Confirmado: la humanidad ha entrado en bancarrota hídrica
El agua que la naturaleza provee siempre ha sido esencial para los seres humanos, pero el aumento de la población del mundo y el desarrollo de técnicas de extracción avanzadas ha intensificado de manera insostenible las cantidades que tomamos. Pozos más profundos. Bombas de extracción más potentes. Transferencias de agua de una cuenca a otra. El drenado de humedales. El desvío de ríos. Lo hemos estado haciendo durante tanto tiempo a un ritmo tan bestial que la humanidad, según un nuevo informe del Instituto de la Universidad de las Naciones Unidas para el Agua, ha entrado ya en bancarrota hídrica. Puede que no haya vuelta atrás.
Porque esa es la conclusión más terrible del estudio: como apunta el especialista Kaveh Madani en una publicación en The Conversation, “el mundo ha superado ya las crisis hídricas temporales y muchos sistemas hídricos naturales ya no pueden volver a sus condiciones históricas. Se encuentran en un estado de colapso: la quiebra hídrica”. Es decir, que da igual lo que hagamos, lo ingeniosos que nos pongamos, lo desesperado que estemos, porque no vamos a poder ser capaces de recuperarlos para obtener el agua dulce que necesitamos para vivir. Es un punto de no retorno. Y es que no hay nada más importante que esto. Sin agua no hay futuro.
Tampoco presente para miles de millones de personas. Según añade Madani, director del instituto responsable de esta investigación para Naciones Unidas, “alrededor de 4.000 millones de personas, casi la mitad de la población mundial, viven con una grave escasez de agua durante al menos un mes al año, sin acceso suficiente para satisfacer todas sus necesidades”. Es heavy. Además, hay otras consecuencias que afectan también a los otros 4.000 millones de habitantes del planeta: hundimiento del terreno, aumento de los incendios forestales, dificultades para la producción de alimento y pérdidas de puestos de trabajo dentro de la agricultura.
Y no es solo un problema de cantidad. Resulta que la calidad del agua también se está viendo corrompida poco a poco a causa de la contaminación humana, la salinización del suelo y la intrusión de agua salada en masas de agua dulce como consecuencia del cambio climático. En este sentido, advierte Madani, es imperativo proteger las fuentes de agua dulce de la naturaleza, reducir el uso de materiales contaminantes, invertir en ciencia para encontrar técnicas de agricultura que optimicen el empleo del agua y, por encima de todo, detener la hemorragia a través del decrecimiento. Un sistema que solo piensa en crecer no es compatible con la naturaleza.