España podría tener la clave para la aviación sostenible: biomasa lignocelulósica con la que decir adiós al petróleo
La descarbonización de la actividad humana ha sido durante las últimas décadas una meta principalmente ecológica: se ha buscado con el objetivo de proteger los ecosistemas del calentamiento global. No obstante, y como explican los investigadores David Bolonio y Carolina Santamarta en una publicación para The Conversation, en los próximos años podría ser mucho más que una necesidad medioambiental y convertirse en la única vía disponible para seguir viviendo como vivimos. Y es que el suministro de petróleo, con los conflictos bélicos en Oriente Medio, es cada vez más incierto y los seres humanos vamos a necesitar otras fuentes de energía en las que confiar para, entre otras cosas, poder seguir poniendo miles y miles aviones en los cielos a lo largo del año.
Unos aviones que son claves tanto en la movilidad de las personas alrededor del mundo como en el transporte de mercancías. Algo que va a más: en palabras de estos expertos, “se estima que Europa podría alcanzar 15,4 millones de vuelos en 2050, un 52% más que en 2023”. Y Europa no tiene demasiado petróleo para tantos aviones. En este sentido, la única manera de obtener una adecuada suficiencia es produciendo otras alternativas. ¿La electricidad? No parece ser una muy sólida. Como dicen los autores del artículo, “a diferencia de lo que ocurre en el transporte rodado, el uso de electricidad para la propulsión de aviones es reducido”, en parte porque “los aviones eléctricos enfrentan un límite físico: la baja densidad energética de las barerías actuales”.
¿Pero y el hidrógeno? Puede que en el futuro sea una alternativa maravillosa, mucho menos contaminante que las actuales, pero “el hidrógeno líquido debe almacenarse a unos -253ºC, lo que obliga a rediseñar aeronaves, desarrollar depósitos específicos y adaptar la infraestructura aeroportuaria”, por lo que “no parece una solución de despliegue inmediato”. Si un bloqueo total del Estrecho de Ormuz o cualquier otra calamidad deja a Europa sin petróleo suficiente, no podemos confiar en el hidrógeno como salvación. ¿Entonces qué? Pues es ahí donde entra en escena el combustible sostenible de aviación, que en estos momentos suele producirse a partir de aceites y grasas residuales. El problema es que estos recursos son finitos. Y España tiene la solución.
Porque un recurso alternativo a partir del cual producir combustible sostenible de aviación es la biomasa lignocelulósica y nuestro país es una “potencia agrícola y forestal” con una cantidad enorme de él. “A través de la gasificación y síntesis Fischer-Tropsch, la biomasa puede transformarse en SAF con una producción potencial de 517,6 millones de litros anuales”. Así, España se podría convertir en una referencia continental para el sector de la aviación. Simplemente, añaden Bolonio y Santamarta, habría que solucionar la dificultad logística: “recogida, pretratamiento y agregación de la biomasa residual de forma estable, eficiente y económicamente viable”. Retos que podrían acelerar la descarbonización de la aviación y de la sociedad europea.