Esta bióloga china investiga que las mujeres tengan la regla cada tres meses

Estos métodos orientados a aumentar la fecundidad femenina y las tasas de natalidad tendrían un coste para la salud de las mujeres

La población mundial ha crecido de una manera bestial durante los últimos dos siglos. Especialmente durante los últimos 75 años. Para que te hagas una idea, en 1950 había 2.500 millones de personas en el planeta. Hoy, en 2026, la población mundial se encuentra ya muy por encima de los 8.300 millones. En buena medida impulsado por esos dos países que se te vienen rápidamente a la cabeza: India y China. Sin embargo, China lleva años en crisis porque está perdiendo población. Esto la está llevando a estudiar soluciones políticas, económicas y sociales que recuperan una alta natalidad. Y científicas. Como cambiar la frecuencia de la regla.

Así lo cuenta la bióloga china Hongmei Wang en una entrevista para El País. Durante la misma, cuenta el periodista Nuño Domínguez, la investigadora “se pregunta si es posible conseguir que las mujeres tengan la regla cada tres meses, lo que preservaría parte de sus óvulos sanos y disponibles para generar embarazos”. Pero no es solo una teoría al aire. Al parecer, ya hay equipos científicos explorando esta posibilidad en sus laboratorios a través de experimentos con ratones. Algo que, de conseguirse, de ser viable, podría cambiar no solo las tasas de natalidad de algunos países, sino también la vida de muchas mujeres. ¿Pero para bien o para mal? Es complejo.

Otra de las estrategias que está estudiando Wang en el Laboratorio Nacional de Células Madre y Biología Reproductiva de Pekín es la de retrasar la menopausia. En sus propias palabras, “si inhibimos la ovulación conseguimos preservar los óvulos disponibles, pero al mismo tiempo se inhibe la generación de estrógeno, que es una molécula muy importante para la salud”. O dicho de otra manera: estos métodos orientados a aumentar la fecundidad femenina y las tasas de natalidad tendrían un coste para el bienestar de las mujeres. Una vez más, y como viene ocurriendo con la anticoncepción o la propia crianza, el precio lo pagan ellas.

Wang es consciente de ello: “Una cosa es que algo sea posible desde el punto de vista técnico, como retrasar la regla o ampliar la vida reproductiva, y otra que la gente realmente quiera que se lleve a cabo”. Primero, por una cuestión ética. La viabilidad de todo un sistema no puede depender únicamente de la salud de las mujeres. Y, segundo, porque quizás sea este el momento perfecto para plantearnos si de verdad queremos perpetuar un modelo de sociedad que requiere de un crecimiento permanente y voraz. Tal vez sea el escenario idóneo para decrecer y, con ello, cuidar un poquito más del planeta y de sus recursos.

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