria y el sabor amargo de la derrota. Son todas las sensaciones existentes condensadas en una hora y media.

El fútbol son recuerdos que nos acompañarán siempre. Como el de lo inmenso que te pareció el estadio la primera vez que te llevaron; el del partido que sirvió como excusa para ir al bar con los amigos a tomar algo y acabó en fiesta; el de cualquier tarde compartida con una familia dividida por los colores pero unida por la afición al deporte; el de escuchar la voz de José María García cantando un gol en Las Gaunas; la sonrisa de un niño que saluda a los futbolistas mientras imagina que algún día será como ellos. Son los kilómetros recorridos para ver a tu equipo en otra ciudad, los viajes para las finales, la gente que conoces y las experiencias que vives.

El fútbol es lo que nos hace pasar mejor algunos días. Levantarnos por la mañana y en vez de pensar "tengo 8 horas de trabajo por delante", pensar: "esta noche hay partido". Son horas de charla en el bar, en casa o en la calle, da igual. Es llegar a clase o al trabajo con el pecho hinchado porque tu equipo ganó el día anterior.

Y por todo esto el fútbol también son malos momentos, porque para que uno gane otro tiene que caer. Es la tristeza profunda de un descenso, una eliminación o una final perdida; es la sensación de vacío de un gol en contra y el silencio que le sigue, perturbador; es la decepción de ver a un jugador que se va al equipo rival, la pena de decirle adiós a un ídolo que se marcha tras años dándote alegrías; la rabia de un error arbitral; son las lágrimas amargas de la impotencia y la injusticia.

Pero es también la fe ilimitada en que la siguiente vez todo será mejor; es rezarle a dioses terrenales para poder ver una remontada imposible; es la esperanza cuando el milagro se empieza a gestar; es la locura desatada por un gol en el último minuto. Es ver para creer.

¿Y cómo es posible que podamos sentir todo esto? Porque el fútbol es amor incondicional a unos colores sin importar el porqué, es la pasión que nos une, son sueños que nos hacen sentir como niños cuando rueda el balón.

Atentamente,

alguien que ha sido, es y será muy feliz gracias a "solo fútbol".

PD. Esto es aplicable a cualquier otro deporte, pero no sé por qué nunca he escuchado a nadie decir "no llores, es solo baloncesto".

Crédito de la imagen: odt.co.nz