Estas 7 películas apocalípticas podrían aportarte una cruel lección de vida

Salvo invasiones alienígenas inesperadas, la mayoría de causas apocalíticas que muestra el cine son culpa del ser humano y podrían evitarse

Páramos desoladores. Caos. Sufrimiento. Miedo. Y la espada de la extinción humana colgando sobre los cuellos de unos cuantos supervivientes. El cine ha especulado demasiado sobre cómo podría ser el futuro de la humanidad y de nuestro planeta como para obviar sus dotes proféticas. Existen, como nos han enseñado tantísimas películas, amenazas invisibles que podrían mandar a la mierda nuestra absurda sensación de infalibilidad. Espadas forjadas por nuestra propia estupidez e inconsciencia en la mayoría de los casos. Estas son las siete películas apocalípticas que te harán reflexionar sobre el frágil equilibrio sobre el que discurren nuestras vidas.

WALL-E: consumismo devastador

Probablemente queden tan pocas personas sin verla como habitantes de la Tierra en ese 2800 donde transcurre esta genialidad de Pixar. Pero ahora mismo, cuando la contaminación plástica y nuestra indiferencia ante ello ha alcanzado niveles trágicos, es urgente que volvamos a ponernos WALL-E para reflexionar sobre nuestro consumismo desenfrenado. Con su triste panorámica de un abandonado y destrozado planeta —y una bonita historia de amor robótica para la esperanza—, esta ganadora de un Óscar a mejor película de animación es una obra maestra y un toque de atención a nuestra ceguera.

El día de mañana: negacionismo climático

Esta superproducción de Roland Emmerich no es la mejor película sobre cambio climático que existe. Sin duda está muy lejos de la profundidad y belleza de otros títulos más aclamados como Interstellar. Pero El día de mañana guarda una enseñanza que verdaderamente necesitamos enarbolar en este reinado de Trumps negacionistas: cuando todos los científicos advierten de algo tan importante como un apocalipsis climático, nuestra mejor baza es hacerles caso. A pesar del tono sensiblero que adopta, muchos fotogramas de la película son tan hipnóticos como sobrecogedores.

El origen del planeta de los simios: consecuencias del especismo

Precuela de El planeta de los simios de 1968, esta película y las otras dos que le siguen (El amanecer del planeta de los simios y La guerra del planeta de los simios) ahondan en una candente controversia: si los humanos debemos continuar jugando a ser dioses en los laboratorios a costa del sufrimiento y la muerte de otras especies animales. En este universo las cosas salen bastante mal y todo ese especismo casi termina con nuestra extinción. Pero más allá de virus, monos con cerebros de Einstein y hecatombe, esta saga nos sirve para preguntarnos qué clase de mundo queremos construir.

Hijos de los hombres: desastre por infertilidad

Aunque pueda parecernos una amenaza ficticia, la infertilidad es una preocupación científica real. La concentración de espermatozoides ha caído un 52,4% desde 1973, sumiendo a más y más hombres en la subfertilidad o infertilidad. Una deficiencia con la que Alfonso Cuarón juega en Hijos de los hombres para dibujar un mañana turbio y desesperanzado donde la sociedad subsiste de mala manera. Aunque hay una pequeña esperanza escondida en esa historia. En la nuestra, según los expertos, es abandonar el tabaquismo, la mala alimentación, la vida sedentaria, el estrés y tanto químico.

La carretera: cataclismo espontáneo

Basada en la novela homónima de Cormac McCarthy, La carretera narra la odisea de un padre y su hijo para sobrevivir en un planeta arruinado por algún cataclismo. Cuál concretamente no lo sabemos y ahí reside la primera lección de esta película: no somos intocables, no somos los dueños de este mundo y la naturaleza podría borrarnos en cualquier momento. Pero, además de una dosis de humildad, la película dignifica al individuo mostrando que, incluso cuando la barbarie campa a sus anchas, tenemos la capacidad de elegir seguir siendo buenas personas. Deprimente pero humana.

12 monos: epidemia mortal

Terry William, miembro de los míticos Monty Python, cogió un mediometraje francés de 1962 llamado La Jetée y lo transformó en esta experiencia casi alucinógena llamada Doce monos. En ella, un criminal de un futuro donde un virus letal ha obligado a los seres humanos supervivientes a vivir bajo la superficie de la Tierra es enviado al pasado para recolectar información que permita combatirlo. Una película que, además de regalarnos a un delirante Brad Pitt, funciona como alerta contra esos enemigos microbianos que estamos fortaleciendo. En concreto, las superbacterias invencibles.

Yo, robot: apocalipsis tecnológico

La tecnología, y nuestra manera de relacionarnos con ella, requiere control. Y Black Mirror lleva años mostrando muy pocas esperanzas en que seamos capaces de hacerlo. Algo que tendría consecuencias no solo individuales, sino también para nuestra civilización. A esa conclusión llegó Isaac Asimov en Yo, robot, volumen de relatos que Alex Proyas llevó al cine en 2004. Entre su abundante acción palomitera hay trocitos de verdad para hacernos pensar. El propio Elon Musk dijo este año que “la inteligencia artificial es un riesgo para la existencia de la civilización humana”. Así que ojo.