Así fue Red Bull Symphonic: Lia Kali, una orquesta y una noche irrepetible
Anoche, el Auditorio Nacional de Música de Madrid dejó de ser únicamente un escenario para convertirse en un laberinto: uno en el que Lia Kali se perdió, se enfrentó a sus propios ecos y terminó encontrando a la música, el hilo rojo, como salida y culmen del espectáculo. Acompañada por una orquesta sinfónica, su banda y algunos de los artistas que han formado parte de su camino, dieron vida a Red Bull Symphonic “La música camina conmigo”, la primera edición del formato en España, con todas las entradas agotadas.
El premiado compositor Lucas Vidal, al frente de la orquesta, dio la entrada a un viaje construido durante meses junto a Pablo Donaire, director musical del proyecto. La artista apareció en lo alto de la escalera para abrir el espectáculo con Contra todo pronóstico. Desde allí comenzó a descender físicamente hacia el escenario mientras las bailarinas acompañaban cada paso, inaugurando una narrativa que recorrería toda la noche: la entrada en el laberinto, la llegada del éxito, la pérdida de referencias, el enfrentamiento con los propios miedos y, finalmente, la salida. Una historia contada a través de las canciones, una sinfónica, pero también de la escenografía, la luz y el baile.
UN VIAJE COMPARTIDO: DE FERNANDO COSTA Y ELANE A KASE.O Y ANTONY Z
A medida que la artista avanzaba por el laberinto, también lo hacía acompañada. Fernando Costafue el primero en compartir escenario con ella en Te conocí bailando. Juntos continuaron en Para aguantar, antes de que Elane irrumpiera en Falso, sin presentación previa, que terminó con Lia Kali envuelta por un telón mientras la música conducía al siguiente capítulo.
El segundo acto llevó Red Bull Symphonic hacia un territorio más oscuro. En Peor que la policía, Antony Z transformó los pensamientos de la artista en una conversación a dos voces, hasta devolver el protagonismo a la orquesta. Y entonces, desde lo alto de la escalera, apareció Kase.Oacompañado por un grupo de figuras encapuchadas para reinterpretar God Damn en versión Réquiem de Mozart. Una entrada inesperada que cambió por completo la energía del Auditorio y dio paso a un solo de violín con la orquesta como protagonista.
El tercer acto comenzó a buscar la luz. En Cachito de luz, Zatu se convirtió en compañero de Lia Kali en esa búsqueda, mientras Acción Sánchez se incorporó al escenario con su particular guitarra-plato para sumar una nueva textura al directo. Después llegó Volvernos a amar, uno de los momentos más íntimos de la noche: Toni Anzis y Salma acompañaron a la artista en una canción sobre la vulnerabilidad, la necesidad de refugio y la posibilidad de volver a conectar con uno mismo. El solo final de Toni Anzis dejó el escenario suspendido antes de que el viaje encarara definitivamente su último tramo.
EL ACTO FINAL: DEL LABERINTO A LA LUZ
La salida comenzó con Lucas Vidal tomando el sintetizador en un interludio que preparó la transformación definitiva. Cuando Lia Kali reapareció en lo alto de la escalera, vestida de rojo, ya no era la misma artista que había entrado en el laberinto. Me muero, Chulx y Renacer marcaron ese cambio de estado: la oscuridad daba paso a la transformación, la resiliencia y la lucha contra los propios miedos, guiada por el hilo rojo que siempre la ha acompañado, la música.
En Alzo el vuelo, acompañada de nuevo por las bailarinas, la artista comenzó a recorrer el camino de vuelta, y con Cantaré llegó el desenlace: desde su refugio en la escalera, descendió hasta el centro del escenario mientras la orquesta y la banda crecían a su alrededor. Uno a uno, los colaboradores que habían acompañado el viaje fueron regresando al escenario hasta rodearla en una última imagen colectiva. Todo el laberinto terminaba allí: en la música, en el escenario y en las personas que habían formado parte del camino.
Más que un concierto, Red Bull Symphonic “La música camina conmigo” fue la oportunidad de ver qué sucede cuando una artista revisa su repertorio bajo una visión completamente nueva. Es ahí donde reside una de las claves del formato: no se trataba simplemente de añadir una orquesta a las canciones de Lia Kali, sino de descubrir qué podían llegar a ser al cambiar de lenguaje. Una experiencia creada para una única noche que formará parte del camino de la artista para siempre.